Javier Torres Goitia T.

Enseñanzas no aprendidas

sábado, 16 de enero de 2021 · 05:08

  La pandemia del Covid-19 deja varias enseñanzas. Una importante es la eficacia de las medidas preventivas (lavado de manos, uso de barbijo y aislamiento interpersonal). Tres medidas clave,  que están al alcance de todos prácticamente sin costo, pero siguen abandonadas en gran parte por descuido personal, pero también por sabotaje populista de quienes queman barbijos en las calles como símbolo de una supuesta  rebeldía que en los hechos es de sumisión a un líder irresponsable, cuya angurria de poder y ferocidad en la venganza contra sus propios compañeros es conocida  (rodillazos incluido). 

No vacila en condenar acerbamente a quienes reclaman siquiera un mínimo respeto  a sus derechos democráticos de elegir y ser elegidos y no admite reconocer que ya no es el dueño de un partido que, por la estructura de sus bases, no merece quedar  reducido a bloqueador de presupuestos o de insumos vitales, como medicamentos y oxígeno para los moribundos, y destructor de barbijos.

La gravedad con la que está avanzando la segunda ola de la pandemia nos muestra, además que institucionalmente, el Estado, como tal, no está asimilando otras enseñanzas quizá menos evidentes, pero de igual o mayor trascendencia. La importancia de la salud en el desarrollo se ha corroborado con los indicadores económicos seriamente afectados por la rápida expansión del contagio. 

La disminución del PBI, el aumento del desempleo, la paralización con quiebras de por medio de importantes actividades productivas, dejan ver que la salud no solamente es la ausencia de enfermedad, ni un bien personal susceptible de ser atendido individualmente por cada familia, sino que, como venimos sosteniendo desde hace mucho  tiempo, la salud es simultáneamente un instrumento para el desarrollo y la finalidad del mismo. Debería ser una “cuestión de Estado” como califican los sociólogos a los temas de mayor relieve que debe considerar la política de un gobierno.

 Con honesta convicción, convendría privilegiar la urgencia de estructurar un real “Sistema Nacional de Salud” con autonomía semejante a la de las universidades, la Contraloría General o la Fiscalía. Sistema que debe contar con  poder político, económico y  capacidad administrativa suficientes, para responder a la necesidad claramente observada de que la gestión en salud debe tener una responsable unidad de mando, como tantas veces se ha insistido durante la pandemia. 

Un sistema que supere la actual anarquía que mantiene la segmentación entre población protegida o no por los seguros sociales y que está además fragmentada entre municipios, gobernaciones y otras  instituciones que, lejos de sumar sus recursos para mejorar la atención de los enfermos, contribuye al peloteo interinstitucional de los pacientes, que pierden tiempo y agravan su enfermedad por una desordenada búsqueda del profesional idóneo, difícil de ubicar en la maraña de consultorios ubicados en diferentes lugares sin plan alguno ni objetivo definido. 

Para enfrentar la pandemia y cambiar el caos por la eficacia, necesitamos un sistema de salud, universal, independiente de la política partidaria contingente, descentralizado en la base de los 342  municipios autónomos, sin costo para el paciente, integrado, logrando la concertación de los diferentes prestadores de servicios para mejorar la estructura y funcionamiento de cada uno de ellos y optimizar su contribución a una gestión compartida, concurrente con participación social genuina, bajo un solo rol rector nacional.

La diferente capacidad de resolución de los servicios, que es necesaria para la eficiente atención de los pacientes, ha sido burdamente convertida en una estratificación disfuncional de la atención médica en los popularizados niveles de atención, que han servido para fragmentarlos con perjuicio de los pacientes y para que la demagogia  permita al señor Morales ofrecer hospitales de cuarto nivel como el sumun de la perfección en salud, cuando cualquier médico sabe la importancia de la atención primaria de salud y conoce las exigencias que debe cumplir un hospital de alta especialidad, que no requiere solamente levantar muros de cemento con variados sobreprecios para dejarlos en proceso de construcción, como los que tenemos inconclusos al momento.  

Un sistema que funcione para cuidar la salud de todos y atienda oportuna y eficazmente cualquier trastorno al margen de la política partidaria y remplace al SUS (Sistema  Único de Salud) que no es sistema, ni único y menos de salud.

Javier Torres Goitia T. fue  ministro de Salud.

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