Juan Francisco Bedregal Villanueva

El mundo mágico de la cerámica de Isabel Garrón

viernes, 1 de enero de 2021 · 00:09

En la mañana del sábado 5 de diciembre, bajo una lluvia tenue, se inauguró una muestra muy particular de la artista boliviana de artes plásticas, en uno de los pocos patios coloniales que aún existe en nuestra ciudad, el Museo del Tambo Quirquincha, con el fondo de los viejos arcos del convento antiguo de las concebidas, con tonalidades azules ha realizado una instalación muy singular, se trata de una muestra espacial, tres árboles artificiales de cañas, dan lugar a que mil grullas estilizadas de cerámica como papiroflexia, revoloteen alegres, creando una experiencia mágica y tridimensional, transparente y contundente, todo con la intención de motivar a un público a una seria reflexión sobre la paz.

No se trata de una decoración, ni se utiliza el espíritu navideño para recordar la necesidad de reconciliación, que tanta falta nos hace, es un mensaje que va más allá de la circunstancia de fin de año, un mensaje que tiene raíces muy profundas, luego de un año que fue culminación de una etapa, que felizmente va quedando atrás, pareciera que la artista quisiera compartir con los observadores su interioridad, una realidad que mira con esperanza y con verdadera vocación la paz, como una necesidad estética de la existencia. Un interior que quiere comunicarse con la gente, instalación contemporánea, sin clichés, ni esnobismos, pura y nítida, directa y conmovedora. Una parábola de intenciones, un regalo muy esperado y sorprendente.

La consagrada ceramista, hace en esta muestra, que llena todo el patio del museo, un alarde de su maestría en el manejo del barro, levanta el barro, como verdadera creadora, y hace volar mil sueños, mil deseos de paz, cada observador tiene, al entrar, la opción de concentrarse en un deseo de paz, y todos tenemos tantos… nos ofrece con su trabajo, la posibilidad de soñar, como preámbulo de consumación, cada grulla un origami, un papel en blanco, un deseo, una esperanza, entonces uno dice, vale la pena el arte, porque más allá de los discursos, que sabemos no son ni de papel blanco, ni de esperanza cierta, acude a un lenguaje que todos podemos sentir, y cada parte de esta espiral de movimiento fue producto de una consecuencia en el oficio y en el mensaje deseado, maestría y consecuencia.

Se trata de una propuesta de arte conceptual que requiere, como todo arte, de la participación del público, el tiempo y el lugar son fundamentales, es el tiempo de la paz y el lugar de fundación de la ciudad de La Paz, ahora que no podemos llevar a nuestros niños a mirar iluminadas vidrieras de cosas mundanas, valdría la pena que los lleváramos a contemplar lo sacro, esta muestra y los motiváramos a reflexionar sobre nuestra realidad y la necesidad de vivir en paz y armonía.

La muestra fue inaugurada por sus discípulos de la Carrera de Artes de la Universidad Mayor de San Andrés, donde la artista ejerce su disciplina, en favor de las nuevas generaciones, sin duda son ellos y los menores, quienes pueden entender mejor su mensaje. Estará en el Museo hasta el día 10 de enero, no se lo pierda.     

Juan Francisco Bedregal Villanueva es arquitecto.

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