Nidya Pesantez y Rosee Noda

Conviviendo con la Pachamama: Mujeres Rurales

sábado, 16 de octubre de 2021 · 05:08

Las mujeres rurales y agricultoras representan más de un cuarto de la población mundial, y casi un tercio del empleo femenino se concentra en la agricultura en el mundo. En América Latina y el Caribe, 58 millones mujeres viven en zonas rurales.

En Bolivia, más de 2.5 millones de personas están ligadas a unidades productivas agrícolas. En ese contexto, el 85,7% de las mujeres rurales trabajan en la agricultura y la pecuaria, cumpliendo un rol esencial en todo el proceso de producción, transformación y comercialización.

Las mujeres rurales tienen un papel crucial en la preservación del medio ambiente, debido a que dependen directamente de éste, las mujeres aprendieron a adaptarse y a responder a transformaciones sociales, físicas, químicas y biológicas que a lo largo del ciclo vital enfrentan; sin embargo, y en respuesta a los efectos del cambio climático, esta adaptación se ha vuelto más versátil y creativa.

En cuanto a la primera afirmación, sabemos que las mujeres rurales tienen mayores posibilidades de mejorar su situación si su entorno es rico en elementos indispensables para la subsistencia: agua limpia, suelos fértiles, semillas orgánicas y sanas; garantizar la subsistencia aporta a la autonomía y ésta impacta positivamente en su empoderamiento. Por el contrario, si su entorno es escaso tendrán menos posibilidades de subsistencia y por lo tanto sus oportunidades de autonomía y empoderamiento se verán disminuidas. Por otro lado, frente a la segunda afirmación, las mujeres descubrieron con rapidez  qué cultivos y qué plantaciones se deben usar para mitigar la erosión de la tierra, cuáles se deben incluir o mantener para evitar que el aumento del nivel del mar limite sus recursos terrestres; y se ingeniaron las medidas que deben tomar frente a los riesgos de inundaciones para mantener sus recursos. Saben a ciencia cierta que dependen de la Pachamama, y no hay mediación con los grandes mercados, no se dejan llevar por el espejismo. Son por tanto el presente y futuro de la sostenibilidad.

Sin embargo, las mujeres rurales sufren "discriminación, racismo sistémico y pobreza estructural". Por reglas de herencia, desigualdades de género y normativa a veces ciega al género, tienen limitaciones para acceder a la tierra, recursos productivos, pero también a la información y a las tecnologías; y esta situación puede llegar a ser aún más compleja para las mujeres indígenas y afrodescendientes.

De las mujeres que viven en el campo en América Latina y el Caribe, sólo un 30% poseen tierras agrícolas. Al no ser dueñas de la tierra que trabajan ni de otros bienes, tienen menos acceso a los productos financieros porque estos no están pensados en su cotidianidad y su economía.

Aportar en la mejora de condiciones de las mujeres rurales requiere trabajar con medidas específicas para, por un lado, garantizar que no sean las excluidas sistemáticas de los beneficios del desarrollo y, por otro lado, asegurar su participación plena en los espacios de toma de decisiones.

Frente a esta constatación, en los últimos años FAO y ONU Mujeres han puesto especial énfasis en un trabajo direccionado a las mujeres rurales, por ejemplo, se ha contribuido con asistencia técnica a más de 2.500 mujeres que trabajan con productos no maderables y de la agrobiodiversidad, quienes se han convertido en el nexo entre los sistemas alimentarios del pasado y los del presente. El trabajo ha incidido en el empoderamiento de asociaciones productivas de mujeres rurales, el fortalecimiento de organizaciones de productoras y de cadenas de valor vinculadas a la producción de miel, frutos del bosque, como asaí, copuazú, majo y castaña, algodón de color, cañahua y quinua.  Se ha trabajado en la potenciación de la producción de alimentos bajo sistemas agroalimentarios tradicionales y la mejora de la nutrición de las familias, lo que implica optimizar las condiciones de producción, transformación y comercialización de alimentos.

En el contexto de la pandemia, las mujeres rurales enfrentan los mismos desafíos que todas las mujeres, además de obstáculos adicionales, como mayores tasas de desnutrición, limitación de servicios públicos, junto con un incremento todavía mayor en la carga de cuidado, y la interrupción de la cadena de producción alimenticia que impactó particularmente a productoras de alimentos a pequeña escala.

Este 15 de octubre, reafirmamos nuestro compromiso con las mujeres rurales, empezamos reconociendo la necesidad de orientar cada vez más acciones y mecanismos especializados y específicos para alcanzar su plena integración en los beneficios del desarrollo sostenible, para incluir sus conocimientos y saberes en las medidas de adaptación frente a los efectos del cambio climático e incrementando nuestro contingente para contribuir con su resiliencia.

 

Nidya Pesantez es jefa de la Oficina de ONU Mujeres en Bolivia  y Rosse Noda, Oficial a Cargo de FAO en Bolivia

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