Óscar Molina Tejerina

Una analogía entre la Guerra Fría y la política boliviana

miércoles, 23 de septiembre de 2020 · 00:09

La historia es en ocasiones una ciencia no tan valorada como otras ciencias sociales.  Es, sin embargo, posiblemente una de las más apasionantes, pues una sociedad sin historia es básicamente una sociedad sin identidad. La RAE define la historia como la narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, y de los muchos libros sobre esta ciencia podría concluirse que la importancia de la historia radica en la necesidad de entender a las personas y la sociedad y entender el mundo en que estamos. 

Cuando en 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial, el mundo pasó por una de las peores etapas de nuestra historia. La guerra terminó cuando los “aliados finales”, Gran Bretaña, Francia, la Unión Soviética, los Estados Unidos y gran parte del mundo derrotaron principalmente a la Alemania nazi, a la Italia fascista y al Japón imperial. 

Los aliados tenían un objetivo en común: derrotar e impedir que la ideología nazi domine Europa y posteriormente el mundo. En ese momento olvidaron todas sus diferencias por un objetivo común. Sin embargo, al terminar la guerra, principalmente dos actores, los Estados Unidos con su modelo capitalista liberal, y la Unión Soviética, con su modelo de economía planificada, se dieron cuenta que su forma de pensar era completamente diferente e inclusive incompatible, lo que dio origen a la Guerra Fría. Una guerra, política, económica, científica, etcétera, que tuvo como característica fundamental el gran desarrollo de la mayor campaña armamentista de la historia.

 Esta estrategia tenía un claro objetivo: evitar un ataque del contrincante. En teoría de juegos, el generar una amenaza creíble es una manera mantener un equilibrio mutuo de no agresión. Si alguno de los países mandaba el mensaje de ser más débil que el otro, daba un fuerte incentivo para que el otro lo ataque. La tensión duró muchos años e inclusive científicos estadounidenses desarrollaron el concepto del reloj del día del juicio final, el cual se movía en función de acontecimientos claves, por ejemplo, la crisis de los misiles en Cuba, Vietnam y muchos otros.

En este mi intento de analogía, mi punto de vista es que los acontecimientos del 2019 en Bolivia se asemejan en mucho: se creó una suerte de aliados que tenían un objetivo común, pero una vez cumplido el objetivo iniciaron una guerra fría entre ellos, atacándose desde muchos frentes: el político, el económico, el cultural y el regional. 

Empezaron a primar los objetivos individuales sobre los sociales, se abandonó rápidamente el equilibrio cooperativo para individualmente tratar de conseguir algo mejor. Ese algo mejor puede interpretarse únicamente como un desarrollo de poder de negociación para que, dado el caso, en un nuevo gobierno reafirmen su exalianza en posiciones gubernamentales, olvidándose por arte de magia de toda la guerra fría de los últimos meses.

¿Es la mejor estrategia? No dejo de pensar cuáles pueden ser las motivaciones de muchos partidos políticos para olvidar tan rápido lo que los unió en el pasado. ¿Son tan diferentes sus ideologías?, ¿son tan incompatibles como el capitalismo de Estados Unidos y el comunismo de la Unión Soviética durante la guerra fría? No puedo dejar de pensar cómo estos partidos políticos pueden arriesgar lo que según ellos fue su mayor victoria, irracional desde el punto de vista estratégico.

El 99% de los bolivianos lo único que pedimos es paz social, paz para trabajar, paz para emprender, libertad para opinar, igualdad de oportunidades y estabilidad política y económica. Debemos entender que la paz para Bolivia no está en una alianza ocasional entres algunos y por el momento o la conveniencia, sino debe ser una “alianza – pacto social” entre “todos” (azules, amarillos, naranjas, rojos, verdes y el color que quieran) si verdaderamente queremos que Bolivia salga de esta delicada situación que ha ocasionado la pandemia en cuanto a crisis económica y social.

No queremos tener que mirar y ver avanzar un “reloj del conflicto”. Ojalá que seamos capaces de sobreponer el bien del país a intereses personales. Mi mayor deseo es sentirme orgulloso algún día de nuestros gobernantes, ojalá no nos decepcionen.

 
Óscar Molina Tejerina
es  Ph.D , vicerrector nacional de la UPB y presidente de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas y de la Sociedad de Economistas de Bolivia.

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