Antonio Soruco Villanueva

Viva Santa Cruz

domingo, 20 de septiembre de 2020 · 00:07

Viva el positivismo, el trabajo fecundo y creativo. Vivan las mujeres hermosas y los hombres claros y taxativos. Vivan los agricultores cruceños que en vez de bloquear producen y los ganaderos que compiten, mano a mano, con sus pares brasileros y paraguayos. Vivan los pueblos donde hay más empresarios que políticos, donde se respira oxígeno, y no gases. Viva el progreso, la alegría y el donaire.

Abajo los que hablan y discuten 24 horas de política. Los patriotas de escritorio, los eternos analistas, invariablemente ácidos y pesimistas, los que  siempre ven el horizonte negro, los nostradamus modernos. Abajo los bloqueadores, los resentidos, los que creen en la solución por el desastre, los que no arriesgan nunca, los que jamás sembraron, construyeron, edificaron o produjeron, pero que se creen con el derecho de normar y dirigir a los que riegan la tierra con su esfuerzo y sudor.

Endeudados pero audaces, los cruceños continúan arriesgando y apostando por el país. En medio de un entorno convulsionado, “pringado” de gases, “miguelitos”, bloqueos y dinamitazos, recogen sus cosechas y vuelven a sembrar, convencidos de que la mejor manera de “hacer patria” es producir, exportar y creer en el país. A Dios gracias, las rabietas de los bloqueadores y sus apocalípticos pronósticos los tienen sin cuidado puesto que, su energía y positivismo, supera el negativismo tan propio de la idiosincrasia andina.

Santa Cruz, tierra de oportunidades, concentra el 26 % de la población boliviana y aporta el 30% del Producto Interno Bruto. Es el primer departamento recaudador contribuyendo con el 22% del total recaudado,  aporta el 25% de las exportaciones totales y el 63% de las exportaciones no tradicionales y concentra el 65% de la superficie cultivable. Si bien tiene problemas, como el resto del país, y el mundo,  se respira un aire renovador libre de ataduras, complejos y problemas raciales. Allí todo el mundo habla de negocios, de los rendimientos por hectárea, del mejoramiento de la ganadería y de las nuevas urbanizaciones. La política y sus suciedades los tiene sin cuidado, puesto que sólo les importa el clima o los mercados internacionales. No desean “arreglar el país” desde un escritorio, ni elucubrar teorías  económicas que nadie entiende ni ejecuta. Analizan y proyectan menos, pero ejecutan más.

El oxígeno que respiran les permite ser más positivos, alegres y campechanos. Su conversación es fácil y directa; al contrario de lo que pasa en los ambientes políticos, donde todo es artificiosamente complicado y sinuoso. Su conocimiento se origina en hacer, en ejecutar más que en la teoría y especulación  Por ello los teóricos de escritorio, los políticos puros, los que nunca sembraron o criaron, les parecen huecos y presuntuosos. Los tiene sin cuidado, si uno es negro, mojeño, chapaco, colla o cochala, mientras trabaje y deje trabajar y especialmente no hable de lo que nunca practicó.

Ya es tiempo que Santa Cruz tome el mando de los destinos del país y muestre la otra Bolivia, la productiva, donde la inversión privada se ha concentrado, el crédito inmobiliario y es el foco de atracción de los nuevos emprendedores.

Vivan los pocos felices, los que todavía piensan que Bolivia es ancha, diversa y hermosa. Vivan los hombres audaces y taxativos, sin recovecos y prejuicios  que aman sin disimular y sólo sueñan, que una nueva pandemia dirigida específicamente a la clase política, los obligue a trabajar o desaparecer.

Antonio Soruco Villanueva es ciudadano boliviano.

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