Rafael Puente

El gobierno ¿no es de todos?

viernes, 17 de diciembre de 2021 · 05:11

En plena época de crisis económica, política y social, acosados por la pandemia del covid, por la escasez de recursos estatales disponibles, por la escasez de los puestos de trabajo, nos encontramos con que los partidos políticos, en lugar de intentar olvidar sus diferencias y unir fuerzas para enfrentar la crisis generalizada, gastan tiempo, energías y dinero en peleas internas. Y por supuesto el partido más conflictivo es el MAS, no sólo porque interpreta que su principal responsabilidad es pelear con los partidos y grupos opositores, sino porque se encuentra cruzado por desacuerdos y enfrentamientos internos.

La mayor contradicción es la guerra del gobierno central contra el Comité Cívico de Potosí y por tanto contra nuestra ciudad histórica y simbólica (“Bolivia existe porque existe Potosí”). A pesar de tener muchos más problemas que resolver, la Policía despliega sus fuerzas (las de todo el país) para combatir a esos líderes (como si fueran delincuentes). Su expresidente, Marco Pumari, ha sido encarcelado, y su sustituto Juan Carlos Manuel se encuentra en la clandestinidad. Y aunque no sea deseable para nada, está dispuesto a acudir a instancias internacionales. Por supuesto nadie puede aprobar la quema de las oficinas del Tribunal Departamental Electoral, pero lo correcto sería que el supremo gobierno tome medidas legales (averiguando primero el origen de esa quema) y entable un proceso contra los responsables.

Pero no. El Gobierno reprime y promete enjuiciar a toda la ciudad, sin darse cuenta de que con eso está respaldando la autoridad moral (y política) de dicho ente cívico.

Pero además el Gobierno del presidente Arce, en lugar de preocuparse de problemas que afectan a toda la nación, sigue insistiendo en maltratar a la ex presidenta Jeanine Añez y la sigue considerando “golpista”, sin el más mínimo argumento legal ni histórico.

Por su parte, los “grupos de choque” del MAS han llegado al extremo de trasladarse al aeropuerto de Tarija para impedir que Camacho hable de “federalismo” (pese a las expresiones de Evo a favor de una posible Bolivia federal) o sea que están reconociendo que no respetan la libertad de opinión y la libertad de expresión. Y surge el bloqueo de Betanzos, como si los problemas que padece la sociedad boliviana (desempleo y hambre) tuvieran su origen en la libertad de expresión (así entendemos el absurdo apoyo de Evo a Daniel Ortega, exguerrillero y actual dictador de Nicaragua).

Y no vamos a detenernos en comentar el dato curioso de que el matrimonio recién contraído del líder Guillermo Parada se deshace, en plena luna de miel, por el conflicto de los llamados ítems fantasmas.

Pero más allá de estas anécdotas, lo que llama la atención es que organizaciones y líderes populares gasten tiempo y energías en este tipo de conflictos como si los problemas del país (y de la sociedad) no fueran mucho más amplios y estratégicos. A lo que nos convoca la actual crisis mundial es a coordinar esfuerzos para resolver los grandes problemas que enfrenta nuestra sociedad (en el campo de la salud, de la producción agrícola, pecuaria e industrial, de las oportunidades de trabajo). Lo demás (partidos políticos, dirigencias, apetitos personales) resulta totalmente secundario.

¿No están ustedes de acuerdo, queridos lectores? Sería importante que encuentren vías para hacer pública su opinión.

 

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba

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