Jorge Patiño Sarcinelli

Desigualdad y la magia del mercado

miércoles, 9 de septiembre de 2020 · 00:10

Hace unas semanas publiqué en el suplemento Ideas de este periódico dos artículos sobre la desigualdad, argumentando que la tenemos en demasía. Antonio Saravia ha tenido la gentileza de contestarme, expresando su descuerdo. Le agradezco que se haya tomado la molestia. 

En su entusiasmo por mostrarme equivocado, Saravia sostiene que yo “ataco rabiosamente las disparidades” o que “no logro entender que no se puede separar el proceso de distribución del proceso de producción” y que estoy “completamente equivocado” porque no distingo pobreza de desigualdad.  Seguramente él cree que se necesita un PhD en Economía para entender esas diferencias. 

Entiendo, como ya lo dije en mi artículo de Ideas, que alguien considere que no hay mal en tener sociedades desiguales o que hay razones económicas que las justifican en nombre de incentivos. Lo que no entiendo es que alguien se oponga a que deseemos sociedades más iguales. Sospecho que Saravia tiene pánico al comunismo y teme que cualquier defensa de una mayor igualdad terminará en que le quiten su casa y su auto. Me hace recuerdo a mi abuela.

Pero vamos a la parte propositiva de Saravia. Claramente, él pertenece a esa escuela ingenua que cree que “Las innovaciones de Amazon o Google, por ejemplo, no sólo incrementan el tamaño del pedazo que se llevan los dueños de esas empresas, sino también el tamaño de toda la torta, es decir, generan crecimiento económico”. Es el famoso trickle-down a través del cual a los pobres les tocan las migajas de esa torta. Cuanto más torta, más migajas, dice esa teoría. Lo entiende cualquier pastelero.

Pero si el lector quiere sumarse a los que comen la torta, es fácil. Saravia tiene la receta: “¿Cuál es la única forma de hacerse millonario? Vendiendo algo que la gente quiera comprar, y eso sólo pasa cuando la gente está mejor con ese producto que sin él. Es decir, la única forma de hacerse millonario (de manera legal, por supuesto) es mejorándole de alguna forma la vida a la gente.” ¡Genial! ¿Cómo no lo hemos pensado antes?

Sabiendo la importancia de los argumentos matemáticos, Saravia nos ofrece esta perla: “¿Prefiere usted una sociedad con desigualdad, pero en la que todos tengan un ingreso de al menos 1.000 dólares al mes, o una sociedad en la que todos sean iguales, pero todos tengan sólo 100 al mes?” ¡Pucha, lo pone difícil!

Con argumentos elementales no se va muy lejos. El falso dilema de Saravia no demuestra que la desigualdad sea buena o mala, o que Bolivia no pueda ni deba analizar la implementación de políticas de redistribución que contribuyan a que tengamos una sociedad menos desigual y más justa a mediano plazo.

Evidentemente, a Saravia la justicia social como principio de convivencia colectiva le importa un bledo. Si no estamos dispuestos a aceptar equilibrios sociales donde se busca una menor desigualdad –no igualdad total- entonces, se debería eliminar los impuestos, la educación y la salud públicas. Donde la gente paga impuestos, estos sirven para redistribuir riqueza y dar servicios básicos a quien no los puede pagar. 

Saravia es un dogmático del mercado, de los del todo o nada, y le cuesta aceptar que hay matices y equilibrios. Buscar menos desigualdad no implica eliminar incentivos de mercado. De hecho, los dueños de las empresas se beneficiarían de tener trabajadores mejor educados y por lo tanto, más productivos, y clientes con más ingresos. 

Pero para llegar a esto son necesarias políticas públicas que busquen el equilibrio adecuado entre desigualdad e incentivos que le conviene a Bolivia económicamente y que podemos tolerar éticamente. La cuestión no es solo qué queremos sino cómo llegamos ahí.

Esta es una cuestión compleja justamente porque busca equilibrios sociales delicados e implica sacrificios intergeneracionales. Por eso es necesario el debate, pero para que este sea constructivo; es decir, que conlleve un aprendizaje colectivo, debemos encararlo sin dogmatismos que pretendan trivializar el problema o eludirlo.

 
Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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