Carlos Derpic

Cuando la vida no importa nada

jueves, 9 de diciembre de 2021 · 05:09

“Sácale la ropa y muélelo a palos”, fue la instrucción que una mujer dio a su pareja, la madre biológica del niñito Lucio Dupuy, de cinco años de edad, en La Pampa, Argentina, hace pocos días. Y ese monstruo, que no merece llamarse madre, y su amada, lo molieron a golpes… mataron al pequeñito, lo asesinaron. 

¿Qué puede llevar a alguien a hacer eso a su propio hijito, al que llevó en su vientre durante meses? ¿Droga, enajenación mental, desprecio absoluto por la vida?

Casos como el de ese angelito no son los únicos y no se dan solamente en Argentina. Hace algunas semanas, se conoció el dramático caso de una niñita violada y embarazada por el padre de su padrastro. Se alzaron las voces en favor del aborto de la niña, hasta que quienes clamaban por “el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo”, se enteraron que el embarazo ya llevaba seis meses … y callaron. Pero no el gobierno del MAS, que secuestró a la niña que había sido cobijada por la Iglesia de Santa Cruz y apresuró el parto prematuro. Blandieron el pretexto de que en Bolivia hay una legislación que declara impune al aborto en ciertos casos y asesinaron al ser que estaba en el vientre de la niñita. El ministro de gobierno dijo que la niña había expulsado al “producto” que tenía dentro. Ese es el concepto que este señor tiene de un ser humano.

En ocasión de las protestas por la abrogación de la Ley 1386, Basilio Titi Tipolo, un joven potosino que cursaba estudios en la capital del departamento fue obligado a participar de la toma de la ciudad por parte de indígenas manipulados y alcoholizados del norte potosino y, en medio de los enfrentamientos con los citadinos, murió por bronco-aspiración. Una vida joven segada para apoyar el proyecto totalitario que encarna el MAS. Para peor, el cadáver de este joven fue profanado para contentar las ansias del carnicero de la justicia, un Tal-Iván, que clamaba a los cuatro vientos que la muerte de Titi no podía quedar impune y que los dirigentes de Comcipo debían pagar por la misma.

En 2019, muchedumbres de simpatizantes del MAS fueron empujadas, en Sacaba y Senkata, a provocar, a sabiendas de los riesgos que corrían, Los muertos producidos en la aventura masista fueron utilizados como bandera y el día de hoy sus familiares claman por justicia, mientras el MAS está contento decretando que hubo golpe y no fraude, y encarcelando a la expresidenta constitucional Jeanine Añez, y a militares y policías que no cedieron a la voluntad del ex presidente fugado, de permitir que La Paz sea incendiada y las ciudades cercadas para impedir que sus habitantes tengan alimentos.

El tráfico de armas es el negocio más lucrativo del mundo, pese a que la guerra, cualquier guerra, se cobra la vida de inocentes mientras los infelices que las provocan, satisfacen sus ansias de poder, dinero, sexo, droga …

¿Será que algún día podremos entender que  la aparición de la vida en la Tierra fue un hecho prodigioso, producido hace 3800 millones de años?  ¿Será que podremos darnos cuenta que, por lo menos hasta hoy, el único lugar del universo en que hay vida, y vida inteligente, es nuestro planeta, al que maltratamos hasta herirlo de muerte?

¿Podremos comprender alguna vez el universo, nuestro planeta, las cosas del reino mineral, las plantas y los animales, y nuestro semejantes, son resultado del Big Bang ocurrido hace 13.700 millones de años, del tiempo evolutivo y del tiempo histórico y que debemos respetar todo ello?

Nada nuevo se puede construir sobre la base del odio al otro. ¿Lo entenderemos algún día?
 

Carlos Derpic es abogado

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