Pedro Portugal Mollinedo

Paradojas en la abrogación de la Ley 1386

miércoles, 1 de diciembre de 2021 · 05:10

A mediados de noviembre, el gobierno retiró la polémica ley contra la legitimación de ganancias ilícitas. La razón esgrimida: para no “seguir enlutando, para seguir maltratando, para seguir paralizando nuestra economía”. En realidad, esa tragicomedia es solo muestrario de las paradojas y contrasentidos que abundan en la historia política de nuestra patria.

Bolivia suele ser calificada de Estado fallido, concepto que designa las administraciones sin gobernabilidad y estabilidad y por ello incapaces de garantizar el orden público y los derechos fundamentales de sus ciudadanos. Otros, más condescendientes, la consideran como Estado semifallido, pues por lo menos tendría apariencias de institucionalidad, legitimidad y control.

Fallido o semifallido: atroz caracterización de nuestro país. ¿Lo acontecido estos últimos meses abonan estas caracterizaciones?

Lo fundamental en un Estado es disponer de un parque legal para su desenvolvimiento, que debe fundarse en las necesidades y obligaciones locales. La justificación del gobierno a la necesidad de la Ley 1386 fue que era, literalmente, una imposición internacional. El canciller Mayta señaló que así se satisfacía “estrictamente” los lineamientos del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI).

Un gobierno que hace del localismo orgullo identitario y del repudio a la imposición extranjera su banderola para atraer la simpatía de luchadores por la independencia y la autonomía de los pueblos, revela que lo sustancial en las leyes en Bolivia es que son adoptadas por imposición foránea… o simplemente por voluntarioso afán de seguir modas exógenas.

No es una propensión exclusiva del ámbito político. En una entrevista (“Hay demasiado feminismo quejumbroso”) la docente de la UMSA Alison Spedding relata que el director de sociología señalaba cuando ella pugnaba por incluir el tema del femeninismo en esa carrera: “eso de género es algo que nos ha traído la cooperación internacional, para qué vamos a incluirlo, en cinco años va a estar pasado de moda”. Disposiciones, pensums universitarios y leyes plurinacionales parecen venir de fuera para instituirse voluntaria o compulsivamente entre nosotros.

El gobierno legitima esa ley como obligación internacional, que es rechazada por quienes presenta como sus exclusivas y ardientes bases de apoyo: los movimientos sociales de gremiales, transportistas, cooperativistas mineros, minoristas, vivanderos y artesanos. Fue su movilización la que obligó su abrogación. Un gobierno que proclama su deseo de socialismo comunitario, desestabilizado por un pueblo que se empodera con los ideales y los mecanismos del más puro emprendimiento capitalista.

Curiosamente, quienes más involucrados están en los mecanismos del capitalismo, cuyas ganancias provienen de la satisfacción de placeres y gustos en los países “desarrollados”, los cocaleros del Chapare, ¡son los más acérrimos defensores del gobierno socialista del MAS! Este gobierno, además, se revela más libremercadista en el tratamiento de la coca, que los de países vecinos. En el Perú, por ejemplo, el gobierno quien controla el mercadeo de la hoja de coca. En Bolivia, tenemos dos mercados de libre oferte y demanda, uno en Cochabamba, otro en La Paz, donde –para machacar en el sarcasmo- el intento del gobierno para controlar en el de Villa Fátima –no el comercio de la hoja coca, sino la prebenda clientelar política- le ocasionó hace poco una de sus más estrepitosas derrotas.

Concluyamos con la sarta de paradojas. Una vez que el gobierno se rinde, que fracasa estrepitosamente, recién se da una “apoteósica” marcha de apoyo. Con despilfarro de dinero, innovaciones marchistas (como que sus carros particulares acompañen paralelamente el paso de sus propietarios). ¿Por qué Evo Morales convoca a destiempo una caminata del “millón de marchistas”? El justificativo de Evo: “Si a mí me hicieron golpe, a Lucho no lo van a hacer”. En realidad, parece más bien un verdadero golpe bajo a Lucho. A tal punto que incluso obliga al actual presidente mostrarse subordinado y dependiente a su mentor, incluso copiando en la marcha el nuevo look del jefe: lentes tipo invidente, de vidrio oscuro al extremo. Marcha que parece desestabilizar al gobernante, y no consolidarlo. Como señalaba un entrañable amigo: “Solo a los masistas se les ocurre marchar contra sí mismos”.

 

Pedro Portugal Mollinedo, fundador de Pukara, es autor de ensayos y estudios sobre los pueblos indígenas de Bolivia

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