Héctor Revuelta Santa Cruz

Carta al Papa Francisco

viernes, 4 de septiembre de 2020 · 00:08

La Paz, 4 de septiembre de 2020

Señor

Jorge Mario Bergoglio

Papa Francisco

Ciudad del Vaticano.-

De mi mayor consideración:

El tres de diciembre del pasado año le escribí una carta, en la que mostraba su indiferencia ante los  nefastos hechos que sucedían en Bolivia. Hoy vuelvo hacerlo, en los mismos términos, creyendo que usted está todavía a tiempo de evitar mayores males en mi país.

Cuando el humo blanco del vaticano todavía estaba en el aire y retumbaba en el mundo Habemus Papam y usted era ungido como el Papa Francisco, en Argentina, su país natal, mucha gente le recordaba como a un sacerdote comprometido con la dictadura, particularmente por su falta de protección a dos sacerdotes que fueron secuestrados y torturados cruelmente por los militares. También, mucha gente, en particular en Latino América, se regocijaba de tener un Papa de la región sin saber que años después, muchos, se sentirían decepcionados, desilusionados, desencantados y disgustados.

 ¿A qué  se deben estos sentimientos? A que usted, Papa Francisco, no estuvo a lado de los pobres a quienes dice defender, sino a lado de esos que se valen de ellos para perpetuarse en el poder, y es tan patente esta aseveración que me permito recordarle  con hechos  reales que marcan historia, acaecidos en el entorno suyo.

Usted, Papa Francisco, ha recibido siete veces, en su corto periodo, a la expresidenta argentina y ahora vicepresidenta, Cristina Fernández, mujer que tiene 13 procesos y siete pedidos de prisión preventiva por delitos de robo, entre otros, a quien, además, ha brindado abierta protección.

Usted, Papa Francisco, ha visitado durante varios días a Cuba y ha visitado privadamente a Fidel Castro, pero nunca visitó su país, aunque hace más de dos años estuvo a un paso, en Santiago de Chile. Sus coterráneos, disgustados, hacen un montón de conjeturas.

Usted, Papa Francisco, ha recibido y protegido a Milagro Sala, dirigente del grupo Tupac Amaru argentino, que se robó el dinero de los  pobres que usted tanto defiende. Tan poco ecuánime fue su posición que Incluso le escribió, cuando ella estaba en la cárcel por delitos de extorsión, asociación ilícita y fraude a la administración pública, una carta manuscrita “…Me he informado de algunas cosas y comparto su dolor y sufrimiento. Quiero asegurarle que la acompaño en mi oración y los deseos   de que todo se resuelva  bien y pronto”. ¿Y a los afectados, que también le escribieron reclamando por la estafa, que les dijo? ¡Nada!

Usted, Papa Francisco, “…ha permanecido inexplicablemente callado sobre la brutal represión del régimen nicaragüense contra los sacerdotes católicos y la muerte de al menos 322 personas en las protestas antigubernamentales. Su comportamiento se puede describir en una palabra: ¡vergonzoso!” Así dijo la prensa de la época y no ha tenido escrúpulo alguno en recibir en su despacho a Daniel Ortega, causante del genocidio.

Usted, Papa Francisco, ha recibido dos veces a  Nicolás Maduro, personaje siniestro que ha llevado a la miseria a un país. Sus tibias intervenciones pidiendo diálogo no han hecho otra cosa que prolongar el suplicio y agonía del pueblo venezolano.

Usted, Papa Francisco, ha nombrado cardenal, en Bolivia, en un contubernio nunca antes visto con un jefe de Estado, a un personaje impresentable que su única virtud es, supuestamente, ser de origen indígena y apoyar con absoluta ausencia de ecuanimidad al exdictador  Evo Morales.  Esa actitud ha ofendido a la curia boliviana y a muchos católicos.

Usted, Papa Francisco, se ha reunido nada menos que en seis oportunidades con Evo Morales, apoyándolo a ejercer una dictadura sin precedentes. Hoy, este personaje, que tantas veces ha maltratado a la Iglesia Católica denostándola y burlándose de ella como cuando dijo: “ No será Dios quien salve a Venezuela porque del cielo sólo cae lluvia”, desde su refugio, en Argentina, con abierta protección del gobierno de ese país,  ordenó un impresionante  bloqueo de carreteras, por doce días, no dejando ni siquiera pasar oxígeno para los agonizantes del Covid 19, con un lamentable saldo  de cuarenta muertos por asfixia. Esta acción, tan  perversa e inhumana, ni en las grandes guerras se vio. Pero, lo increíble es que usted, Papa Francisco, no haya abierto la boca para decirle a su amigo que levante el bloqueo para salvar vidas y evitar contagios sin fin; como tampoco lo hizo en el pasado año, cuando alentaba enfrentamientos con un saldo de más de treinta muertos.

Debo recordarle, otra vez, que el señor Morales renunció a la presidencia  por la presión de millones de bolivianos que lo acusaron, con pruebas,  de violar  la Constitución Política del Estado, de actos de  corrupción sin límites, de un monumental fraude electoral y muchas tropelías más.

¡Qué lejos está usted, Papa Francisco! de Benedicto XV “Profeta de la paz”; de Juan XXIII recordado como el “Papa bueno”; de Juan Pablo I, conocido como el “Papa de las sonrisas”.

Espero que usted, Papa Francisco, haya comprendido esos sentimientos de decepción, desilusión, desencanto y disgusto de muchos ciudadanos del mundo y en especial de los de Bolivia, que quisieran firmar esta carta.

Atentamente

 Héctor Revuelta Santa Cruz

Un compungido boliviano

 Héctor Revuelta Santa Cruz es catedrático de la Universidad Mayor de San Andrés.

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