Juan Antonio Morales

Control de la pandemia, el primer paso para la reactivación económica

miércoles, 10 de febrero de 2021 · 05:09

Minimizar la   importancia de la pandemia puede tener severas consecuencias que obstaculizarán la reactivación económica. Acusar de todos los males posibles e imaginables  al gobierno de la presidente Añez no es un sustituto de buenas decisiones, que no se las están tomando.

Los daños causados por la pandemia son muy severos. La mortalidad no sólo que produce un gran sufrimiento a las familias sino que  también afecta al crecimiento del PIB, al hacer perder trabajadores. Aún si los contagiados no fallecen, pueden quedarse con secuelas de larga duración que los inhabilitan para el trabajo. 

La compresión de la demanda interna no es sólo un tema de ingresos sino que se explica también por temor al contagio. Es una razón adicional para tratar de contener  la pandemia. Debe ser un objetivo de las políticas de oferta la reincorporación plena de los trabajadores a sus fuentes de trabajo, lo que va a ser muy difícil si no hay un buen control sanitario.

La primera ola de la pandemia nos ha dejado varias lecciones. Una primera es que es muy difícil predecir su duración.  Fue más larga de lo que se anticipaba cuando comenzó y no se preparó al país para la segunda ola. Su trayectoria fue también más difusa y los errores de pronóstico de cuándo aparecerían los picos fueron sustanciales. De manera general, los modelos que se emplearon tuvieron escaso poder predictivo. Todo parece indicar que el crucial coeficiente de reproducción  no es homogéneo y que varía según las regiones, los grupos de edad  y por ocupaciones.

Sale de nuestra experiencia y de la de otros países que las cuarentenas deben ser un recurso de última instancia aunque no se las puede descartar del  todo. Si han de ser introducidas,  es aconsejable que lo sean gradualmente, a medida que el número de infectados vaya en aumento. Las cuarentenas, tampoco pueden ser demasiado largas por los costos económicos que acarrean y porque se vuelven inefectivas por el cansancio de la población. Se debe tomar en cuenta las características de las regiones, sobre todo su estructura demográfica. En muchos casos  las cuarentenas pueden ser sustituidas con medidas menos radicales y más focalizadas, como los que ya se están aplicando desde hace meses. Ellas pueden ser efectivas, por lo menos cuando la infección no se ha extendido demasiado. 

Los tests masivos son crucialmente necesarios pero no son suficientes. Tienen que estar acompañados por un rastreo y aislamiento de los susceptibles. La información oportuna y fidedigna, lejos de eslóganes político económicos, tiene mucho más importancia de la que corrientemente se le asigna.

Hay una gran esperanza con las vacunas pero su aplicación está llena de obstáculos. Los laboratorios internacionales no están dando abasto por el momento y el incumplimiento de sus de sus plazos de entrega ha causado  el enojo de la Unión Europea. Con todo se puede esperar que aparezcan más proveedores, lo que dará una solución a este problema. La aprobación por expertos independientes de la vacuna Sputnik V es una buena noticia. Nuestro gobierno tomó el riesgo de comprarla antes de que haya pasado por todas las pruebas pero la apuesta le salió bien.  Solamente queda esperar que Rusia con su “diplomacia de la vacuna” no nos haya puesto ataduras. 

Es un error subestimar la complejidad de vacunar a siete millones en pocos meses. Se tiene que contar con un plan estratégico para el despliegue de las vacunas y de los otros insumos médicos así como del personal y de los locales necesarios. La disponibilidad de  cadenas de frío para la conservación de las vacunas no es pan comido. El premio Nobel de economía 2001 Michael Spence sugería para los Estados Unidos emplear la experticia de los militares en temas de líneas de  abastecimiento y de logística. Hay una lección para nosotros.  

Sin un  control de la pandemia no será posible la reactivación económica.  El corona virus es un enemigo invisible, muy maligno,  y vencerlo tiene que estar por encima de cualquier otra consideración.

 
Juan Antonio Morales es profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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