Miriam Patricia Calle Saravia

Una vida en caos

lunes, 21 de septiembre de 2020 · 00:10

Bolivia retornó a la crisis política y social que tanto la había caracterizado durante el inicio del siglo XXI. Después de una aparente estabilidad política y democrática, las múltiples fracturas institucionales y estructurales provocaron un declive cáustico de la democracia y estabilidad de nuestro país. La población boliviana se encuentra nuevamente polarizada y es  cada vez más evidente la intolerancia y odio entre bolivianos y bolivianas.  

 Los problemas políticos, sociales y económicos en nuestro país usualmente se sustentan en las diferencias sociales, económicas, culturales, pero, sobre todo, regionales; sin embargo, la ideología política, hoy por hoy, también representa otra diferencia que sustenta la polarización de la sociedad boliviana. Fruto de la paradoja electoral que vivimos el año pasado y la actual contienda electoral para elegir al próximo presidente de Bolivia, los ánimos de manifestantes que buscan en las calles respuestas a sus peticiones, justificadas o no,  se van caldeando, y cada día se ve un pueblo más fragmentado.

Esta polarización nos ha llevado a tener miles de víctimas que constantemente deben vivir bloqueos en carreteras, falta de atención médica y  vivir con miedo porque no se respetan los bienes privados; hay un declive económico, intolerancia entre quienes piensan diferente y, lo más grave aún, llamados a una guerra civil.  Y aunque existen miles de justificantes ideológicos que alimentan el caos y enojo colectivo, debemos preguntarnos: ¿qué esperamos de nuestro país? ¿De verdad creemos que el próximo presidente arreglará todos los problemas económicos, sociales y políticos? ¿Qué estamos haciendo para mejorar nuestro presente y construir un mejor futuro? 

Porque lo cierto es  que estamos destruyendo nuestra sociedad. Estamos aniquilando esa comunidad en la que nuestros próceres creyeron (Katari, Bolívar, Sucre, etcétera). Y, mucho más grave aún, estamos destruyendo el país de nuestros hijos, nuestros nietos y de futuras generaciones, quienes se encargarán de recriminárnoslo en un futuro. 

He aquí la razón más clara  por la que deberíamos dejar de lado esta lucha de razón, egoísmo  e intolerancia, tan latente en estos días, para buscar una conciliación entre bolivianos y bolivianas. 

            Los líderes pasan, las ideologías cambian, pero  quienes seguimos viviendo en el caos y hemos normalizado esta vida de conflicto somos esa célula básica de la sociedad, el pueblo. Pensar que este fenómeno patológico de caos social será solucionado por el próximo presidente es absurdo y no viable.  Las luchas sociales y las protestas son y fueron la clave para cambiar padecimientos trágicos de las sociedades, por lo que son necesarias, pero cuando estas van ligadas al beneficio político son tan nefastas como importantes. 

No hay sociedades perfectas, pero podemos construir sociedades menos imperfectas, juntos. Desde nuestras casas, barrios, localidades, podemos transformar nuestras realidades y trabajar de manera colaborativa entre todos y todas  para, así, sentar las bases de un país y una sociedad funcional. 

Aprendiendo de nuestras diferencias, respetando nuestra pluriculturalidad y conociendo nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos, construiremos una visión diferente, sin esperar que los políticos o quienes estén al mando del país nos resuelvan la vida.

 
Miriam Patricia Calle Saravia es ciudadana boliviana.

 

 


   

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