Javier Torres-Goitia T.

Humanismo solidario y perversidad política

sábado, 30 de enero de 2021 · 05:11

Hace pocos días Página Siete publicaba una amarga lista de fallecidos por Covid con fotografías y datos personales que muestran la fragilidad de la vida humana, la impotencia frente a la muerte y el dolor de saber que nunca más volveremos a ver a seres tan queridos. Colegas médicos todos, discípulos, maestros, grandes especialistas y jóvenes que destacaban como promesas frescas llenan de ausencia todos los recuerdos. La segunda ola de la pandemia es más negra que la primera y el llanto de viudas, huérfanos, hermanos o amigos, conmueve nuestra sociedad en todas sus esferas, y el luto obscurece los hogares ricos y pobres.

 Como médicos sabemos lo que significa la vocación profesional y las horas del día y de la noche que tienen que emplear disciplinadamente los jóvenes, desde estudiantes para actualizar conocimientos que nunca son suficientes para cuidar la salud ajena.

La revisión diaria de los avances sobre nuevos fármacos, métodos de diagnóstico o técnicas terapéuticas y las experiencias exitosas o fallidas nunca termina. Empieza con el inicio de la carrera y continúa hasta cuando los ojos ya no pueden distinguir la letra menuda de los libros de consulta. La cronología habitual de horas de trabajo y días hábiles o festivos no rige para el médico que tiene que atender al llamado de sus pacientes a cualquier hora, sin importar si es noche o día festivo, o está conmemorando un acontecimiento familiar.

 La vocación, además, le hace desafiar los riesgos y así la enfermedad, sea más o menos contagiosa, tiene que atenderla, igual si es la de un amigo o un desconocidos; se supone que el médico no tiene enemigos. Su familia misma acaba supeditando sus compromisos a las urgencias médicas. Comparte heroicamente los riesgos y los desafía con igual entereza y lealtad.

El Covid-19, no ha podido disociar hogar alguno y la familia de los mártires que ofrendaron sus vidas por salvar a los demás ha soportado el desamparo sin una queja, y, muchas veces, sin siquiera el reconocimiento debido.

 Con variantes lógicas, los policías, y otros servidores públicos de primera línea están sufriendo las desdichas ligadas a sus responsabilidades y mueren y sufren penurias que el común de la gente no reconoce. Las cifras estadísticas que se publican a diario han convertido la muerte en una cifra. Pero detrás de cada número, por cada persona que pierde la vida, con todas sus ilusiones y esperanzas, y la pierde sin remedio ni recompensa, quedan hijos abandonados, una madre llorosa, una esposa desolada y un vacío imposible de llenar. Es fácil hablar de la muerte y de la vida, del dolor y la felicidad, pero es imposible llenar ese vacío íntimo y profundo que deja al morir un ser querido. 

 Pero, además, espanta y escandaliza ver que las autoridades responsables de la conducción del país sigan como si nada pasara, empeñados en sus luchas político partidarias; más preocupados de que desaparezcan sus adversarios que de salvar vidas. Un ministro con título de médico abreviado, con sólo cuatro años de formación, no es buen consejero de un Presidente que está leyendo mal los mensajes mejor pensados de su Vicepresidente. 

Recién electo, parecía que iba a remplazar con ventaja a Evo Morales, que huyó cobardemente de las “pititas”, pero al primer respiro de éste vuelve a ser su servil amarra huatos; falta que le devuelva su palacio de monarca y su flota de aviones y helicópteros, sin percatarse que  sus propios militantes, más despiertos y más humanos, lo hacen huir de sus asambleas proselitistas o lo rechazan a silletazos.  

 Ni se menciona una mínima protección para los defensores de la vida o de sus familias, ni se hace nada para disminuir, por lo menos, el riesgo de contagiarse o la velocidad de la expansión del virus.  Al festejar la ascensión de Evo al poder evade el tema y expresa “Estamos desmantelando el modelo neoliberal que estaba impulsando el gobierno de facto”… y otras frases de auto propaganda. Ni siquiera promete no volver a quitar el oxígeno a los moribundos y no repetir el  delito de trata de médicos esclavos con el  contrato intergubernamental leonino develado y felizmente anulado por el Ministro Cruz del anterior gobierno, un médico de verdad.

 
Javier Torres-Goitia T. fue Ministro de Salud.

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