Sonia Montaño Virreira

A fuego lento

domingo, 24 de octubre de 2021 · 05:10

El jueves pasado me invitaron a un encuentro, más bien lúdico, para conversar sobre los derechos de las mujeres, con un grupo de personas  provenientes de distintos ámbitos profesionales, acompañado de un menú delicioso preparado por la Chef Valeria y “La casa de Margarita”, que es una de las iniciativas más novedosas de hotelería y restaurantes de Cochabamba. El cálido ambiente adobado por “la calor” del alguna vez considerado granero de Bolivia me llevó a proponer el título que hoy encabeza esta columna.

Evitaría hablar de los numerosos hechos históricos que enorgullecen a Cochabamba, como la gesta de la Coronilla de 1812, cuando las mujeres de la ciudad lideradas por Manuela Gandarillas se organizan y deciden dar resistencia, cayendo ante a los españoles  en ausencia del ejército patriota. Se trataba más bien de sugerir que los avances en los derechos de las mujeres se cocinan “a fuego lento” y a veces demora mucho tiempo hasta cristalizar en resultados, vale decir en ejercicio real de los mismos. De la lucha de aquellas “valerosas mujeres” quedó el Día de la Madre, marcando la persistencia de un valor que ha enfriado el significado de esta batalla militar hasta transformarse en un día de intercambio de golosinas, planchas, automóviles y hasta mariachis. Por contraste, ninguna batalla protagonizada por hombres ha inspirado el día del padre para quienes la patria, aunque es mujer, se representa con héroes caídos, muchas veces derrotados y engalanados con la bandera o las banderas que hoy son parte de una disputa nacionalista lamentable.

Volviendo al principio, lo cierto es que  los derechos de las mujeres se cocinan a fuego lento y muchas veces se chamuscan, como ocurre con tantas revoluciones. Así ocurrió con el derecho al voto obtenido en 1952. Entre la aprobación del sufragio universal y la presencia de mujeres electas en la representación política pasó demasiado tiempo, inclusive desde la perspectiva de una democracia joven y varias veces interrumpida.

Hasta los años noventa se mantuvo un número mínimo de mujeres parlamentarias y solamente hubo dos mujeres en los más altos cargos ejecutivos, una de ellas: Lidia Gueiler,  electa por el Congreso boliviano luego de una trayectoria más relevante que la de muchos compañeros de su partido. Recién a partir de la introducción de las cuotas por ley en 1997  comenzó a subir el número de mujeres hasta llegar a la paridad con alternancia resultado de la nueva Constitución. Este logro se quemó en el trayecto cuando las mujeres electas tuvieron que enfrentar dos grandes amenazas: el acoso político y la falta de democracia interna en los partidos. En el primer caso muchas dejaron sus cuerpos fruto del asesinato político de sus adversarios convertidos en enemigos, desalentando así la participación de otras. En el otro -el de la paridad- se chamuscó la presencia de mujeres que convivió con el sometimiento de la Asamblea Legislativa al Poder Ejecutivo. Todavía debemos recordar al MAS, que como parte de su proyecto autoritario  dejó fuera  a la “librepensante” Rebeca Delgado o perdió a la exministra de Defensa Cecilia Chacón porque ambas osaron discrepar de los jefazos.

En el último tiempo estamos siendo testigos del surgimiento gradual, lento, a fuego muy lento, de mujeres cuyas voces resuenan en favor de la democracia, la senadora Cecilia Requena, la valiente Andrea Barrientos, la brillante Toribia Lero y la senadora Rek, todas parte de partidos débiles de aprendizaje muy lento. Ellas tienen en común una agenda democrática amenazada por el autoritarismo en marcha llevado a cabo con empeño desde el oficialismo, por los usos y costumbres de los partidos políticos y por hechos como el lamentable comportamiento de una exdiputada que no cesa de ventilar juicios contra quien ordene el gobierno y cuyo nombre omito para visibilizar al ministro de Gobierno que maneja los hilos sin pudor. No quisiera ver el momento en que la exdiputada se canse del maltrato. Figuras como ella han salido de las sombras, aferrándose al fuego del abuso y no dejarán nada para beneficio de la democracia.

 

Sonia Montaño Virreira es socióloga feminista.

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