Mauricio Dulon

Mensaje de la empresa privada: ¡qué difícil es quererte Bolivia!

martes, 22 de septiembre de 2020 · 00:09

El día que escribí este artículo se cumplieron seis meses desde que comenzamos a lidiar con la pandemia. Durante todo este tiempo las dos noticias predominantes en los medios han sido el coronavirus y las elecciones.  Sin embargo, muy poco se ha dicho, y menos se ha hecho, por uno de los sectores más afectados y que más ha sufrido durante estos largos seis meses, la empresa privada. 

La empresa privada es el motor de nuestra economía, es el motor de nuestro país; sin embargo, nuestros gobernantes, dirigentes, partidos políticos de turno y sectores sociales no han hecho más que disparar balas a matar a ese sector agonizante, sin saber que están matando la esperanza y las ganas de trabajar por Bolivia, sin saber que están matando al emprendedor.

La primera bala llega en abril, la demagogia. El gobierno anuncia que se otorgará préstamos a la empresa privada para pagar salarios. La ilusión crece pero en menos de una semana se desinfla. Resulta que uno de los requisitos para acceder al crédito es tener al día los aportes a la AFP; las empresas habían estado paradas ya por casi dos meses y se les pedía estar al día con las AFP.  Para colmo de males, la lista de requisitos para acceder a los préstamos era tan larga y poco alcanzable, que la mayoría de las empresas desistieron en el acto.

La segunda bala llega en mayo, la negligencia. El gobierno tiene la grandiosa idea de obligar a las empresas a partir del 1 de junio, mientras continuaba la cuarentena rígida, a presentar y pagar planillas y aportes o atenerse a las multas.  En vez de ayudar a la empresa privada, la consigna es presionar hasta matarla.

La tercera bala llega en junio, la insensatez.  Los iluminados de la ASUSS califican al coronavirus como un “accidente laboral” y fijan una indemnización de 24 salarios, en caso de muerte o incapacidad. 

La cuarta bala llega en agosto, la angurria de poder. Las organizaciones sociales, por consigna política, deciden bloquear en todo el país. El gobierno, por cálculo político, decide no intervenir los bloqueos. La empresa privada sufre las terribles consecuencias de los conflictos.

La quinta bala llega en septiembre, la estupidez. Funcionarios de la AJ, haciendo gala de su poco tacto e inteligencia, deciden que es el momento ideal para gravar un impuesto a las promociones. Las empresas están a punto de volver tímidamente a operar y, por supuesto, las promociones deberían ser parte de las tácticas para atraer a los clientes luego de seis meses de inactividad, pero para la AJ no existe mejor idea que gravar un impuesto a las promociones.

Finalmente, y para no sólo rematar al herido, sino para hacerle sentir impotencia, el sector privado ve cómo el sector del transporte libre, con sólo un amague de movilización, logra se condonen un buen porcentaje de sus impuestos.  En contraparte, el empresario privado en Bolivia sufre de un constante terrorismo fiscal que no busca más que ahogarlo.

No debe haber un sector más olvidado y golpeado en Bolivia que el sector privado. Los gobernantes de turno no hacen más que intentar dañar al sector privado. Si las medidas fueran diseñadas teniendo a alguien en la sala que alguna vez haya pagado salarios o creado una empresa, estoy seguro que los resultados serían diferentes, pero lastimosamente no es así.  En breve Bolivia, al igual que la Argentina, comenzará a vivir un éxodo de empresas. Lo más triste es que todo el ímpetu y las ganas del emprendedor boliviano van mermando hasta llegar a decir: ¡qué difícil es quererte Bolivia!

 Mauricio Dulon es ciudadano boliviano.

 

 


   

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