Diego Ayo

Arce y Pinocho, un solo corazón

miércoles, 10 de febrero de 2021 · 05:10

A finales del mes de enero, el presidente Arce inauguró el año escolar en ceremonia pública. El señor empezó a mentir ni bien subió al estrado. Al caballero le dan micrófono y el karaoke de mentiras aflora con escaso ritmo. Lo más triste, debo decirlo, no es que sea mentiroso. Ya ven que los escritores mienten a lo lindo escribiendo historias irreales-reales que ellos mismos reconocen como mentiras. O sea, son eruditos, divertidos y mentirosos. Arce es básico, aburrido y desalmadamente aburrido, y mentiroso. Ergo: su falencia no está en su enorme destreza de contador de patrañas. No señor; su destreza está en repetir tres o cuatro vulgaridades, abrumadoramente falsas, con milimétrica seriedad. 

¿Es esto malo para la política? Lamento recordarles que en esta época que vivimos –esta época de la humanidad- este género de políticos despegan con incuestionable eficiencia (¡ya ven a Trump!) A ver: me explico. Recordemos su intervención en la inauguración mencionada como singular ejemplo de lo que este peso pesado del embuste realiza y sabe realizar: “quisieron cerrar la empresa para ensamblar las computadoras, esa empresa era Quipus. Esa empresa que la derecha siempre la cuestionaba, la quería cerrar, mostrar que era ineficiente, pero esa empresa estaba destinada a proveer de computadoras a estudiantes y docentes…”.

¿Qué tal? Uno podría hasta enternecerse y gritar al cielo conmovido por el rescate que se hizo de Quipus, una empresa, al parecer, incuestionablemente eficiente. Pero, ¿no fue el mismo Arce quien estaba convencido de la ineficiencia de esta empresa hace sólo un tiempo atrás, cuando fungía de Ministro de Economía? Ahí va una ayudita memorística: “Arce, quien está aquejado por problemas de salud y alejado temporalmente del gobierno, fue muy claro al manifestar que Quipus debe ser sometida a un proceso de reestructuración o finalmente desaparecer, en razón a los altos costos de inversión incurridos por el Estado”. 

Ay caray: ¿vamos acordándonos mi revolucionario Presidente? “Quipus debería desaparecer”. Linda frase, mi Presidente, que hoy olvida. Y ojalá que sólo olvidase. Sí, señor: ojalá fuese un asunto de mala memoria. Pero no, mis distinguidos lectores, el gobierno de don Evo Morales dio los contratos para tener celulares a una empresa extranjera: Huawei. ¿Sí? Sí. A ver: chinos o bolivianos, bolivianos o chinos. ¿A quién favorezco? A los… ¡chinos!, por supuesto. Los bolitas pueden esperar. 

Entonces, en qué queda eso de la derecha que nos quiso dejar sin Quipus. “A la derecha nunca le importó la educación”, “a la dictadura militar y moderna nunca le importó la educación”, manifestó don Luis en este emotivo día educativo, a finales de enero de este 2021. ¿En serio, che? Psi, eso dijo. No voy a negar que debemos agradecer que el señor cambiara el término “gobierno de facto” por “dictadura moderna”. No puedo dejar de aplaudir este enorme esfuerzo dialéctico realizado. El caballero, no dudo, debe incluir al “gobierno de facto” en su enciclopédico léxico bíblico: “padre nuestro impide que el gobierno de facto se lleve tu cielo…”. 

Pero más allá de esa innegable gratitud, debe quedar claro lo que debe quedar claro: Quipus fue una empresa nefasta. Recordemos que el Estado le asignó 473.597.951 bolivianos para la inversión llave en mano, provisión de piezas y materiales de ensamblaje y el pago de servicios personales y no personales. Excelente: había platita para todo. ¿Qué sucedió? En dos años logró generar un resultado neto acumulado de 5.239.628 bolivianos. ¿Qué significa eso? Que logró una ganancia neta del … ¡uno por ciento! O sea, inviertes 10 mil bolivianos y tus ganancias son de 100 luquitas. ¿Qué tal? Perfecto. En todo caso, ¿quién proporcionó esas cifras de la empresa? ¿Algún paramilitar de la dictadura jeaninista? No, la información fue proporcionada por el gerente general de esa empresa estatal, el señor Freddy Murillo.

En todo caso, este es sólo un ejemplo. Un ejemplo que desnuda a este artista del sofisma, el “relato”, la “mamada” o como usted distinguido lector quiera llamar. ¿Lamentable? Sí, pero cabe afirmar algo que duele aún más: las mentiras ganan elecciones. Los mentirosos triunfan y Arce lo sabe y sabe muy bien. Eso es lo espantosamente más deplorable, vivir en-mentirados, con los revolucionarios echándote en cara lo “auténticos que son”.
 
Claro, seguro que sí…

Diego Ayo es politólogo.
 

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