Rolando Morales Anaya

Votar en contra o a favor

viernes, 18 de septiembre de 2020 · 00:09

Votar “en contra” y no “a favor” de alguna candidatura (“voto útil”) es una opción triste, pues implica que los candidatos no merecen nuestra confianza y que hay uno en particular que no lo quisiéramos ver en el gobierno. Esa opción puede ser el resultado de un análisis racional e informado sobre la calidad de los candidatos, pero también puede provenir de actitudes irracionales de miedo, de odio y de racismo.

Previamente a elegir un candidato por quién votar, corresponde decidir qué se espera del futuro presidente del país. Por mi parte, creo que no es el momento propicio para pedir que el nuevo presidente promueva los cambios económicos y sociales que requerimos para encaminarnos en una senda de desarrollo, solo le deberíamos pedir que haga frente a la crisis económica y al desempleo que se viene y adopte las políticas adecuadas de salud para frenar la pandemia y aliviar sus efectos. Estas tareas duraran por lo menos tres años, después de ese periodo, habrá que retomar las discusiones y los planes para promover el desarrollo.

Estando identificadas las dos tareas importantes para el próximo gobierno, me parece que hay varios candidatos que pueden realizarlas satisfactoriamente sobre todo si se acompañan de buenos equipos económicos y de especialistas en salud pública, en particular, pienso que los dos candidatos que tienen mejor probabilidad de llegar en los primeros lugares en las próximas elecciones, Mesa y Arce, pueden ejecutarlas satisfactoriamente. Carlos Mesa no es nuevo en política y en su larga trayectoria de periodista e historiador ha podido observar y aprender cómo se mueve el poder, escuchar lo que preocupa a la gente y tomar decisiones en consecuencia. Luis Arce, por su parte, al haber sido 14 años ministro de economía tiene una amplia experiencia en el manejo de la cosa pública. Su gestión prudente y cuidadosa pudo evitar que caigamos en problemas similares a los de Venezuela, Argentina y Brasil. 

En el campo de la salud, el principal desafío para el próximo gobierno es el de poner orden en el sector redefiniendo las jerarquías, la coordinación regional, los niveles de atención y sus responsables. Inmediatamente después, se requiere lanzar un vasto programa de capacitación del personal médico especialmente con relación a la pandemia que nos ataca, dotar a los establecimientos de salud de los equipos que requieren, promover la educación ciudadana y asegurar la provisión de medicamentos. Con diferentes grados y momentos de intensidad, la pandemia durará por lo menos un año más.

Se tiene varios problemas a resolver en economía relativos a los balances entre ingresos y gastos del sector público, de las empresas y de las familias. Esos son problemas graves y delicados que hay que solucionar, sin afectar el empleo, posponiendo algunos temas importantes como el de la transformación productiva o el de la productividad de los factores de producción. En el corto plazo, sólo se puede mejorar el presupuesto del sector público reduciendo el gasto lo que significa controlar el incremento de la masa salarial y suprimir algunas de las inversiones poco razonables que se previeron en el pasado. 

El control de la expansión de la masa salarial podría hacerse bajo la modalidad de pagos parciales de los sueldos altos con bonos negociables y redimibles en un periodo no mayor a los cinco años. Por otra parte, las empresas requieren acceder a créditos que les permitan modular en el tiempo sus pérdidas y ganancias pero además asegurarse el mercado, por lo menos el doméstico. 

Con este último propósito el nuevo gobierno deberá tramitar ante la OMC los permisos necesarios para poner restricciones temporales a las importaciones de productos manufactureros prescindibles. Por último, las familias deberían poder mantener el empleo de algunos de sus miembros y refinanciar sus deudas por las compras de bienes de consumo duradero que hicieron en el pasado. 

No deberían pedir créditos para realizar gastos nuevos en este rubro. Felizmente no existen grandes restricciones para otorgar créditos pero la política en este campo, para que sea exitosa, requiere la cooperación del sistema financiero que se puede lograr con negociaciones que terminen en consensos.

Además de priorizar las políticas económicas y de salud, en un segundo orden de importancia está la necesidad de reestructurar la política exterior de Bolivia intentando reponer los lazos de amistad con todos los países del mundo, tener relaciones de entendimiento con los organismos internacionales y desarrollar una adecuada política comercial.

 

Rolando Morales Anaya es economista.
 

 

 

 


   

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