José María Cabrera

De Alemania para el mundo

miércoles, 6 de octubre de 2021 · 05:09

Antes de la medianoche, del mismo día en que más de 61 millones de alemanes fueron convocados a las urnas para elegir a su nuevo gobierno, Olaf Scholz, el candidato del Partido Socialdemócrata SPD, es anunciado por dos encuestadoras a boca de urna, como el ganador de las elecciones.

No obstante ello, ni Scholz ni su Partido son ya Canciller y Gobierno electos, habilitados para suceder a la legendaria Angela Merkel, quien se mantiene por casi dieciséis años, y cuatro elecciones consecutivas, al mando de Alemania junto a su Partido, la Unión de la Democracia Cristiana CDU/CSU.

¿No es aquello un error, acaso en Democracia no basta tan solo con ganar la elección para asumir el Gobierno e imponerse a sus adversarios?

Si se tratase de un Gobierno de Forma Presidencial, como Estados Unidos, o Presidencialistas, como en América Latina, bastaría.

Sin embargo, Alemania y la gran mayoría de países europeos mantienen Formas de Gobierno Parlamentarias, de manera que sus ciudadanos no eligen de manera directa a su Gobierno, sino más bien a sus parlamentarios; en el caso alemán a 735 Diputados que conforman el Bundestag, y que en una votación posterior, luego de arribar a consensos y acuerdos, recién elegirán al nuevo Canciller.

Ante este panorama, la Democracia alemana enfrenta hoy un nuevo desafío, pues desde 1949, y durante 72 años, bastaba para conformar coalición de gobierno aliarse con tan solo un Partido, y con ello enfrentar prácticamente también a un solo Partido en la oposición.

Nada de esto sucederá ahora, pues las elecciones actuales han repartido las opciones de los ciudadanos entre seis Partidos: Rojos 25%, Negros 24%, Amarillos 14%, Verdes 11%, Azules 10%, y Púrpuras 4%; de manera que las dos posibilidades de coalición más probables, la llamada Semáforo y la Jamaica (por los colores de los Partidos integrantes), implicará un gobierno de tres, y además una sólida oposición de los también tres restantes.

Pero acá no termina la peculiaridad alemana, pues la conformación del nuevo Gobierno, ni aún conociéndose todos los curules obtenidos por los diferentes Partidos, se concretará de inmediato, sino que ello recién marca el inicio de largas negociaciones para arribar a acuerdos programáticos y evidentemente la posterior distribución de las carteras de Estado. Varios meses deberán pasar hasta que Alemania y el mundo conozcan quién finalmente será su nuevo Canciller y los Ministros que lo acompañarán, tiempo durante el cual la Canciller y Gobierno en funciones se mantienen a cargo.

¿Y qué enseña pues, al mundo de hoy Alemania, con la situación actual que enfrenta su sistema electoral y democrático?

La respuesta es contundente: diálogo y búsqueda eficaz de consensos mínimos entre los partidos políticos, como baluarte esencial para el funcionamiento de la Democracia, y no así la contienda ultrapolarizante y de enfrentamiento sin cuartel, que hoy campea tanto en Estados Unidos como en prácticamente toda Latinoamérica, y que conlleva el peligro de liquidar a los sistemas democráticos con el advenimiento de gobiernos totalitarios, en donde la convivencia pacífica y el desarrollo de los pueblos, nuevamente se vean postergados.

Por eso también Bolivia, que ya tomó antes del modelo alemán muchas mejoras para la Democracia: como las Diputaciones Uninominales, el sólido esbozo de un Tribunal Constitucional de prestigio, y mecanismos de interrelación entre la administración central y las regionales; debe volcar atenta mirada a este nuevo ejercicio alemán de diálogos interpartidarios, en búsqueda de arribar a consensos mínimos para garantizar convivencia pacífica, posibilidades de desarrollo, y tantos otros frutos que la Democracia puede sin duda alguna prodigar mejor que cualquier régimen totalitario, y esto, no quepa duda alguna, para el bienestar y beneficio de todos.

 

*@JoseMariaCabre es abogado constitucionalista, profesor de Derecho y ex Procurador General del Estado.

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