Rolando Morales Anaya

Ajedrez y política

miércoles, 13 de octubre de 2021 · 05:10

Algunos niños y jóvenes bolivianos han mostrado excelentes desempeños en recientes torneos internacionales de ajedrez. Siendo que esta disciplina desarrolla la táctica y la estrategia, pienso que podrían resultar excelentes asesores de los políticos de un bando y del otro para evitar que repitan los errores de octubre y noviembre 2019 y que sigan cometiéndolos en la actualidad. Algunos conflictos de los últimos meses nos llevan a esa reflexión.

Por ejemplo, la pelea por las banderas es comparable a jugadores de ajedrez que atacan o defienden a un peón poniendo en riesgo a las fichas mayores.

Otro ejemplo: es necesario que las autoridades judiciales determinen las responsabilidades de las muertes en el año 2019, pero tienen que hacerlo mostrando imparcialidad, respetando los derechos humanos y evitando su propio desprestigio y el del poder ejecutivo. En este marco, deberían permitir que la señora Jeanine Añez y sus coacusados se defiendan en libertad incluso corriendo el riesgo de que fuguen. Si ocurriese esto último, el gobierno ganaría un punto en desmedro de la oposición. Sería como sacrificar un peón para proteger a un alfil.

En una película que vi hace muchos años y cuyo nombre no me acuerdo, dos jugadores convinieron jugar ajedrez en dos tableros de vidrio superpuestos con fichas en ambos. La regla era que cualquier movimiento en uno de los tableros se anotaba también en el otro tablero. Obviamente, la película no dio el resultado porque era un juego imposible. En política está pasando algo similar, pues la población tiene la sensación de estar frente a dos gobiernos, uno técnico y otro político con jugadas cruzadas y tiene la impresión de que la oposición juega a dos cartas, el conflicto social y la desestabilización del gobierno. El resultado será el bloqueo de ambos jugadores, los que tendrán que abandonar la partida, como en el caso de los dos tableros de ajedrez.

Los indígenas del oriente, preocupados por la invasión de sus tierras por los collas del occidente, iniciaron una marcha de 36 días y se fueron a acampar a Santa Cruz pidiendo que el presidente de la república vaya a escucharlos allá. Es como si un ajedrecista inexperto privilegiara un jaque al rey sin preocuparse de ganar posiciones en el tablero y sin una estrategia de juego. El rey evitará el jaque y el presidente se volverá a La Paz sin haber ayudado a resolver el problema planteado por los indígenas. Sin duda, éstos tienen razón de preocuparse, pero todos tienen que entender que las migraciones de collas se originan en la necesidad que tienen de mejorar sus condiciones de vida. A este conflicto se mete mucha gente, es como si el público interviniera en un partido de ajedrez con la diferencia que en este caso lo hace movido por intereses políticos o económicos.

¿Se puede intervenir en el partido que juegan dos ajedrecistas? Claro que no. Si se lo hiciere, al responsable se le pediría abandonar el recinto del torneo. En las últimas semanas, la opinión pública ha comprobado que eso también ocurre en política cuando el gobierno quiso intervenir en el conflicto de dos grupos de cocaleros rivales y terminó expulsado.

El ajedrez se juega con reloj al igual que la política, pero algunos políticos lo ignoran, por lo que serán perdedores por haber pasado el tiempo que tenían para hacer propuestas, programas y para organizarse como partido. Es el caso de toda la oposición que duerme y que se despierta solo cuando suena el reloj anunciando el fin de la partida.

En toda competencia deportiva, que sea ajedrez, fútbol u otra disciplina, es un error insistir con la misma estrategia cuando en juegos pasados no dio resultado. Esto también es válido en política cuando asistimos aburridos al intercambio de opiniones sobre golpe o fraude, que ya dura cerca de dos años, con referencia a los hechos de octubre y noviembre 2019. ¿Los unos y los otros no podrían decir algo nuevo y cambiar de estrategia? Vale esta reflexión también para la selección nacional de fútbol.

Un alto dirigente nacional aceptó asistir a una reunión convocada por un dirigente regional y aceptó compartir su estrategia de ataque al oficialismo, sacrificando su imagen. En ajedrez, esto sería pensar que un peón puede ser el artífice de una estrategia ganadora.

Hemos tenido en el pasado grandes ajedrecistas y seguimos teniéndolos. Hemos tenido también grandes políticos como Paz Estenssoro, Tristan Marof, José Antonio Arze y muchos otros, pero ya no los tenemos más. En la actualidad, hay pocos políticos (o quizás, ninguno) que tenga un discurso que valga la pena de ser escuchado y tomado en cuenta por la población ¿Qué hacer?

Mientras pensamos qué hacer, la oposición lanza canicas al tablero de manera a desbaratar el juego buscando que termine sin ganador ni perdedor.

 

Rolando Morales Anaya es economista

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