Ignacio Vera de Rada

Un siglo, dos pandemias

martes, 19 de enero de 2021 · 05:09

La CNN ha elaborado un documental realmente interesante sobre la pandemia de la gripe española, que azotó al mundo hace exactamente un siglo. Las imágenes que muestra son escalofriantes, como son las de nuestra actual pandemia. Y los datos que revela son igualmente conmovedores, pues en ellos podemos comparar, económica y sanitariamente hablando, nuestra situación de hoy. Son como un espejo para ver y enjuiciar nuestra conducta actual.

En este nuestro mundo hay gente de todo tipo, desde políticos sandios que piensan que el virus es inofensivo, que no está “diseñado” para afectar a algunas razas o que, de buenas a primeras, es un invento de los gobiernos para confundir y llegar a ejercer hegemonías indestructibles, hasta personas santurronas que creen que es el signo del fin de los tiempos. Yo creo que lo más sano para enfrentarlo sería, primero y antes que nada, insuflarnos una buena dosis de racionalidad y cordura, para no terminar creyendo sandeces sin sentido.

Viendo los videos y las fotografías del mencionado documental, uno cae en la cuenta de que la pandemia de 1918 fue, en muchos sentidos, similar a la del coronavirus: economías mermadas por el confinamiento, una sucesión de olas de contagios, tapabocas o mascarillas en el rostro del personal médico y la gente de a pie, hospitales al borde del colapso, mutación de la cepa viral y de sus efectos… Yo creo que la de 1918-1920 fue la pandemia más similar a la del coronavirus que todas las demás que se produjeron en la historia. Claro, el mundo del siglo XX ya era un mundo industrializado, globalizado, hasta cierto punto cosmopolita y moderno en muchos sentidos. Pero hay una diferencia: aquel mundo de comienzos del XX luchó, además, contra otra adversidad: la guerra. Las ingentes movilizaciones de personas hacia el frente y las aglomeraciones en factorías de uniformes y pertrechos bélicos aceleraron los contagios de manera dramática, y es increíble ver las negligencias que ese tiempo se cometieron, ¡iguales a las de hoy!: aglomeraciones en protestas, personas reacias a utilizar la mascarilla, calles vacías y confinamiento rígido.

La historia debiera servir de maestra, pero lamentablemente el hombre es poco receptivo a las enseñanzas y poco amigo de la prudencia. Con el antecedente de la pandemia del 18, ya debiéramos haber estado mucho mejor preparados para enfrentar la adversidad actual. Pero la condición humana es la misma de siempre (y siempre será la misma): imprevisora, imprudente, proclive al yerro en sus predicciones y proyecciones…

Por suerte, hoy el panorama no se pinta tan negro como en aquella época; hoy contamos con parámetros de asepsia y bioseguridad mucho más precisos y efectivos. Contamos con el internet para suplir las relaciones humanas laborales y educativas. Además, el mundo no está en una guerra mundial, y se tiene la esperanza de una vacuna. En la pandemia del 18 se contagió un tercio de la población mundial y los fallecimientos se contaron por decenas de miles. También, como hoy, se recogían cuerpos en las calles. ¿Por qué, entonces, no se habló mucho de aquel suceso hasta hoy, en términos de mortalidad? Quizá porque en 

 tiempo la vida humana no era tan valorada como lo es ahora. Baste con decir que aquí, en Bolivia, el Gobierno de José Gutiérrez Guerra no adoptó ninguna medida de confinamiento ni nada parecido.

Con seguridad al mundo le aguardan más pandemias; podrían ser de virus no tan agresivos o, por el contrario, de cepas más letales que la de la covid-19. Lo que debemos hacer es aprehender cada enseñanza que nos da la turbulenta historia de lo que somos: un ensayo de civilización, en muchos sentidos, aún en pañales. Solo en estos episodios se ve lo más noble y sublime de nosotros: la buena política, la ciencia, acaso el arte. Y ellos nos terminan salvando siempre.

 

Ignacio Vera de Rada es profesor universitario.

 

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