Jorge Patiño Sarcinelli

Añez, ¿patriota, valiente o atinada?

viernes, 25 de septiembre de 2020 · 00:09

El hecho político más importante de la semana pasada fue la renuncia de Jeanine Añez a su candidatura. Su decisión tiene un impacto significativo en las elecciones y naturalmente ha provocado reacciones de todo tipo, de las elogiosas a las torpes.

Es lógico anticipar que quienes iban a votar por ella lo hagan ahora por Mesa o Camacho; o por Tuto, aunque en menor proporción. El clima es de búsqueda desesperada del voto útil y temo que Tuto casi no va a comer de esas sobras.

La visceral reacción de Camacho lo pinta y no merece más comentario, pero los mesistas, suponiendo que los votos de Añez irán más a su candidato, se han deshecho en elogios por la decisión “valiente”, “desprendida” y “patriótica” de la presidenta. Incluso el propio Mesa, que antes la acusaba de esto y aquello, de golpe vio en ella un modelo de patriotismo. El intelectual dice lo que piensa, el periodista lo que le cuentan y el político lo que conviene. 

La renuncia es lógica como es natural la algarabía de los mesistas y su gratitud por la decisión. Quisieron expresarlo elogiando a Añez, incluso por virtudes políticas que antes negaban. No hay mal en decir gentilezas, son quedo buenos que endulzan cristianamente la caída ajena y es gratis decirlas al rival que ya sale de la cancha. 

Es cuestionable que saltar de un barco que se hunde sea muestra coraje, pero de todos los elogios, el más sorprendente es el de “patriota”, viniendo de quienes cuestionaron que pusiese sus objetivos políticos personales por encima de las urgencias de la patria. La crítica era legítima pero deslegitima el elogio. 

Lo único que no se ha visto elogiar a Áñez es lo único que merecía ser elogiado: su buen tino.

Con esto, su carrera política no termina, pero tiene un nuevo quiebre, el tercero en menos de un año. ¡Hay que tener corazón! De ser una senadora casi desconocida fuera del Beni, saltó a la Presidencia gracias a eventos que la pusieron primera en la línea de sucesión. De ahí pasó a la candidatura y ahora vuelve al status terminal de presidenta no candidata. 

Cada una de estas transiciones ha repercutido más de lo usual. Su ascenso a la Presidencia fue mundialmente tergiversada por medios mal informados o mal intencionados en golpe de Estado, sin que hubiese argumento válido.

Su paso a la candidatura, a su vez, provocó airadas reacciones de quienes vieron en esa decisión un paso atrás en su promesa de no hacerlo; un daño al país por desviar esfuerzos de las demandas de administrar la transición (después vino la pandemia); y una amenaza a otras perspectivas electorales. Aunque la dualidad presidencia-candidatura no es inusual ni ilegal, el pecado original de la promesa rota manchó su gestión y su campaña.

Cuando ella se lanzó su candidatura, las objeciones eran evidentes, pero muchos creyeron que, ante la falta de buenas opciones, una nueva justificaba ignorar esos peros. En retrospectiva, esta aceptación tenía más de esperanza que de razón. ¿Por qué sería una novata senadora beniana novata una mejor opción que un ya motoso periodista paceño? Habiendo malos conocidos, muchos se ilusionaron con lo bueno por conocer. Admito que caí en esa ilusión so razón de su acompañante de fórmula.

Con esto llegamos al momento de la renuncia, decisión que no sorprende. La única justificación para desandar su promesa era ganar, y esta posibilidad según las encuestas se alejaba más y más. Siendo así, el buen tino aconsejaba abandonar.

A Áñez le quedan unos meses de gestión y ya poco por hacer. Agradezcamos lo que ha hecho bien -no todos han contribuido para que le sea fácil- y aceptemos lo que hizo mal donde no hubo delito. Nadie está libre de errar y menos cuando se enfrenta por primera vez a desafíos tan complejos como los que le tocaron. Espero que no asistamos después al triste espectáculo de la revancha legal que ha martirizado la vida de tantos ex gobernantes, patriotas o no. 

En lo personal, le deseo suerte y espero que la veamos muchos años todavía luchando por los sufridos destinos de nuestra patria.

 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.
 

 

 

 


   

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