Jorge Patiño Sarcinelli

No basta derrotar al MAS sino evitar que vuelva peor

viernes, 18 de septiembre de 2020 · 00:10

Oímos otra vez el estribillo de la unidad, pero no la de todos los bolivianos para salir de esta triple crisis sino una unidad pragmática para derrotar al MAS. Sumarse a esa comparsa, dicen los estribillistas, es votar por Mesa, el candidato con mayor probabilidad de salir segundo en la primera vuelta y primero en la segunda. 

Áñez y Camacho han hecho lo suyo para configurar este panorama bipolar. Ella intentó la acrobacia inédita de ser candidata y manejar transición y pandemia, y se le escapó el trapecio. Saltos triples no son para novatos. Él se apagó sin despegar, como cohete con pólvora húmeda. Mucho pecho, poco coco.

Según las encuestas, vamos como bueyes en el brete del matadero hacia un Mesa presidente. Pero si este futuro inmediato es inevitable, hay más en juego.  

Aunque los demócratas de careta se empeñen en decir que todo masista es narco, que su jefe es pederasta y que se debe proscribir el partido, el MAS representa las aspiraciones de gran parte de la población y, por tanto, su inclusión en el juego democrático es esencial para la gobernabilidad, al menos hasta que surja otra opción equivalente. 

El objetivo no es derrotar a Arce en las próximas elecciones o que el MAS desaparezca, sino evitar que Evo y la camarilla corrupta de su partido vuelvan a ser Gobierno. Esta distinción es importante e ignorarla, como temo que sucederá, nos llevará al resultado opuesto.

No sé cómo se imaginan la democracia los que creen que los masistas son bestias o narcos. Supongo que quisieran que desaparezcan, se callen o se conviertan. Pero esto no va a pasar y las expectativas legítimas de esos ciudadanos deben ser reconocidas en la agenda de un Gobierno que se quiera sostenible. Para esto es necesario que todos se sientan representados, respetados y escuchados. Solo los dictadores y los idiotas responden con la sordera.

El próximo gobierno deberá enfrentar una crisis económica y la cola de una crisis sanitaria en un ambiente polarizado con movimientos sociales envalentonados y grupos empresariales poderosos que no juegan limpio. Se parecen, todos pelean por sus intereses, los legítimos y los no; distinción que se determina en la calle y entre bastidores, no por un juez imparcial.

Los desafíos económico y sanitario son complejos, pero admiten respuestas técnicas. Para enfrentar los desafíos políticos de cuya solución depende la continuidad del nuevo Gobierno y de la democracia se requiere un líder con raras virtudes: credibilidad, coraje, astucia negociadora, tino político, etc. Nuestro probable próximo Presidente tiene varias virtudes, pero flaquea en las políticas. Lo ha demostrado. 

Su credibilidad en amplios sectores de la población es dudosa. Su ego sobredimensionado y su rigidez le han impedido hacer las alianzas que hubiesen evitado a sus bases estar ahora mendigando votos. Su desatino político lo hace apostar a un tímido progresismo de centro cuyas prioridades solo encantan pititas. 

Como se pinta la cosa, más votarán contra el MAS que por su fe en Mesa. Una base política tan endeble no augura estabilidad.

A pesar de todo esto, los mesistas deben dejar de desesperarse con el resultado de la elección. Tendrán a Carlos presidente. Alisten el festejo, y maletas, porque si no cambia, repetirá el pasado. Es lindo llegar al altar, pero lo importante viene después. 

Los demás deberemos votar no por un Presidente débil sino por una Asamblea fuerte. Su composición debe reflejar el espectro ideológico de la ciudadanía, no facilitar la gestión del Ejecutivo. La gobernabilidad debe basarse en la inclusión, credibilidad y legitimidad, no solo en la aritmética. 

Necesitamos bancadas con verdaderos líderes de oposición, debates y consensos, no rodillos serviles (de eso ya hubo demasiado). Queremos una división real de poderes. Los malos jinetes prefieren caballos mansos, pero para tedio tendremos al Presidente.

No rifes tu voto por una unidad pasajera. Vota por quien quieres que te represente cinco años. Hagamos que el presente no tenga olor a pasado sino ilusión de futuro.

 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

 

 

 


   

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