Mónica Olmos Campos

Evo, patria y periodismo

viernes, 3 de diciembre de 2021 · 05:10

Como todas las cosas que hace Evo, la “marcha por la patria” no ha dejado de convocar el interés de las opiniones públicas. Cada día, cada imagen, cada situación en torno a este acontecimiento político ha sido amplificado por la prensa y redes sociales.

Que la marcha comenzó con 50 o con mil personas; que había más automóviles que marchistas; que si se sumó tal o cual; que la “legalidad” del acompañamiento de diplomáticos extranjeros; que cuándo se incorporó el presidente Luis Arce; que si estaba Choquehuanca; que si fue un millón o solo 100 mil los que aclamaron a Evo en San Francisco no interesa ni es trascendental, pero son esos detalles los que han mantenido vigente a Evo durante aproximadamente una semana.

Algunos entendidos aseguran que la marcha por la patria ha servido para reposicionar a Evo como articulador del MAS y los movimientos sociales. Lamentablemente coincido, y digo que lo lamento porque, entonces, advertimos que el rótulo “marcha por la patria” no solo fue una grandilocuencia semántica y política, sino una inmoralidad.

Podríamos creer que la marcha fue realmente por la patria si Evo y el MAS hubieran dado otras señales y no las evidencias que entregaron. Veamos.

Primero, una marcha por la patria tendría que haber convocado -de manera libre y voluntaria- a representantes políticos de la oposición, líderes cívicos de los nueve departamentos, instituciones públicas y privadas del país, derechos humanos, universidades, colegios de profesionales, sindicatos, iglesias, OTB, magisterio, líderes de opinión, plataformas y amas de casa, pero no, no fueron invitados; segundo, en una marcha por la patria no se hace política partidaria embanderándola con símbolos que representan únicamente a un partido político o a una región del país, al contrario, una marcha por la patria tendría que haberse “vestido” con sus colores, el rojo, amarillo y verde; tercero, en una marcha por la patria no se propinan amenazas ni sentencias en contra de nadie menos de la prensa, bastión de la defensa de los derechos democráticos de la sociedad libre; cuarto, en una marcha por la patria no se expresan discursos separatistas ni amenazantes de la propiedad privada del otro, a la inversa, se anuncian mensajes de paz, reconciliación, respeto a la democracia y al Estado de Derecho.

Es evidente, en consecuencia, que la marcha liderada por el señor Evo Morales no fue por la patria, solo representó un acto político del MAS para tratar de mostrar cierta “musculatura” política que sopese los nueve días de paro cívico que mantuvo la principal fuerza económica del país y que -junto a otros departamentos- logró que el gobierno derogue una ley desproporcionada; la marcha de Evo y el MAS, sirvió para que el mensaje de venganza llegara claro y fuerte: si no se tranquilizan, les quitamos lo que es de ustedes, y por si esto fuera poco, para que nos quede claro quién maneja la justicia en el país liberando -el mismo día del cierre “apoteósico” de aquel acto de demostración de poder- a la “culpable” del 21F, la Gabriela Zapata por la que, según el propio MAS, Evo y García Linera perdieron su referéndum con el que intentaban eternizarse en el poder.

En síntesis, la marcha del MAS mal llamada por la patria ha profundizado, adrede, las fracturas de una democracia absolutamente incapaz de construir patria, porque si hay algo que el masismo viene haciendo de manera sistemática e infalible es esforzarse para dividir y confrontar a los bolivianos… así no hay marcha por la patria que valga.

Es necesario, finalmente, que la prensa independiente -aquella que con cierta recurrencia es criticada y ahora amenazada por el señor Evo Morales- analice la verdadera necesidad y utilidad para la convivencia pacífica entre bolivianos de cubrir hechos y actores que no aportan con la democracia ni el sentido de patria. La imparcialidad, la objetividad, la contraparte como requisito del equilibrio informativo no dan lugar ni son coherentes con personajes que violan la Constitución Política del Estado, que desconocen el voto de la mayoría, que burlan los procesos electorales y que amenazan con cercar las ciudades para que no ingrese alimento.

 

Mónica Olmos Campos es comunicadora social y doctora en ciencias de la educación

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