Rolando Morales Anaya

La escuela, una vez más

jueves, 6 de agosto de 2020 · 00:09

Corresponde la clausura del año escolar porque en ausencia de alternativas para hacer frente a la pandemia, sólo queda evitar contactos cercanos con otras personas. En tiempo normal, por lo menos la mitad de los pasajeros del transporte público son estudiantes o sus familiares. La enseñanza por internet no es factible debido a que la mayor parte de las familias no tiene una (o varias) computadoras y acceso al internet y, lo más importante, muchos profesores nunca han utilizado una computadora (incluso profesores de la universidad). ¿La clausura acarrea problemas?, por supuesto que sí, la más grave es que ampliará la  brecha educativa entre establecimientos fiscales y particulares. Por otra parte, muchos profesores que hicieron sacrificios para enseñar por internet se sentirán fuertemente defraudados.

Habría que aprovechar estos meses para lanzar un debate nacional sobre cómo mejorar la educación y preparar un programa de capacitación docente. Para evitar que ambos esfuerzos sean víctimas de los caprichos políticos del actual y del futuro gobierno, habría que crear una institución autárquica con apoyo internacional en lo económico y en lo profesional para ocuparse de estas tareas.

Los debates sobre educación destacan por ser muy aburridos pues, en general, los participantes sólo atinan a decir que “hay que mejorar la calidad”, a despotricar contra los maestros y sus sindicatos y a sugerir una “educación para el trabajo”. Sin duda que estos temas son pertinentes pero se necesita encontrarles una solución.

La calidad educativa en todos los ciclos, incluyendo en la mayor parte de las carreras universitarias, es un desastre. Los responsables son los profesores y también la sociedad que no exige mejorar la calidad, incluso hace lo posible para deteriorarla más aún. Por ejemplo, los padres ruegan a los profesores y hacen presión para que no aplacen a sus hijos holgazanes. Esto se da incluso en la universidad donde alumnos incompetentes y sus padres logran la complicidad de las autoridades para hacer presión sobre los profesores exigentes. 

Otro ejemplo: un profesional tiene menos probabilidades de lograr un puesto de trabajo que alguien que no ha hecho estudios (estadísticamente comprobado). Pocos quieren escribir pues la venta de libros, revistas y periódicos es muy reducida como resultado de la falta de práctica de la lectura. Hay quienes “hablan” con insolencia y atrevimiento sobre temas que desconocen y son tratados como “intelectuales” por la sociedad. Mucha gente, incluyendo autoridades, comete errores de aritmética sin que llamen la atención. A todos les da lo mismo que se escriba “llave” o “llabe”.

 A muchos padres les interesan las escuelas para que cuiden a sus niños mientras ellos trabajan más que para que aprendan algo. En otras palabras, no existe una demanda social o comunitaria para mejorar la calidad de la educación, por ello, una de las tareas importantes de la política educativa es promoverla.

¿“Educación para el trabajo”? Los que sostienen esta propuesta olvidan que la escuela debe servir esencialmente para ayudar al desarrollo del pensamiento abstracto de niños y jóvenes, es decir, al desarrollo de su capacidad de pensar sin necesitar un medio material para ello. Esto se logra dando prioridad a dos asignaturas: lectura y matemáticas. Cuando se lee una información o una novela, la inteligencia trabaja para reproducir una situación en la mente. Las matemáticas desarrollan la capacidad de pensar en cualquier tema o asignatura. La enseñanza de ambas disciplinas debe ser la prioridad en el ciclo básico. Después, puede pensarse en “educación para el trabajo”, pero, ¿para qué trabajo?, por de pronto, no hay demanda de técnicos, ¿la habrá en el futuro? Según el pronóstico que se haga, podría ser conveniente retomar la educación humanística del pasado, poniendo énfasis en materias como filosofía, historia, geografía que fueron prácticamente suprimidas de los programas escolares y se debe seguir insistiendo en matemáticas y lectura.

Al igual que en otros campos, alguna gente tiene una peligrosa tendencia a adueñarse de bienes comunes como las escuelas y las carreras universitarias, entre ellas, las juntas vecinales y las juntas escolares con la complicidad de estudiantes y padres de familia zalameros que apañan a autoridades educativas incapaces, a los docentes y a sus sindicatos. Esta actitud permite que la mediocridad docente se instale y no pueda ser removida. Es otro tema que debe encarar una política educativa bien elaborada.

Se puede aprovechar estos cinco meses de descanso docente para elaborar una nueva y buena política educativa y capacitar a los maestros, en especial, en el uso de computadoras. La ensambladora Quipus debe ser nuevamente puesta en marcha para poner a disposición de maestros y docentes por lo menos medio millón de computadoras y, obviamente, hay que enseñar a utilizarlas.

 

Rolando Morales Anaya es economista.

 

 

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