Ignacio Vera de Rada

Putrefacción mediática estatal

viernes, 8 de octubre de 2021 · 05:10

En los últimos días, he estado observando con particular atención las publicaciones de los medios de comunicación estatales. Asunto muy importante debería ser éste de los medios en la agenda pública y el Parlamento porque —como el de la educación pública y privada— hace al bienestar no ya físico, sino espiritual y cultural de la colectividad.

Como ya apunté en algún otro artículo, cuatro son los medios estatales que están funcionando desvergonzadamente como brazos operativos del actual Gobierno: el periódico Ahora el Pueblo (otrora Cambio y Bolivia), el canal televisivo Bolivia TV, la radio Red Patria Nueva y la Agencia Boliviana de Información. Si bien el uso arbitrario de los medios estatales por parte del gobierno de turno no es un fenómeno nuevo en Bolivia, ahora ha llegado a niveles de alarmante descaro. El contenido de los cuatro medios es nocivo tanto en lo político como en lo cultural. En lo político, porque —como es de general conocimiento— solo se publican diatribas hacia el opositor y glorificaciones al oficialista. En lo cultural (aspecto no menos importante que el anterior), porque, en el marco del discurso de la descolonización, solamente se hace apología de lo vernáculo, dejando sin cabida alguna a expresiones culturales de allende las fronteras y fomentando, de esta manera, lo que se llama inercia cultural.

A las izquierdas populistas y a los regímenes totalitarios como el de Hitler o el de Stalin les incomoda que las masas despierten de su letargo y se vuelvan racionales y críticas o, cuando menos, más despiertas. Es por ello que recurren a la censura de contenidos y a la persecución de los intelectuales. Como dice el gran historiador británico Ian Kershaw en su libro El mito de Hitler: Imagen y realidad en el Tercer Reich, «por encima de todo, la propaganda [nazi] resultaba eficaz allí donde venía a fomentar, no a contrarrestar, unos valores y unas mentalidades ya existentes». Con esto se refiere a que el poder y el culto a la personalidad del gobernante se solidifican allí donde las mentalidades son un campo fértil para la falacia o, directamente, para la desfiguración de la realidad. Y es justamente en ese campo donde luego florecen y arraigan los caudillos y el populismo. Como indica Max Weber, es en la sociedad «primitiva» donde prosperan los caciques, los jefes militares, los profetas y los hechiceros.

Es por todo eso que el poder actual manipula discrecional y abusivamente los medios de comunicación del Estado. Pero a esos cuatro medios señalados se suman otros más, que son, podría decirse, paragubernamentales. En mi mencionada revisión de medios detecté un periódico paceño, unos cuatro canales de televisión y muchas radiodifusoras de menor importancia. (El lector de este artículo sabe a qué medios me refiero, pero no los mencionaré por sus nombres porque correría el riesgo de ser enjuiciado). En total, son unos quince medios informativos que trabajan día a día y a nivel nacional en la propaganda del partido oficialista.

Y así como la corrupción de las mentalidades colectivas requiere de años o incluso decenios, su levantamiento de la prosternación también demanda algo de tiempo. Es por ello que el daño que se le está haciendo a la colectividad boliviana a través de los medios de comunicación controlados por el poder, sumado al de la mala calidad educativa (que también fomenta el culto a la personalidad), es terrible. El fruto venenoso de esa hierba mala se verá en el futuro.

Por todo ello, el papel de los medios de comunicación verdaderamente independientes será crucial en los años venideros, so pena de ver cómo las masas se siguen hundiendo en las distorsiones y falsedades que se propalan a mansalva. Los intelectuales (periodistas, escritores, académicos, etc.) también están llamados a ejercer su sacerdocio moral y cultural en este asunto. Deben tratar de dirigir la mirada de las masas y la clase política hacia la verdad.

 

Ignacio Vera de Rada es profesor universitario.

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