Fernando Patiño Sarcinelli

La Igualdad, la torta, la desigualdad y las migas

sábado, 12 de septiembre de 2020 · 00:08

En la práctica la teoría es otra. Por eso como ciudadano bien informado, tomo la palabra para opinar en un debate teórico entre un doctor en Economía y uno en Matemática. Admito que tengo conocimiento muy elemental en ambas materias, pero creo poder contribuir, también a los lectores comunes de esta página, cómo siento la igualdad y las desigualdades económicas, sociales y, principalmente, las de educación. En las últimas está la raíz del mal.

Antonio Saravia piensa que la desigualdad no tiene nada de malo, al contrario, es un estímulo al crecimiento de la economía mientras que la igualdad lo desestimula. El problema no es cómo repartir la torta, sino provocar el crecimiento para que quienes producen más reciban la mayor tajada. En teoría el doctorado debe enseñar el mejor fermento para la masa.

Lo que dice me hace pensar que los que trabajan más y viven mejor es porque han tenido mejores oportunidades de estudio y es ahí donde nace la desigualdad que se amplía a lo largo de la vida. En otras palabras, en la visión del economista están los números y el tamaño de la torta sin los beneficios sociales ni la calidad de vida. El doctorado sirve para hacer crecer la torta, no importa cómo se reparte.

MI hermano (no lo niego), Jorge Patiño, responde a Saravia con cierta ironía, pero con un enfoque de justicia social, reconociendo que las desigualdades existen y en busca de “políticas públicas que busquen el equilibrio adecuado entre desigualdad e incentivos que le conviene a Bolivia”.

Parece ser una propuesta teórica de Jorge, pero hace falta ver un ejemplo real. Suecia es un país con cerca de 10 millones de habitantes, sin analfabetismo y una renta per cápita de casi 60 mil dólares anuales. Las oportunidades de estudio son prácticamente idénticas en la infancia y cada quien escoge cuánto y qué quiere estudiar. Los que quieren ser jardineros posiblemente eligen plantas; los mecánicos y carpinteros, herramientas; los abogados, arquitectos o médicos, libros. Una sencilla definición de socialismo donde un diputado disfruta de una vivienda similar a la de un carpintero y ambos pueden salir a pescar en el verano hasta ver el sol a media noche. Estocolmo es una ciudad de islas rodeada de pequeños veleros tan comunes como las motocicletas. Lo que hace gran diferencia en ese sistema son las mismas oportunidades de educación, justicia social y nada de corrupción. Al final del día, todos pueden comer de una de torta que crece proporcionalmente para todos. Hoy, Suecia tiene la mejor carpintería y tecnología del mundo.

Cuanto más grande la torta, hay más migas para repartir a los que tienen menos oportunidades de educación y Saravia no ve ningún problema en eso. Además, nos ofrece una receta práctica: “¿Cuál es la única forma de hacerse millonario? Vendiendo algo que la gente quiera comprar  y eso sólo pasa cuando la gente está mejor con ese producto que sin él”. No importa si puedes vivir sin eso, como se vivía en el siglo pasado sin celulares, Google o Amazon, donde Saravia encuentra sus productos favoritos, ¿o no? Sin duda nos hace económicamente más competitivos, pero ¿acaso somos más felices?

Si hablamos de desigualdad, ahí están Brasil y México para ver las diferencias con Suecia. Una torta gigante para repartir, menos educación, menos salud, más desigualdad, más violencia y más corrupción. Grandes tajadas para políticos y empresarios, gran cantidad de migajas para los que salen a trabajar de madrugada.  ¿Es eso lo que queremos?  No pasa lo mismo en la China del siglo XXI. No soy quién para descifrar o entender ese fenómeno, pero parece que al final de la fiesta a todos les toca un pedacito de torta, a algunos con cereza encima. Me quedo pensando en el tamaño de esa torta para mil quinientos millones de chinos mejor educados y obsesionados por el trabajo.

El problema de muchos economistas es que creen que el gasto en salud y educación no es inversión. Para complicar, no faltan los intermediarios o políticos de ocasión que no pierden la oportunidad de morder la torta antes de la fiesta, ni quien los castigue.

Hace 30 años, vi escrito en un parachoque en Baltimore “si crees que la educación te sale cara, probá con la ignorancia”. Mientras tengamos políticos y economistas que no entiendan esa frase, vamos a seguir embarrados en mala educación, corrupción y desigualdad. Mientras, los que pueden disfrutan de una torta que no merecen. El problema con algunas propuestas de igualdad es cuando los cerdos se creen más iguales que otros (La granja de los animales, George Orwell, 1945).

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.

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