Fernando Salazar Paredes

Chile y la hipobulia boliviana

lunes, 7 de septiembre de 2020 · 00:11

 La política internacional –interacción entre políticas exteriores– es algo así como una combinación de dos juegos: el póker y el ajedrez.

 En el primero, un juego en el que el azar tiene mucho peso;  los jugadores, con todas o parte de sus cartas ocultas, hacen apuestas sobre la base de una combinación de cartas.  Normalmente, el ganador es el jugador que tiene la mano con la clasificación más alta, una vez que se muestran todas las cartas.

 El ajedrez es un juego de ingenio en el que el azar no interviene en absoluto; requiere un importante esfuerzo intelectual. Las sutilezas del juego exigen un estudio en profundidad y un alto grado de concentración. De ahí que se lo considera no sólo un juego, sino un arte, una ciencia y un deporte mental.

 Los encargados de manejar la política exterior, si tienen oficio, sabrán cuándo aplicar el ajedrez o cuándo ejercitar el póker o, finalmente, utilizar oportunamente ambos.  Los profanos –elegidos a dedo sin mérito alguno, salvo compadrazgo político u obsecuencia al jefe– piensan que la política exterior es sólo un juego de póker y, generalmente, exhiben, al mismo tiempo, un alto grado de vocinglería, arrogancia e impudicia.

 Eso pasó con la política exterior desarrollada por Evo Morales y sus tres inexpertos cancilleres.  Jugaron póker con la cuestión marítima con una carta débil, haciendo gala de una falsa y engañosa suficiencia para satisfacer objetivos internos, sin importarles el daño que podían infligir al país.  Morales y su cenáculo de autoproclamados expertos nacionales, bajo la onerosa batuta del español Remiro Brotons, debieron haber intentado jugar ajedrez, pero eso era como pedir peras al olmo ya que “Quod natura non dat, Salmantica non prestat”, frase atribuida al filósofo y escritor también español Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca.

 El resultado fue aciago para el país.  Con la demanda y su resultado negativo, en vez de ganar con una buena mano, el anterior Gobierno entregó a Chile la carta mas valiosa que jamás sospechó podría obtener.  No es una carta de póker cualquiera; es una valiosa pieza de ajedrez que Chile exhibirá con jactancia en el futuro. Evo Morales  dio un “golpe de Estado” a nuestras expectativas marítimas, cubriéndolas, además, con un manto de aparente olvido a éste, el más grande fiasco de la política exterior boliviana en los últimos 100 años.

La hipobulia es el descenso en la capacidad de toma de decisiones; cuando ésta se da, prevalece lo impulsivo, lo automático, sobre la voluntad decisiva. El actual Gobierno, pese a las buenas intenciones de nuestra Canciller, adolece de hipobulia en la cuestión marítima.  Nueve meses en el ejercicio del poder y, mas allá de anuncios, no trasciende una voluntad de tomar decisiones en esta temática específica.  Prevalece el mismo estado de situación que al día después de la derrota en La Haya.  Diremar, esa costosa, misteriosa y exclusiva camarilla de profanos en materia exclusiva política de  acceso al mar, sigue funcionando como si nada hubiera pasado y sus elevados gastos nadie los conoce, ni puede conocerlos, porque están bien blindados para tapar herméticamente el exorbitante dispendio utilizando el juicio ante la CIJ como excusa. 

 El 23 de marzo –hace medio año– se anunció la creación de un comité de expertos para plantear una estrategia para la futura relación con Chile; hasta ahora sólo queda el anuncio como una evidencia de la ausencia de voluntad decisiva para avanzar.

 Mientras tanto, Chile, post La Haya, anunció, en octubre del año pasado, la creación de un “grupo de reflexión” sobre la relación con Bolivia con el fin de establecer, con visión de largo plazo,  los lineamientos de una política bilateral. El canciller chileno dijo, al hacer el anuncio, que “habiéndose zanjado categóricamente la demanda marítima boliviana, hace ya un año, y encontrándose plenamente vigente el Tratado de 1904, Chile considera que es el momento propicio para refrescar su mirada respecto de la relación con la sociedad boliviana”.  Ya tienen su estrategia a largo plazo perfeccionada a objeto de no incurrir en el azar que domina el póker.  Mientras tanto, en Bolivia campea la hipobulia en la materia.

 Lo lógico sería que la parte perdedora del juicio en La Haya y provocadora del pleito, Bolivia, con una buena dosis de dignidad, responsabilidad, madurez y patriotismo, haga el intento de levantarse y rectificar el fallido y perjudicial rumbo del anterior Gobierno. Lamentablemente, a un mes de cumplirse el segundo aniversario del fiasco de La Haya, sin exagerar, se puede decir que poco, casi nada, se ha hecho para reencaminar nuestra relación o no-relación con Chile, pese a que la Ministra de Relaciones Exteriores, una muy respetada profesional, cuenta con la institucionalidad suficiente para analizar, evaluar y proyectar el futuro de las relaciones con Chile.

 Es un imperativo pertinente, urgente y necesario superar el actual estado de hipobulia con respecto al principal tema de nuestra agenda de política exterior.

Fernando Salazar Paredes  es abogado internacionalista.

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