Fátima López Burgos

Epitafios y premoniciones

viernes, 4 de septiembre de 2020 · 00:09

Ensayos de epitafios y apocalípticos anuncios eran la tónica de los mensajes de  unidad y desarme que proponía el MAS a los bolivianos, lo hacía de frente, como si se tratara de sembrar margaritas en el camino. 

Enfundado en una guayabera azul, bajo el ardiente sol de Pando, JRQ parecía poseído, tenía tan cerca el micrófono a la boca que en cualquier momento lo engulliría. Hablaba de convivir con los gusanos y de escribir epitafios para personas de carne y hueso que estaban vivas. JRQ deliraba con sepultar al opositor Leopoldo Fernández, sacarlo del camino y enterrarlo bajo tierra: “Descanse en paz y conviva con los gusanos”, una sentencia que vaticinaba la masacre de “El Porvenir”, articulada posteriormente por el propio gobierno.

La especialidad de la tiranía no sólo era escribir epitafios, sino también emular a Nostradamus. AGL, cual profeta, sentenció, ante un grupo de padres de familia de la comunidad Viliroco (La Paz), que si no apoyaban al Jefazo: “Va a haber llanto, el sol se va a esconder, la luna se va a escapar y todo será tristeza”, una predicción que en noviembre de 2019 irónicamente arrastraría a Quintana y otros hasta La Rinconada.

A sangre fría 

En septiembre de 2011, una marcha indígena que defendía el Parque Nacional Isiboro Sécure  era brutalmente intervenida. El llanto desesperado de niños separados abruptamente de sus padres, indígenas maniatados, golpeados y amordazados con cinta masquín, eso fue Chaparina, el episodio más cruel y sanguinario ensayado en contra de los indígenas que defendían su hábitat, un hecho que Bolivia no podrá olvidar y el MAS no podrá borrar con ninguna “ruptura de cadena de mando”.

16 muertos, 61 heridos era el resultado de un conflicto en el distrito minero de Huanuni, generado entre trabajadores de la estatal Comibol  y cooperativistas mineros. AGL, en un franco agravio a la muerte, ofreció ataúdes, antes que promover un acuerdo para frenar el conflicto y pacificar el lugar. Los mensajes violentos subían de decibeles. AGL, durante un incendiario discurso en la localidad de Warisata, dejaba perplejos a una multitud de campesinos asegurando orgulloso y cubierto con un poncho: “Aquí he aprendido a batallar, aquí he aprendido a amar, aquí he aprendido a matar”. Y reconoció que volvería a las armas si fuera necesario.

La tumba de Panduro 

El 25 de agosto de 2016, Panduro se convierte en tumba del viceministro Rodolfo Illanes, debido a un conflicto entre cooperativistas mineros y el gobierno. Su linchamiento pudo evitarse, pero Carlos Romero y JRQ prefirieron las balas a la concertación y silenciaron los teléfonos. Lo llamativo fue que el diputado del MAS Franklin Flores descubrió el cuerpo envuelto en una frazada, sobre la carretera.

Cuatro años después, una acalorada discusión entre el senador por Chuquisaca Omar Aguilar y su compañero de partido Franklin Flores volvía a poner en agenda el caso Illanes, no resuelto y menos esclarecido. “Vas a pagar por la muerte de Illanes”, increpó Aguilar a puro grito a su colega. “Hay muchas cuestiones que debe responder, qué hacía al lado del cadáver de Illanes en un momento de tanto riesgo”. Flores, con el rostro desdibujado y la ira contenida, respondía a las acusaciones de Aguilar: “No sabes sumar, revisá las cámaras”. Este impase sucedió luego de una tensionada sesión donde se aprobó la renuncia de EMA y AGL La interrogante queda: ¿qué hacía Flores en Panduro? 

La sombra de la muerte

Tras el trágico reporte de 65 heridos en El Alto, el nefasto ministro de Defensa, Javier Zavaleta, en octubre de 2019, adelantó: “Estamos a punto de contar  muertos por docenas”, mientras aseguraba que esa ciudad estaba tranquila y  controlada. Por su parte, Gustavo Torrico, intimidaba a las madres bolivianas: “No sé cuántas están dispuestas a sacrificar a sus hijos”. 

El gobierno del MAS calló a los pueblos indígenas, usó a los campesinos, violó las áreas protegidas, quemó bosques y con ellos animales exóticos. Alentó la violencia, la corrupción, el racismo y provocó que nuestros peores defectos y vicios se profundizaran en lugar de superarlos. Una década perdida para un elemental cambio cosmético cargado de simbolismos. 

Estas son razones suficientes para que durante la campaña electoral 2020, los partidos informen con amplitud sobre los planes y programas a desarrollar en el corto y mediano plazo para revertir la crisis económica y social, y que los bolivianos, poco a poco, recobremos la fe en la política y las instituciones.

Fátima López Burgos es periodista tarijeña.

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