Rolando Morales

La recuperación de las economías de América Latina en 2021

viernes, 12 de febrero de 2021 · 05:09

Los pronósticos en 2020 sobre la evolución de la pandemia han arrojado resultados muy pobres, por lo que cabe temer que en 2021 pase lo mismo, razón por lo que no hay información suficiente para relacionar la pandemia con la recuperación de la economía.

En el peor de los escenarios, en el que la epidemia sea igual o más fuerte que el año pasado, la economía este año podría tener resultados parecidos o peores, pero este año se tiene una importante novedad: la inmunización masiva. Ésta puede durar algunos meses, quizás hasta fines de año, o el primer semestre del año que viene, pero es lógico esperar que la epidemia vaya disminuyendo a medida que avanza el proceso de vacunación y que sea posible hacer algunas consideraciones sobre las posibilidades de recuperación de las economías.

En los organismos internacionales (OI) se tiene la tendencia de pensar que los países débiles económica o institucionalmente tendrán más dificultad de recuperarse que los países desarrollados. Sin embargo, esta opinión debe ser matizada por varias razones. 

El ritmo de recuperación económica dependerá de la adopción de políticas adecuadas y de aspectos estructurales como los siguientes: 1) La distribución del tamaño de las unidades económicas (las medias e indicadores de dispersión son importantes), 2) La intensidad de las relaciones comerciales entre ellas, 3) La intensidad de la inserción internacional. 

La política económica que se considera adecuada frente a la crisis consiste en sostener la demanda a través de subsidios a las familias y apoyar a las empresas ayudándolas a trasladar al futuro sus pérdidas actuales. Esto se hace por la vía del crédito directo o por compras de bonos o acciones que permiten a las empresas recapitalizarse. Una vez terminada la pandemia, en la medida en que los aparatos productivos están intactos, las empresas podrían reaccionar y hacer frente a sus deudas. Sin embargo, para algunas, el golpe será muy fuerte y no tendrán mucha probabilidad de reaccionar; éstas son las empresas que posiblemente, antes de la epidemia, tenían problemas operativos o financieros.

Esa política requiere financiamiento, con ahorros propios o con crédito externo, para hacer frente al déficit fiscal que generará. Teniendo en cuenta la política monetaria expansiva de los países desarrollados, se puede esperar que haya un importante incremento de la liquidez internacional lo que facilitará la obtención de créditos para los países débiles.

La estructura del entramado empresarial es importante para apreciar los efectos de la crisis y el posible ritmo de recuperación. En general, las grandes empresas trabajan con márgenes unitarios de utilidad pequeños, siendo el gran número de unidades que producen su mejor atractivo. La crisis puede haberles significado menos ventas y posibles pérdidas. Para hacerle frente, muchas han despedido a sus trabajadores y disminuido el ritmo de producción.

 Recontratar trabajadores y retomar el rimo anterior puede resultarles difícil, o por lo menos moroso. En contraste, las empresas pequeñas o muy pequeñas, como las que abundan en América Latina, tienen mucha flexibilidad, ya sea para abrir y cerrar, ya sea para cambiar de rubro de actividad. Las empresas grandes, como las que existen en los países desarrollados, tienen muchas relaciones mutuas, por lo que las dificultades de una de ellas pueden provocar problemas a las demás, incluso a la economía en su conjunto. En contraste, las dificultades de empresas pequeñas sin mucha interacción, como las que caracterizan a varios países latinoamericanos, no son susceptibles de generar daños mayores. Finalmente, siempre es posible temer el contagio de la crisis entre países cuyas economías están estrechamente relacionadas.

La conclusión de lo anterior es que las economías grandes de América Latina, como son las de México, Brasil, Argentina y Colombia, podrían tener un ritmo más lento de recuperación que las pequeñas economías de Centro América y el Caribe y de Bolivia y Paraguay. Muchas de las economías de América Latina tienen una estructura dual conformada por empresas formales, grandes y bien establecidas, y una gran cantidad de unidades económicas informales. Estas últimas, en particular, las agrícolas, amortiguarán los efectos de la crisis.

En la medida en que los precios de las materias primas continúen a registrar una tendencia alcista, las exportaciones se irán mejorando a la par de los balances fiscales. Pero, la recuperación de la industria y algunos problemas estructurales son mucho más difíciles de solucionar.

 
Rolando Morales es economista.

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