Juan Cristóbal Soruco Quiroga

Bajar la fiebre

lunes, 15 de noviembre de 2021 · 05:12

El tiempo de transición que el país vive desde el referendo constitucional de febrero de 2016 entre un ciclo dominado por el masismo hacia otro que aún no es posible identificar con claridad se alarga innecesariamente, por el predominio de los interese sectarios, la falta de visiones de país a largo plazo, profundos errores en la conducción de la administración estatal y una desarticulada oposición.

Me siento, como probablemente muchos que estamos en la “tercera edad”, reviviendo la transición entre el militarismo y la democracia entre 1978 y 1982 del siglo pasado. Creo que, entonces, nadie pensaba en que luego se abriría el período democrático más largo de nuestra historia, en el que se comenzó a construir un andamiaje institucional que, sin desconocer sus falencias, permitió mejorar sustancialmente los niveles de vida de la mayoría de la población.

Como me he animado a sostener desde que el ex presidente fugado perdió el referendo constitucional de febrero de 2016, el MAS está actuando como a finales de los 70 del siglo pasado las FFAA, tratando de aferrarse al poder a como dé lugar, vaciado de todo proyecto político de mediano alcance.

Lo que ha sucedido desde octubre de 2020 hasta ahora es la muestra de una gestión gubernamental que sólo recurre a la fuerza y la violencia para tratar de aplicar sus desatinadas políticas dirigidas a crear un Estado autoritario, que se rodea de lo peor de las expresiones sociales ya acostumbradas a la prebenda y que tiene en el “sálvese quien pueda” su razón de actuar, que se traduce en cómo aprovechar para su propio beneficio los espacios de poder que han cooptado.

En ese orden, así como creo que el gobierno de Luis Arce en vez de asumir el papel reparador que en 1982 tuvo Guido Vildoso, optó por convertirse en una mala copia de la gestión de Luis García Mesa y, como éste, no tiene, por voluntad propia, capacidad de conducir al país.

Permítanme una digresión. La elección de Luis Arce como candidato del MAS por Evo Morales es muy parecida a la elección de la ex mandataria argentina Cristina Fernández de Kirchner de Alberto Fernández como su candidato presidencial. Con esas decisiones, ambos caudillos mostraron su profundo desprecio por el destino de sus respectivos países y que sólo les interesa satisfacer sus desmedidas ambiciones. Pero, los ciclos terminan y la historia sigue avanzando. Y como en nuestro país el desgobierno se deslegitimiza cada vez más, en Argentina ayer, presumo, porque esta columna ha sido escrita el pasado sábado, el kirchnerismo ha sufrido una de sus peores derrotas electorales, al punto que puede marcar su fin como corriente peronista.

Volviendo al país, con la decisión del Ejército de suspender una provocativa demostración de fuerza en Santa Cruz y la presión para que el gobierno derogue o modifique la Ley 1336, podríamos encontrarnos en una situación similar a la que había en 1982: que las corrientes democráticas que aún subsisten en el MAS (como en aquel año algunos sectores de las FFAA), dándose cuenta de su agotamiento, logren establecer las condiciones para ingresar pacíficamente al camino de la renovación institucional, la recuperación de principios básicos de convivencia pacífica y de capacidad de construir visiones de país que permitan enfrentar seriamente la crisis económica, política, cultural y moral que nos sacude.

La forma en que podremos resolver este proceso de transición no está solo en manos del oficialismo. Las diferentes oposiciones tienen su cuota parte de responsabilidad (como la tuvieron en 1982), y debieran darse cuenta de que mantener posiciones triunfalistas o regresivas puede ayudar, más bien, a atizar el conflicto.

Al parecer, es hora de bajar la temperatura política.
 

Juan Cristóbal Soruco Quiroga es periodista.

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