Carlos Marín Peñaranda

Los vaivenes del turismo boliviano

sábado, 13 de febrero de 2021 · 05:09

Sin duda alguna, esta pandemia desnudó la realidad de muchos países en materia turística, los que, de manera objetiva, estrategias coherentes y reales, y una política turística desde el Estado lograron antes de ella, y aquellos que habían creado burbujas y/o algo así como juegos artificiales que alumbran sólo momentos. 

Los primeros saldrán y están saliendo de mejor manera de esta dramática situación en que ha conducido a este sector, y los otros están destinados a su suerte y a las buenas intenciones desde sus gobiernos, pero al final no pasará nada, más que los sectores y actores involucrados tendrán que hacer lo que siempre hicieron: creer en su trabajo y entrar en un proceso de conformismo mientras sus réditos les den para el sustento y algo más, y mientras puedan estirar la mano al Estado, seguirán haciéndolo aunque la respuesta llegue sólo en migajas. 

Definitivamente, nuestro país en el tema de desarrollo y promoción está en el segundo grupo y muy probablemente en un tercero, dentro de países que no han hecho grandes transformaciones, ni han revolucionado nada en materia turística en las últimos 20 a 30 años. Me remito a los datos: en llegada de visitantes extranjeros y en base a datos del del Viceministerio de Turismo y el Instituto Nacional de Estadística, en 20 años, de 2000 a 2019, Bolivia incrementó 820.063 turistas extranjeros, aproximadamente unos 41.000 turistas por año, esto porque en 2000 nuestro país recibió a 321.797 visitantes del exterior y en 2019 llegaron 1.141.860 turistas.  

Pero veamos lo que ocurrió con el país vecino del Perú: este país en 20 años, también de 2000 a 2019, tuvo un incremento de 3.453,133 visitantes extranjeros, algo así como 172.656,65 turistas por año, es decir, en 2000 recibió a 1.026,867 turistas del exterior y en 2109 llegaron del exterior 4.480,000 visitantes internacionales. Las diferencias y las brechas están ahí. 

Pero para los más escépticos y que las comparaciones son odiosas, veamos otros datos oficiales y reveladores entre ambos países: en 1991 Bolivia tenía la cifra aproximada de 217 mil visitantes extranjeros y el Perú ese mismo año recibió a 232 mil turistas extranjeros, es decir, que había entre ambos países apenas una diferencia de 15.000 turistas del exterior, pero como dijimos, en los últimos 20 años la diferencia entre ambos países es de 3.453,133 (tres millones cuatrocientos cincuenta y tres mil ciento treinta y tres) visitantes extranjeros.

¿Qué pasó?, ¿que ocurrió?, seguramente los gestores y expertos nuevos en turismo, y los diferentes gobiernos que manejaron esta actividad lo saben.

En este sentido y ante esta realidad, cerrar nuestras fronteras o limitarlas en su ingreso para el turismo extranjero, por situaciones que no sean producto de la pandemia, vengan de donde vengan, es un autodisparo al pie. Limitar nuevamente su ingreso a Bolivia, sea a ciudadanos israelitas, estadounidenses o cualquier otro, va en perjuicio de la actividad turística del país, en este caso al municipio turístico de Rurrenabaque, Madidi y Pampas, a los emprendimientos comunitarios, las empresas y los actores involucrados alrededor de la misma. 

Las cifras están ahí, en 2014 cuando se inició con esta limitación de solicitar visa de ingreso a estos dos países, que eran el caudal mayor de turistas que llegaban a esa región, claramente ésta se vio mermada debido a que el flujo de turistas al destino Rurrenabaque, Pampas y Madidi  disminuyó casi un 50% en los últimos años, de 60.000 turistas a casi 35.000.

Desde lo político, esta determinación, es muy probable que tenga más de una explicación valedera, pero desde lo social y económico, que son los componentes indispensables de la actividad turística, no justifica ni se entiende la determinación; es suficiente conocer los perjuicios económicos y sociales generados en esta región del país.

 A esto se suma el impacto de la pandemia que provocó mayores desastres en los actores involucrados en esta actividad. Acaso no se podía esperar un poco, analizar y actuar con mayor prudencia y racionalidad ahora que el mundo y el país viven momentos muy difíciles en términos económicos, ¿Cuál era la prisa de volver al mismo equívoco?

      
Carlos Marín Peñaranda es experto en gestión del turismo e investigador. 
 

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