Gabriela Ichaso Elcuaz 

Por un 2021 con salud y esperanza

lunes, 4 de enero de 2021 · 00:11

El año pasado el arribo de la pandemia a Bolivia desnudó el estado del Estado y el estado de la sociedad. Nadie estaba preparado para vivir tapándose la boca, manteniendo la distancia de cualquier ser humano -peor aún de padres e hijos- y sin posibilidad de escapatoria a otro país o a otro continente. El único plan alternativo comenzó a ser cada uno haga lo que pueda para salir del pánico, porque la cuarentena rígida, la obligación de quedarse en casa, nos protegió un tiempo del contagio; pero sin trabajo tampoco hay salud y sin salud no hay trabajo.

Finalizado el gobierno de Jeanine Añez, el duro y largo confinamiento estricto paró el crecimiento de la curva de infectados, disminuyendo a 50 diarios.

A sólo un mes del gobierno de Luis Arce, el rebrote que antecedió en Europa, Estados Unidos y varios países del mundo llegó a Bolivia. Su Ministro de Educación insiste en reabrir las escuelas el año que viene. Su Ministro de Salud miente cuando dice que debieron gestionarse vacunas en 2019, el Covid llegó al país en marzo de 2020. 

Aparte de la politiquería que hicieron nueve meses con la pandemia contra el gobierno de la expresidenta, ¿ahora con 1.000 casos diarios ya no gritan los candidatos de entonces y los conspiradores por respiradores, plasma, oxígeno, hospitales, médicos, fecha para elecciones  dos tercios? 

¿En qué quedó la oposición? ¿En receso o con Covid? ¿Se les terminó la campaña? El gobierno anuncia que llegarán 6.000 vacunas sin certificado internacional suficiente para aplicarlas en mayores de 60 años. Dos dosis cubren a 3.000 personas en un país de 11 millones. Mientras, no hay ítems para personal médico, la histórica y acumulada deuda del gobierno nacional con la salud pública. Como triste testimonio ahí está el Hospital de Tercer Nivel de Montero doctor Óscar Urenda, un mártir de la pandemia, sin funcionamiento ni socorro.

Algunos exigen volver a las restricciones del confinamiento. En Alemania hay 83 millones de personas que viven como “alemanes”, el rebrote cundió para espanto de Angela Merkel, que debió prácticamente cerrar el país y asegurar un ingreso a la población por la paralización de la economía. 

¿Por qué no podemos volver a la cuarentena estricta? Porque el empobrecimiento de la clase media y popular es evidente y crítico. ¿Por qué no se cierran los mercados y se para al transporte? Porque la economía informal es del 60% en Bolivia.

Cuando el 60% de la economía es informal, el proceso de reversión requiere más creatividad que recetas, y menos en tiempos de pandemia. Lo formal, además, es 90% atentado a la salud: si tu seguro es la CNS y tenés Covid, tenés que ir en persona a tramitar tu baja, por ejemplo.

Tenés Covid y te dicen aíslese en su casa, disponga de baño propio, desinfecte. ¿Quién puede cumplir esas indicaciones? ¿Cuántos pueden acceder a análisis de laboratorio a domicilio, placas del tórax, previo traslado de ambulancia? Casi nadie.

Quienes están contagiando están por todos lados: en los mercados, los micros, los consultorios, los bancos y los trámites. Quien sabe que tiene Covid y porque se siente bien, sale igual por necesidad, pero también están los Covid positivos que no tienen posibilidades de cumplir las indicaciones: los que no tienen más que un baño en casa (si tienen baño), los que son sostén económico de la familia, los que temen perder el trabajo si dicen que enferman; los que están obligados a salir a munirse de alimentos, de medicamentos, de consulta médica, de trámites para el seguro público o privado. 

La pandemia nos agarra en curva porque Bolivia es un país informal, desorganizado, complejo, improvisado. 

Frente a un Estado nacional fracasado que ahogó a las minorías legalmente establecidas, que producen impuestos durante 14 años, repartió recursos sin educación para la vida y fomentó la informalidad y la migración de la pobreza a las ciudades; cuando pareciera que no queda esperanza, es hora de salir al paso y empezar a construirla con salud, educación y dignidad desde lo local.

Gabriela Ichaso Elcuaz  es escritora.

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