Carlos Valverde Bravo

Generar credibilidad y confianza primero (Identificar, Aislar , Medicar)

domingo, 17 de enero de 2021 · 05:08

El portavoz presidencial, Jorge Richter, dice que la idea del gobierno es “identificar, aislar, medicar” a los contagiados/enfermos Covid y que para eso es necesario trasladar a los identificados (Covid positivo) a espacios de atención médica nacionales o municipales (los de Gobernación son de complejidad-UTI). Para evitar que estos “contagien en sus casas” (dijo) ,  y parece que el hombre no se ha dado cuenta de que los “identificados” nacionales superan, en 2 días, toda la disponibilidad de camas del país. Veamos: Santa Cruz, departamento, sumó 1.045 nuevos casos positivos – (reporte del Sedes, este viernes pasado) y el país 2.573 contagios (datos oficiales).

Con eso… se acaba la idea de que “hay que evitar” que los ciudadanos vuelvan a casa y, de esa manera, cortar la transmisión del hogar; idea que no se de dónde se puede sacar, aunque concluyo que del desconocimiento de la realidad; el país no tiene camas “de aislamiento” para la suma de una semana entera; si tuvieran que llevar a esos lugares a los contagiados en Santa Cruz solamente, ya estuviéramos con faltante de camas disponibles.

El Ministro Iván Lima dice que para que haya una cuarentena rígida se necesita dictar un Estado de Excepción y sacar militares a las calles (El Deber 15/01/2021 – pág A5) y entramos a politizar un tema que debe tener lo menos que se pueda de política y mucho de sentido común, credibilidad y confianza en el gobierno, para asumir una tarea conjunta entre el Estado y los ciudadanos.

Hay una Ley, la 1341, de Eva Copa,  del 23 de julio 2020, (que entiendo no se publicó en la Gaceta en el gobierno Añez) que establece mecanismos para dictar un “Estado de Excepción”, entre otros: “por una crisis sanitaria, provocada por epidemias y situaciones de contaminación grave”, que se pudiera usar si acaso el populismo instalado en el poder no estuviera con la idea de que “nunca dictamos “Estado de Excepción” (dicurso de Morales), y eso es irracional porque ya está visto, que por los números, el gobierno sólo podrá, “si lo hacen bien”, identificar (aunque hay menos antígenos que ciudadanos a testear en el país) y medicar (habrá que ver con qué cuentan); lo de “aislar” debe ser tarea del ciudadano, que deberá ser cooperado por el gobierno/municipio con la otorgación de los medicamentos que requiera y, si se pone peor, trabajar en el traslado a un centro de aislamiento. Eso requiere de un plan que debe cumplirse siempre… con esto entramos a la provisión de ambulancias o vehículos y personal médico que esté de turno las 24 horas del día. ¿Podrá hacer eso el gobierno? Aquí entra la llamada “confianza” en el Presidente, a quien no se lo conoce en estos menesteres; siempre actuó detrás de Morales y jamás dio muestras de lo que puede llegar a ser; supongo que en algun momento se comienza a demostrarlo.

Pues, el gobierno decretó “horario continuo, ingreso y salida escalonada al trabajo” (lo mismo hizo Añez), la ampliación de la vigencia de las cédulas y licencias de conducir caducas (hasta marzo es poco, debiera ser hasta Julio, si no, hasta fin de año) y  “la posibilidad de que un familiar pueda ser autorizado para cobrar  rentas, como la Renta Dignidad” – también lo hizo Añez. (Pág 7 – 16/01/2021 -Ed Digital). Súmele los bonos que hay y los que no tardan en aparecer, que serían una medida desacertada -de momento-, porque con ellos vuelven las filas y los contagios, de manera que mejor será que piensen en otra cosa, porque de lo que se trata es de tener menos gente en las calles, y esas medidas “muy populares” generan “bolleo”, y contradicen el decreto gubernamental que busca evitar filas y aglomeraciones; esa contradicción genera desconcierto, porque cambiar a un “abuelito”, como se les ha dado por llamar, estúpida y zalameramente, a los adultos mayores, por una persona de menor edad, no cambia la posibilidad de contagio, sólo el nivel de riesgo personal. A decir del gobierno, la idea es establecer “medidas y acciones” orientadas a “continuar la contención y reducción de contagios en la segunda ola”. Veamos si se logra; tiene vigencia hasta el 28 de febrero. (mismo Pág 7).

Convengamos que las medidas son las mismas del gobierno de Añez, pero en éstas no hay la contención que en el anterior “aplanó la curva”, el aislamiento que piden los comités científicos del país. Esa medida el gobierno la niega porque “hay democracia”, como si no hubiera ya restricción vehicular y de personas y prohibición de realizar actividades después de las 10 de la noche en gran parte de las ciudades del país, y no se tomaran medidas restrictivas por doquier; ¿acaso los colectivos no deben mermar sus pasajeros?. ¿O no es verdad que no se puede asistir a un estadio a ver fútbol? O, ¿acaso hay piscinas y gimnasios funcionando a “tope”?. Esos son hechos que muestran que se están menoscabando, con reconocida razón, eso que uno entiende como “libertad ciudadana y constitucional” de moverse y reunirse, pero que se las asume porque “la cosa está fea”.

¿A quién cree el Gobierno que engaña con parches políticos? Hay “una crisis sanitaria provocada por epidemias y situaciones de contaminación grave” (Ley Eva Copa), y si el gobierno de Arce logra credibilidad, mostrando que sabe lo que hace, puede invocar el “contrato social” que tiene con el ciudadano que lo eligió para que lo represente ante el Estado, dándole una parte de su soberanía (dictación de leyes y su ejecución) y que, en nombre de todos, asuma responsabilidades imprescindibles y, probablemente impopulares, pero que eviten lo que está pasando en otros lados… este país no es una isla; muy por el contrario, está rodeado de otros países como Brasil que ya “exporta su Covid”, y Argentina, que no logra frenar su crisis, por citar a los dos más grandes. ¿Será, entonces, una cuestión de tiempo? Los números de Santa Cruz son una alarma grande; no todos se contagian en fiestas, aunque los hay; se contagian en mercados, en filas de banco, del Segip, de lo que fuere… en un país de filas, donde es negocio “vender turnos” hay que evitarlas por lo menos hasta julio, cuando la vacunación esté en su máximo, sin renovar nada, que no sea confianza en lo que pueda hacer el gobierno (cosa dificil de lograr, porque los parches no generan más que sensaciones contrarias a la que se busca y pretende).

Es muy difícil esto, lo ideal fuera coincidir medidas de economía y salud, pero no parece haber algo así para cortar el problema rápidamente; ya llegará el momento de generar reactivación económica, repartir bonos, bajar impuestos, liberar exportaciones, lo que fuere…  ahí veremos de que está hecho el presidente.

A propósito, que se sepa, nadie fue a rogarle a Arce que sea Presidente, él lo buscó… bueno, que se porte en consecuencia.

Carlos Valverde Bravo es periodista, analista político y escritor.

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