Luis F. Sánchez

Puntualizaciones acerca del servico Militar

lunes, 1 de febrero de 2021 · 05:13

En el democrático proceso de debatir ideas y ponencias atingentes a problemas comunes, suele a veces cometerse el error de emitir tajantes sentencias en base a sofismas, prejuicios o simples falsedades, como varias de las planteadas en la editorial de Página Siete del día 25 de enero y referida al Servicio Militar Obligatorio (SMO).

Sin espacio suficiente para abundar en detalles, paso a transcribir algunos párrafos seleccionados. “Habría que analizar con cuidado ―afirma el editorialista― qué exactamente aprenden los soldados en ese año, excepto vagas referencias a la “patria”, la “bandera” y conceptos similares…”. Son esos, conceptos típicos de la orientación iconoclasta de algunos grupos disconformes con todo lo que se proponen la sociedad y el Estado por medio de sus leyes, varias de éstas consideradas por ellos como “cursilerías burguesas”.

En el actual caso boliviano, tales “vaguedades” o “cursi/conceptos” suelen reaparecer conforme a la coyuntura. Una suerte de protesta contra lo establecido, sin importar las supuestas “gazmoñerías cívicas” poco pragmáticas en lo que hace a generación de riqueza. “Un saludo a la bandera” es la frase que suelen emplear como sinónimo de inútil, vano, inservible. Sin embargo, cae el editorialista en la misma “vaguedad referencial” que critica, al afirmar: “El patriotismo, se sabe, es amar al país y trabajar por él, no necesariamente vestir un uniforme”. Obvio que dicho trabajo debe entenderse como individual, o sea que para el bolsillo de cada uno. Y no le falta razón, porque en ese caso: ¿uniforme, para qué?

Arremete después contra “la violencia, la verticalidad y el machismo” supuestamente achacables al SMO, “además de sufrir (los soldados) humillaciones y malos tratos”. Salvando la verticalidad, imprescindible y absolutamente deseable en toda organización armada; y el “machismo”, no deseable pero pandémico en el mundo, restan “la violencia, humillaciones y malos tratos”.

Considerando que cualquier institución es reflejo de la sociedad de la cual proviene, corresponde la interrogante: ¿Cómo andamos por casa?... Imposible es pedir que en una sociedad tan violenta como la nuestra (ver los numerosos y cotidianos reportes de prensa sobre asesinatos, violaciones y maltratos) resulten sus instituciones unas tazas de leche.

 Sin embargo, y aun considerando los excesos derivados de la imprescindible dureza y rígida disciplina que se busca en el SMO, dichos abusos ―condenables, por cierto― son a todas luces menores en cantidad e intensidad que los sufridos por los jóvenes en sus propias casas, barrios y colegios. Dicho de otra forma y a guisa de ejemplo: mucho más protegidos contra la violencia están los muchachos y muchachas en un cuartel que en sus mismísimos entornos familiares.

Cuando alcanza ribetes de exageración el escrito es en lo de “ser subalimentados durante 12 meses”. ¡Vaya afirmación tan temeraria, como fácil de rebatir!… Bastaría, a cualquier interesado pasar por un cuartel ―a la hora del rancho y antes de criticar― para verificar que, en cantidad, calidad nutritiva y regularidad, la clásica lagüa cuartelera resulta ser para la mayoría de la tropa mejor alimento que el disponible en sus casas, donde a veces no tienen qué llevarse a la boca. Por supuesto que Coca Cola, hamburguesas, hot dogs y pollo broasted están vetados. Tampoco existe la selección de platos y sabores. El soldado come lo que se le da, por completo y en su horario. ¿Es esto humillante o mal trato? Por supuesto que no. Se llama educación, disciplina mediante.

Otra falacia es citada también calificando al SMO como “una rémora del pasado ya superado”. Considerando que ‘rémora’ significa: obstáculo o impedimento en un proceso… ¿A qué proceso se refiere con ‘superado’? ¿A las potencias hegemónicas que han optado por el profesionalismo, haciendo de sus Fuerzas Armadas herramientas de conquista y supremacía geoeconómica?... Porque tal “superación” no ha llegado ―por ejemplo, entre muchos― a Finlandia, Suecia, Dinamarca, Suiza e Israel, verdaderos países/modelos de civismo, que han preferido atenerse al concepto de nación en armas, es decir, poseer soldados ciudadanos y no pretorianos.

Consta además en dicho escrito que a criterio de otros: “el servicio militar es sinónimo de un año perdido”. La práctica de valores como el civismo, disciplina, servicio a la sociedad y respeto a las normas vigentes… ¿Puede considerarse “tiempo perdido”? ¿Precisamente en una sociedad que hace mucho ha minimizado en su sistema educativo la inculcación de valores morales, cívicos y religiosos? ¿Y marcha a pasos agigantados hacia abismos materialistas en lo moral y corrientes políticas extremas de derecha e izquierda, tecnología mediante?…

Ser soldado es una manera de participar de la "res publica". De ahí la necesidad de la Ley de Seguridad y Defensa que norme lo relativo a la seguridad integral del país en todos sus ámbitos, con su herramienta principal: el SMO. Se ha hecho imperativo hoy, más que nunca, organizar a los aproximadamente 220.000 hombres y mujeres (2% de la población boliviana) que cada año alcanzan la edad militar: Servicio militar regular, premilitar, defensa civil, seguridad ciudadana, cuidado de parques nacionales, centinelas de la salud, resguardo ecológico, construcción y mantenimiento de vías, etcétera, precisan ya del concurso de todos, sin diferencias de sexo o posiciones éticas.

Se evitará así el patético escenario montado en la actual pandemia por decenas de miles de jóvenes de clase media viendo TV, jugando videojuegos u observando desde las ventanas de sus hogares cómo sus iguales, menos favorecidos por la vida, “pierden el tiempo” cuidándolos en las calles, arriesgando la vida como soldados para que la salud y seguridad de sus coetáneos “aprovechen mejor” el suyo.

¿No muestra acaso tal escenario un drama irónico digno de Sófocles?

Luis F. Sánchez es general de la República (SP).

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