Carlos Armando Cardozo

Si Bolívar nos viera

martes, 28 de diciembre de 2021 · 05:08

¿Qué diría Simón Bolívar si retornará a la América Latina que el liberó junto a otros próceres hace ya más de 200 años?

Para empezar su natal Venezuela, sumida en una miseria colectiva peor que la realidad que el mismo evidencio durante la época de la Colonia, realidad que incubo en su ser el deseo por cambiar la suerte de su pueblo.

Se espantaría al evidenciar que de nada sirvió deshacerse del yugo de la Colonia para que la moderna Latinoamérica esté gobernada por elites políticas de “izquierda y derecha” que tratan a sus respectivos ciudadanos como esclavos, la explotación del lugareño a manos del foráneo para hacerse de sus recursos hoy transformada gracias a la modernidad en una explotación disfrazada de contrato social donde los Gobiernos expropian el trabajo de sus ciudadanos vía impuestos, ¿para qué? para que ellos decidan la salud, educación, servicios básicos a la que ellos tienen derecho a acceder.

Los letrados, cultos y superiores burócratas se elevan por encima del grueso de la población que debe vivir bajo el martillo de la “igualdad social”. Hoy en día no es necesario azotar espaldas o poner grilletes en muñecas y tobillos a las personas para que estos sean esclavos, simplemente basta con confiscar sus ingresos y colocar la propiedad privada bajo la afilada hoja de la “justicia corrompida”.

Simón Bolívar seguramente al salir de sus aposentos se preguntaría acerca del paradero de su espada. Demás está decir que un megalómano ya extinto no solamente empuñaba su espada a título de libertador sino también decía hablar personalmente con el dueño original que le daba líneas para guiar un nuevo intento para consolidar la “Patria Grande”. 

Buscó en su viejo atuendo alguna moneda de oro que le permita iniciar su aventura, recordó tener en su bota un recóndito escondite y efectivamente estaban ahí. Su astucia pudo más que los exhumadores quienes habían trasladado sus restos cual tótem para regocijo del megalómano bolivariano de nombre Hugo.

Con esta moneda de oro no le fue difícil conseguir un transporte para acercarse a Miraflores, a pesar de ver su rostro inmortalizado por varios lugares nadie tuvo el reparo de reconocer la figura del Libertador. Al parecer la miseria era tal que la simple moneda de oro eclipsaba a los famélicos venezolanos que cruzaron palabra con don Simón Bolívar.

Al llegar ahí los personeros de seguridad del palacio donde residía el primer mandatario Nicolás no se reservaron el uso de la fuerza para interponerse entre don Simón y su camino. Este, al verse presionado por las fuerzas de seguridad, alzó la voz diciendo: “exijo ver a la autoridad a cargo, no saben con quién están tratando”. Las fuerzas de seguridad se miraron incrédulas y cuchichearon en tono burlesco entre ellos finalmente uno de ellos se dirigió a don Simón y le dijo: “bueno señor, en efecto no sabemos ni nos interesa saber, pero permítame decirle que usted de aquí no pasa, acotando, solamente el Libertador pueda darse el lujo de entrar y salir de Miraflores a voluntad, cerrando con una risa sarcástica”. 

Don Simón no se inmutó con la insolencia y simplemente señaló un mural cercano en las afueras y mostró un retrato suyo. Las fuerzas de seguridad rápidamente ahogaron su risa y no daban fe a sus ojos. Era él, dijeron al unísono. Ahora bien, dijo don Simón, puedo pasar a ver a la autoridad a cargo. 

Las fuerzas de seguridad atónitas simplemente se apartaron del camino y escoltaron al Libertador directamente al despacho de Nicolás. Ya en la pequeña recepción uno de los guardias tocó tímidamente la puerta y anunció a su excelencia que tenía una visita muy importante, incluso desobedeciendo los protocolos y canales respectivos para cumplir con tal tarea. Nicolás, que estaba desocupado en esos momentos, salió hecho una tromba para zarandear la falta de tacto del pobre guardia. Pero al abrir la puerta se topó con Don Simón que paró en seco la imponente humanidad de Nicolás, este inspeccionó de pies a cabeza a Nicolás y sin quitarle la mirada le dijo: así que tú eres el causante de toda esta miseria, como puedes vivir contigo mismo, a donde veo sólo hay hambre y carencias y tu aquí bien tranquilo y feliz engordando a costa de estas personas, jamás pensé que mis peores temores podrían hacerse realidad y soltó tremendo bofetón a la rechoncha mejilla de Nicolás. Este cayó en cuenta de quién tenía en frente y trató de mostrarle lo que había configurado a nivel regional, una suerte de excusa o justificación para lograr el proyecto de la Gran Colombia. 

