Patricia Costas

El Evoceno

miércoles, 24 de noviembre de 2021 · 05:10

El MAS no inventó la partidocracia, pero la está llevando a otro nivel. Este modelo de administración del gobierno central tiene como objetivo la imposición de la agenda partidaria por sobre otras agendas. Cuando celebrábamos la incorporación masiva de indígenas y mujeres a la Asamblea Legislativa pensábamos que podrían, finalmente y con voz propia, incorporar sus agendas (entiéndase el conjunto de sus necesidades y propuestas). Sin embargo, una vez en el ejercicio de sus funciones, su principal responsabilidad había sido la de responder a la agenda partidaria, porque al final de cuentas ocupaban estos espacios de poder en representación de dicho partido. Aunque al inicio hubo esfuerzos, por parte de algunos y algunas legisladoras, de colocar en el debate político sus agendas, la maquinaria partidaria se encargó de hacer prevalecer su agenda por sobre la diversidad de agendas existentes. Pese a las expectativas de que el MAS iba a gobernar de distinta manera que los gobiernos que lo precedieron, el sistema de partidos no ha cambiado en sus gestiones. Al contrario, se ha reforzado en lo jerárquico y riguroso, donde el líder tiene poderes ilimitados –basta ver que sin tener un cargo oficial en el gobierno hace uso de recursos públicos– y donde las disidencias son duramente castigadas.

La agenda que tiene el MAS consiste en consolidarse y perpetuarse en el poder. Para ello, hacen uso del aparato del Estado, ya que para cumplir con las necesidades del partido se usan los recursos, la infraestructura y todo el personal necesario para trabajar en ello. Esto ha provocado también la postergación de otras agendas (educación, salud, defensa de la madre tierra, etc.) porque todo el aparataje estatal se concentra, y cada vez con más intensidad, en el cumplimiento de la agenda partidaria. Este modelo tiende al absolutismo y a la cooptación de todos los espacios posibles, no sólo en los distintos órganos del Estado (legislativo, judicial, electoral), sino también de las estructuras sociales. Esto se puede evidenciar: primero, en el papel que juega, por ejemplo, el dirigente líder de la COB, ¿dónde dice, en su estatuto orgánico, que entre las atribuciones del Secretario Ejecutivo debe ser el cumplir con la agenda partidaria del gobierno de turno? Si se está concentrando todo el esfuerzo en defender la agenda partidaria, ¿en qué momento se trabajará la agenda orgánica que exigen sus afiliados? Segundo, en el complejo aparato propagandista, de carácter paraestatal, manejado con recursos públicos (no se esfuerzan en negar que operan en instalaciones estatales). Finalmente, se puede evidenciar en los grupos de choque que operan ya sea liderando a la Policía o siendo resguardados por ellos. Las llamadas fuerzas del orden, otra institución al servicio del partido, no disimulan el trato diferenciado que tienen respecto a estos grupos.

Como país, ¿a dónde nos va a llevar esto? Cuando digo que la partidocracia con el MAS está escalando a otros niveles no me refiero a la Evocracia, sino al Evoceno, en el que, al igual que con el antropoceno, los seres humanos impusieron su visión del mundo sin importar las consecuencias para otros seres vivos en el planeta, en su entorno e incluso en nuestro futuro como humanidad. Con el Evoceno, estamos entrando a una etapa en la que, sin importar cuánto se destruyan el tejido social, la democracia y la credibilidad de los gobernantes y las instituciones, se nos quiere imponer una manera de ver el mundo, que aunque tenga lógica para el líder y sus seguidores, está afectando drásticamente al país. Esto se puede ver en la conflictividad social en ascenso sostenido. Al igual que ahora estamos experimentando las consecuencias del accionar humano y como especie nos estamos quedando sin planeta para seguir explotando; en el Evoceno, de la misma manera, el líder ya no tendrá país que gobernar, de la manera en como lo está destruyendo.

 

Patricia Costas es socióloga

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