Ramiro Montecinos Zabala

Llegó el corso del carnaval electoral

lunes, 28 de septiembre de 2020 · 00:09

La política, aquí como en otros países, está plagada de engaños, despistes y  engatusamientos. Fieles seguidores de Maquiavelo van creando espectáculos para distraer la atención de la población y evitar que razonen. Abandonados a esta suerte, los bolivianos vivimos presos de ellos que aprovechan de nuestra candidez, para consolidar su influencia. 

En ese vaivén, la crisis ha llegado. La presunción de que estábamos bien  era un engaño, una ilusión para calmar el hambre del pueblo.

Al calor de esas malas intenciones, los políticos han aprovechado para insertar en nuestra legislatura leyes que no favorecen en nada a nuestro desarrollo económico, tecnológico, social, etcétera, sino a sus propósitos malsanos de eternizarse en el poder. Se apoyan en los débiles para descontrolarse en sus ansias egocéntricas. Saben que perjudican al manejo eficaz del Estado, pero cuando la ignorancia y el desorden cunden mejor para ellos, pescando en río revuelto. 

Por el momento, vamos a concentrar nuestro análisis en dos disposiciones, hechas al antojo de la oportunidad: paridad de género y alternancia y presencia pluricultural en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Ambas insertas en el Art. 147 de la nueva CPE y  promulgados y modificados en las últimas décadas. 

Más allá de la problemática de género y la presencia indígena está la capacidad. En el afán de cumplir con estas disposiciones, que son obligatorias, los partidos políticos cubren vacancias con gente sin formación suficiente. Cualquiera sea la candidata o candidato ¡no importa! Como consecuencia, los poderes del Estado y los organismos que lo componen quedan conformados por gente sin merecimientos. Conste que aquí no se reprocha la presencia de uno u otro sexo, sino el aporte incipiente de cualquiera de ellos al fortalecimiento de nuestra legislación.

La situación no es diferente en el Poder Ejecutivo que, con la autosuficiencia de por medio, asumen como ministros -alta responsabilidad de Estado- personas no adecuadas, de acuerdo a sus capacidades. Producto de este desacierto hoy tenemos gente purgando en la cárcel por no haber sabido dirigir, ¡incapaces de controlar el sistema! Las consecuencias son evidentes: apertura a la corrupción, inversiones sin criterio técnico, despilfarro de recursos, etcétera. Si buscamos responsables, primero están quienes delegaron estas funciones a sabiendas de las limitaciones de los designados y, segundo, quienes asumen responsabilidades fuera de su alcance, desconociendo la importancia del control interno.

Estas improvisaciones políticas han llevado años atrás a querer imponer a La Paz, ciudad sede de gobierno, una gobernadora cuya formación era insuficiente para este cargo.  

De este modo, le generan al Estado una carga presupuestaria excesiva. No olvidemos que el pago de sueldos y salarios es uno de los costos más importantes en cualquier organización, más aún cuando los montos son fabulosos y no condicen con el rendimiento. Contablemente, un gasto para el Estado. Simples levanta manos que activados en sus necesidades responden a las angurrias de sus mandantes. 

Este preámbulo conlleva a una conclusión: optimizar las funciones de los poderes del Estado a partir de la cualificación de sus miembros. 

Para esto es imperante la reestructuración del Estado y sustentarlo en leyes y reglamentos bien fundamentados. No olvidemos que las leyes son de carácter estratégico, por tanto, su diseño debe delegarse a profesionales selectos e idóneos.

Ramiro Montecinos Zabala es ingeniero industrial electromecánico, experto en organización y métodos.
 

 

 

 


   

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