Carlos Derpic

Interpretando textos

viernes, 8 de octubre de 2021 · 05:11

Un texto evangélico muy conocido (Mt. 6,29) dice: “Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra; (…)”. Otro, también conocido (Mc. 10,25) dice: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios”.

La interpretación literal del primer texto es una visión masoquista del cristiano, que debe vivir resignado, aguantándolo todo; es un cristiano incapaz de rebelarse, de plantar cara por sus derechos, feliz de ser agredido y pisoteado. El caso del segundo texto, parece cuando menos una exageración: ¿cómo comparar el ojo de una aguja con el ingreso al Reino de Dios? ¿No sería mejor decir “imposible” en vez de semejante absurdo?

Pues bien, si se deja de lado la interpretación literal, uno encontrará, de la mano de estudiosos serios de la Biblia, como Walter Wink, que dar la otra mejilla era una acción de resistencia no violenta a las acciones del opresor. Y se enterará que “ojo de la aguja” era una expresión para hacer referencia a las esquinas apretadas que, en tiempo de Jesús, había en Jerusalén, en Palestina, en el centro de Beirut, por las cuales los camellos pasaban con mucha dificultad.

Con el Derecho sucede algo similar. Luis Recaséns Siches, comenta en su “Tratado de Filosofía del Derecho”, que en una estación de tren en Polonia, un reglamento prohibía le entrada de personas con perros al andén. Todo iba bien, hasta que apareció alguien que quiso entrar con un oso. El encargado de seguridad le impidió hacerlo, a lo que el afectado replicó que el animal que él llevaba consigo era un oso y no un perro. Por supuesto, desde una interpretación literal del reglamento, el propietario del oso tenía toda la razón; pero, desde una interpretación que buscara el espíritu de la norma, que era evitar molestias, desorden y disgustos a quienes se encontrasen en el andén; que era protegerles de ladridos y quien sabe de mordeduras, tenía razón el empleado de la estación.

La interpretación literal o gramatical del Derecho es de larga data. Se expresó con notoriedad con los Glosadores, deslumbrados con el Código de Justiniano, y continuó con los Postglosadores. A principios del siglo XIX, con la vigencia del Código Civil de Napoleón, surgió en Francia la escuela de la exégesis, que no solo interpretaba literalmente al mismo, sino que llegó a considerarlo como algo sagrado, que contenía la solución para todos los problemas de la sociedad; se hablaba de la “plenitud hermética del Derecho”. La exégesis llevó a la identificación entre Derecho y ley, con total prescindencia de situaciones de orden político, económico, social e histórico; y con total prescindencia de otras fuentes del Derecho distintas a la ley, como la jurisprudencia, la doctrina, los principios generales del Derecho.

La exégesis sigue vigente en voz de quienes dicen que en 2019 no hubo sucesión constitucional, sino autoproclamación de la Sra. Añez; de quienes afirman en 2019 hubo golpe o ruptura del orden constitucional. Son los exégetas del siglo XXI, que no ven, o no quieren ver, que en noviembre de aquel año hubo renuncia y fuga del expresidente y vicepresidente, e intento de generar un vacío de poder que hiciera arder al país y permitir, en medio del caos generado, el retorno victorioso de los fugados.

Los exégetas del siglo XXI se parecen al ex presidente norteamericano Ronald Reagan que, con películas de Rambo y Rocky, pretendió borrar la historia de la derrota de EE.UU. en Vietnam. Quieren, interpretando literalmente la ley, convencernos que en 2019 hubo golpe, lo cual no es, ni remotamente, cierto.

 

Carlos Derpic es abogado.

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