Nicolás le mostró cómo otros países de la región habían asimilado el discurso “bolivariano” en defensa de la soberanía de los pueblos. En Bolivia, tu predilecta, tenemos al compañero Evo, que viene de las clases más humildes y ahora son ellos los que toman sus decisiones, esa es la democracia en el nuevo Estado Plurinacional donde conviven 36 naciones indígenas originarias, imagínese don Simón, dijo Nicolás, su sueño de expulsar la tiranía del extranjero se plasmó a su voluntad. Otro aliado en esta gran cruzada, es Pedro, nuestro hermano en el Perú, un mandatario también oriundo de las aulas y la dirigencia que supo conquistar por la vía democrática y proponer un país más igualitario, con mayor inclusión de los pobres y su participación con voz propia en los espacios de poder antes ocupados por los privilegiados. Bueno ni qué decir Argentina, con nuestro hermano Alberto y su gran gestión siempre del lado de la lucha social en favor de los más desposeídos; en Nicaragua con el compañero Daniel que es la única garantía para que fuerzas opositoras no enajenen el país y continúen con la transformación social sin interrupciones. 

Finalmente, Nicolás tomó aire, y le mostró el mapa nuevamente señalando Chile, dijo: Ahh, pero Don Simón sin duda alguna lo que logramos aquí, es la joya. Creerá usted que Chile se resistió por muchos años a nuestro proyecto, todo siempre bajo sus enseñanzas, pero no hace mucho el compañero Gabriel logró virar por fin su país hacia nuestro bando, estamos ante un nuevo amanecer para el proyecto hegemónico que nuestro comandante Hugo… no termin+o la frase dándose cuenta de su error y corrigió diciendo nuestro Libertador Don Simón, claro está. 

Don Simón, claramente contenido, miró el mapa que le había señalado Nicolás y le dijo en un tono reflexivo: al final todo se redujo a poder, créame Nicolás que las palabras que salieron de su boca son motivo de regocijo para los suyos, sin embargo me encuentro perplejo al confirmar mis temores más profundos. Aquellos que le hice conocer allá por 1830 al general Juan José Flores, primer presidente constitucional del Ecuador, veo con tristeza que los dictadorzuelos han tomado varios colores y razas, pero en definitiva el latinoamericano fue incapaz de rebelarse contra una nueva forma de opresión. Perdieron el rumbo, a tal punto que me animo a decir que la emigración sigue siendo la única posibilidad de esperanza para el desdichado que haya nacido en estas tierras. No concibo que idealices la toma del poder como resultado de la lucha que lidere en el pasado. A tu proyecto y el supuesto nuevo libertador Hugo le hace falta un ingrediente fundamental, la libertad. Nicolás no creo que seas capaz de mirarme a la cara y asegurarme que las actuales condiciones de estas ruinas, que llamas patria, gozan de mayor libertad que la que yo dejé como legado en mi tiempo.

Latinoamérica es un espejismo del sueño que tuve, 20 años al mando me demostraron que somos ingobernables. No por alguna inferioridad innata, sino por incurrir en el terrible pecado de ignorar las lecciones de la historia, las calles están repletas de ciegos y analfabetos, ajenos a su pasado que fueron embaucados por tiranuelos como Hugo, Evo, Pedro, Alberto, Daniel, Gabriel a los que tú consideras hermanos. 

Ante el silencio de Nicolás, con cabeza gacha como entendiendo la reflexión de Don Simón, éste se alejaba del despacho sin antes detenerse para dirigirse por última vez a Nicolás: una vez dije que el caos primitivo sería el último periodo de América Latina, es irónico que ese caos haya sido causado inspirada en la revolución que debía liberarnos de la tiranía, me siento responsable porque aún muerto fui inspiración para que Hugo promueva la violencia y el desorden en los demás países de América Latina. 

Dicho esto, el Libertador salió caminando de Miraflores hasta perderse entre multitud de las colas en la calle, cual remembranza de su pasado: en soledad, en enfermedad y abrigado por el olvido. 

 

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático.

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