Windsor Hernani Limarino

Gabriel Boric: “La soberanía no se negocia”

jueves, 23 de diciembre de 2021 · 05:10

La Guerra del Pacífico y la posterior firma del Tratado de Paz y Amistad de 1904 ocasionó que Bolivia sea un país mediterráneo. Desde entonces, el relacionamiento bilateral está condicionado a la permanente reivindicación marítima boliviana.

Ante la controversia, historiadores e internacionalistas chilenos construyeron una posición invariable sosteniendo que: no existen temas territoriales, ni de delimitación fronteriza pendientes; todo fue resuelto mediante el Tratado de 1904, el mismo que debe ser cumplido, conforme las reglas del Derecho Internacional.

El rechazo de la demanda boliviana por parte de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dio un espaldarazo a la postura chilena, no solo porque el fallo estableció que no existe obligación jurídica de Chile de negociar una salida útil y soberana al océano Pacífico, sino también porque la aceptación y posterior juzgamiento, por parte de la CIJ, no hubiera sido posible sin el reconocimiento boliviano de la validez y vigencia plena del Tratado de 1904.

Lo hecho sepultó la tesis revisionista de la política internacional boliviana de nulidad del Tratado de 1904, al haber sido suscrito por la fuerza y la consecuente reversión de los territorios cedidos.

Es ése el actual escenario bilateral, por demás desfavorable para la aspiración boliviana, en el que ocurrió una nueva elección presidencial chilena. El triunfo fue para el candidato socialista Gabriel Boric, generando en Bolivia renovadas expectativas y optimistas expresiones anunciando un ciclo propicio para reabrir conversaciones sobre el acceso al océano Pacífico.

Ante estas manifestaciones, la pregunta pertinente es: ¿hay algún sustento razonable que nos induzca a pensar que, más allá del cambio de gobierno y de postura ideológica, existen circunstancias propicias para la consideración de la demanda marítima boliviana?

La respuesta la dio el propio Gabriel Boric, quien en una entrevista televisiva afirmó de manera clara y contundente “La soberanía no se negocia”.

La postura no debiera sorprendernos. Es inapropiado creer que un nuevo ocupante de La Moneda, genere grandes cambios en lo que respecta al centenario litigio. Para pesar boliviano, Chile tiene una sólida institucionalidad en materia de relaciones exteriores, construida con base en un cuerpo diplomático de carrera, formado en la Academia “Andrés Bello”, con un perfil pragmático, legalista y fundamentalmente nacionalista. Profesionales que no sólo han tomado control del Ministerio de Relaciones Exteriores, embajadas de Chile y organismos internacionales; sino que además se han convertido en influyentes generadores de políticas públicas en instituciones como: universidades, centros de investigación, entre otros, incluidos los partidos políticos.

En Chile, los políticos no han penetrado la diplomacia; al contrario, los diplomáticos han penetrado los partidos políticos. En el caso de la candidatura de Boric varias personalidades vinculadas con las relaciones exteriores suscribieron el documento: “Manifiesto: En la relación de Chile con el mundo, Gabriel Boric es el mejor”, entre los cuales figuran: José Miguel Insulza (exsecretario general de la OEA y exagente chileno en la demanda marítima) Cristián Barros, Sergio Bitar, María Teresa Chadwick, Juan Gabriel Valdés, Alberto Van Klaveren, entre muchos otros. Diplomáticos que tienen una posición pública contraria a la reivindicación marítima boliviana y cuya opinión sería eventualmente considerada por el nuevo gobierno.

La aspiración marítima tiene en frente una política de Estado chilena, que cuenta con el apoyo de las principales fuerzas políticas y las Fuerzas Armadas. Quebrarla requiere de una otra política de Estado boliviana inteligentemente diseñada y eficientemente ejecutada, de otro modo los dilemas de nuestras relaciones vecinales persistirán por generaciones.

 

Windsor Hernani Limarino es especialista en relaciones internacionales y docente universitario

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