Sebastián Navarro

Es hora de asumir que el virus más letal somos nosotros, los seres humanos

sábado, 5 de septiembre de 2020 · 00:07

El mundo no volverá a ser el mismo. La maquinaria productiva ha clavado los frenos por la emergencia sanitaria global y ha dejado ante los ojos del mundo con absoluta claridad el profundo daño que un sistema de consumo sin control ni límites hace a la salud del planeta

y a todos los seres humanos que lo habitamos.

25% de las emisiones de China se han reducido; 6% de las emisiones planetarias fueron en caída. El coronavirus ha logrado lo que todas las cumbres del clima juntas no han podido en 25 años.

La expansión económica ilimitada ya no es posible (porque no hay recursos naturales para alimentar un discurso que sirvió eficazmente después de la Segunda Guerra Mundial y porque el producto bruto interno ya no es una medición real), y deberíamos reemplazarla por la biocapacidad, que es la capacidad de los países para regenerarlos.

Es una oportunidad dorada para nuestra generación para establecer una nueva arquitectura de nuestro modelo económico y de convivencia aportando nuevas ideas:

-El financiamiento internacional debe acelerar sus mecanismos y derivar los fondos ante la emergencia climática a ciudadanos, empresas y gobiernos de todos los niveles.

-Nunca ha quedado tan al descubierto lo urgente que es desinvertir y quitar los subsidios a los combustibles fósiles, principalmente al transporte urbano. El petróleo ha tocado fondo y es el momento de sentar las bases de la próxima energía que nos va a movilizar.

-Mas globalización es mas democratización; es mentira que encerrarse es la solución. Si el mundo no hubiese estado interconectado en tiempo real, la catástrofe del COVID-19 hubiese sido mucho peor. Gracias a ellos nos recuperaremos más velozmente, aunque el aumento que lleva a la súper población será un debate que las naciones deberán darse más temprano que tarde.

-El dinero físico va camino a ser un recuerdo, los medios de pago electrónicos dominarán el mercado e incorporarán a los más 2.000 millones de personas que no participan del sistema bancario y entre ellos el 42% de las mujeres que no acceden hoy a medios financieros.

Compartir instantáneamente soluciones y problemas sin fronteras nos ha transformado en la generación que puede lograr un cambio extremadamente veloz. Los jefes de gobiernos locales serán los verdaderos garantes del Acuerdo de París . Cuando se entra una etapa de crisis terminal se regresa a las fuentes; las ciudades-Estado nacieron antes que los países y serán otra vez el faro de la nueva gobernabilidad.  Las viejas estructuras han quedado expuestas como nunca. El monopolio establecido tiene tantas grietas que ya no es posible llamar al plomero, una vez más.

América Latina tiene el desafío de reinventarse rápidamente y a una escala nunca vista para que la cadena de producción de alimentos, de insumos para la salud, de su energía o de su movilidad no dependa de proveedores externos y lejanos. La dependencia que la región ha adquirido de China debe ser desterrada porque socava nuestro atributo más vital: la capacidad que tenemos de adaptarnos y crear modos de vida diferentes basados en nuestra propia autosuficiencia.

Lograr un acuerdo más equilibrado para las Américas derrumbando las fronteras y donde Estados Unidos no imponga sus condiciones unilaterales como lo quiso hacer ante el fracaso del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas),ya no es un capricho sino una necesidad de supervivencia.

Es momento de animarnos a re-escribir la historia, re-diseñar un capitalismo agotado y entrar en la cuarta revolución de derechos humanos donde una renta básica universal no debería ser una transferencia de dinero sino la garantía de los Estados a través de servicios esenciales, principalmente a través de la tecnología, para que millones de habitantes tengan un hogar sano, acceso a internet básico, un celular con un mínimo de datos, movilidad urbana limpia y gratuita, educación a distancia y salud garantizada para todos. Esto daría nacimiento a la mayor clase social con derechos adquiridos jamás concebida.

Estamos tan cerca y tan lejos de alcanzarla. Sólo depende en manos de quién estará el poder que decida el futuro de todos nosotros a nivel local y planetario.

Bolivia, tiene la oportunidad de ser una superpotencia verde, es uno de los ocho países más ricos del mundo en diversidad biológica. Sus bosques alcanzan alrededor del 3.5 % del planeta y se encuentran entre el 45 % y 55 % de toda la diversidad biológica mundial. Para transformar esa oportunidad en realidad, se debe poner en marcha una economía de la conservación ante un mercado inminente y tangible de billones de dólares en intercambio de carbono.

Esto podría generar una nueva visión hacia nuestro interior. Latinoamérica debe verse a sí misma como la región de la riqueza, para poder ofrecerle al mundo una negociación que esté a la altura de los desafíos sistémicos que enfrentamos para evitar el colapso de la civilización entera. Asistimos a un punto de inflexión de la historia, debemos decidir si seremos la primera generación que superó los mecanismos crónicos de autodestrucción de los seres humanos

o la última que pudo torcer el destino, pero sucumbió repitiendo los errores del pasado.

Sebastián Navarro es Secretario General del CC35.

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