Sonia Montaño Virreira

¿La ira del Inca o la mano divina? La cola del diablo

domingo, 21 de noviembre de 2021 · 05:10

Algunos  funcionarios del MAS están iracundos. En poco tiempo han vivido tres derrotas significativas y algunas heridas vistosas como las de aquel senador que, exhibiendo un rasguño, afirma haber sido estrangulado (o casi) cuando él mismo era protagonista del abuso para impedir que la oposición se exprese. Da la impresión de que  algunos legisladores faltos de argumentos esperan que alguna divinidad salga en su apoyo. No es comparable con  Maradona en 1986, a quien “la mano de dios” le ayudó a marcar un gol emblemático de la (mala) suerte, según desde el lugar donde se vea.

Sin embargo, la trampa de Maradona en la final del Mundial de 1986 tenía algo de elegancia muy distinta a la vulgaridad y torpeza con la que vienen actuando los oficialistas. Hay quienes piensan que el ídolo argentino actuó impulsado por el “instinto por ganar” y, claro, la complicidad del Altísimo. En el caso que nos ocupa, no hay ni virtuosismo y al parecer tampoco la mano de Dios, sólo una vocación de poder a cualquier precio. Acostumbrados a aprobar leyes enviadas desde el Ejecutivo gracias a la aplanadora o mayoría circunstancial, no tuvieron la prolijidad necesaria para legislar y menos la vocación democrática para buscar consensos.

Luego de que el presidente Arce prometiera abrogar la ley, no perdieron tiempo en incluir en la exposición de motivos de la abrogación toda la retórica que criminaliza la protesta social. Una retorcida forma de no saber perder. Si algún marciano ocioso revisara ese texto en el futuro, no entenderá por qué se anula una ley que era la acción de unos “malvados golpistas obsesionados con desestabilizar el país”, que es como consideran a la ciudadanía que protestó toda la semana. Debe resultar incomprensible para muchas personas, que luego de repetir majaderamente que en 2019 no hubo fuga, pero sí golpe, muchas de “sus bases” se hayan sumado a las movilizaciones pacíficas para la abrogación de una ley que, a título de combatir las ganancias ilícitas, consumaba la subordinación de la justicia y ampliaba las puertas para la persecución política al estilo de Nicaragua y Venezuela. La verdad oficial que equivale a la mentira cotidiana sin matices es simple: el país está dividido  entre el “pueblo” masista y la oposición facha; entre medio hay una lista de traidores que  pronto serán reemplazados por los tránsfugas.

Tan molestos están que el vicepresidente Choquehuanca se sumó a las provocaciones abandonando su estilo new age y sacando una afilada lengua para recordar que “todo tiene su límite” al mismo tiempo que, amenazante, pedía “no despertar la ira del inca” porque dijo que,  “cuando el pueblo se levante, nosotros vamos a levantarnos”, proyectando su inconsciente confusión  sobre si él encarna al pueblo, al inca o a un híbrido de ambos. Lo que Choquehuanca hizo, aparentemente, fue revivir antiguos sentimientos, odios, expectativas o deseos  reprimidos que con tanto esfuerzo oculta cuando llama a la reconciliación para fines de exportación. Lo cierto es que con esas confusas posturas  está abonando el ya envenenado territorio de la desconfianza, inseguridad y resentimiento que  afecta a la ciudadanía. El inca Choquehuanca y sus aliados parecen abandonados por Dios, la Pachamama y están cada día más cerca de sus propios demonios.

 

Sonia Montaño Virreira es socióloga feminista

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