Fernando Patiño Sarcinelli

Es prohibido falsificar vacunas

martes, 16 de febrero de 2021 · 05:09

Es obvio que es prohibido falsificar cualquier cosa, incluso falsificar noticias, lo que debe ser castigado. Pero la ley y las prohibiciones no son obstáculo para los expertos en falsificaciones. La industria clandestina tiene amplia experiencia en fabricar licores, perfumes, relojes, etiquetas famosas o cualquier producto de consumo masivo. Paralelamente, se ha desarrollado gran experiencia en la falsificación de medicamentos de todo tipo, pero principalmente para enfermedades complejas.

La gran ventaja de la falsificación de medicamentos es que el cliente que frecuenta el mercado clandestino no tiene cómo verificar el sabor, aroma, la estética o resultado final. Paga por el contenido señalado en la etiqueta, pero el papel aguanta todo, incluso registro sanitario y hasta fecha de expiración, eso le da más credibilidad al producto. Según los “fabricantes”, no tienen efectos colaterales, sólo buenas noticias. Pero no se aceptan devoluciones, una característica de todo producto falsificado.

La vacuna contra el SARS-CoV-2, virus causante de la Covid-19, es actualmente el producto con mayor demanda en el planeta. Ciertamente, más deseado que la Coca-Cola en sus mejores tiempos. Es el escenario ideal para la acción de los falsificadores, con el agravante de que el cliente no tiene cómo verificar la autenticidad ni calidad del producto. La oferta de las vacunas auténticas es muy limitada. Como negocio, la situación es una fábula y mucha tentación para los oportunistas. 

Tentación también para los clientes que consultan desesperados por las diferentes opciones. Sospecho que algunos “empresarios de turismo” están fabricando paquetes de turismo a Miami, con vacuna incluida. Los incautos pueden caer en la trampa sin saber que la vacuna es sólo para residentes, no para turistas. El negocio fraudulento no ocurre sólo en Bolivia. Recientemente CNN ha publicado advertencias del FBI sobre diferentes propuestas que circulan en internet (https://edition.cnn.com/2021/02/04/us/covid-vaccine-scams-2021-trnd/index.html). Claro que los fabricantes nunca muestran la cara, pero son hábiles en marketing y venta de ilusiones.

Aprovecho para recordar que las mejores vacunas que demuestran 90 a 95% de eficacia han sido estudiadas por un periodo no mayor a 100 días. Ahora se está haciendo el estudio en la vida real. No se sabe cuánto tiempo durará el efecto. En teoría debería ser permanente, pero no en más de 60 a 70%, como en las vacunas para la gripe. Algunas personas se van a contagiar a pesar de haber recibido la vacuna, probablemente con menor gravedad. Una de las incertezas de las vacunas es ¿por qué hay cinco a 10%, o más, que falla? Casualmente, es un número aproximado de pacientes que necesitan ser hospitalizados con Covid-19 grave. ¿No será que el 90% que se protege con la vacuna sería el mismo 90% que tendría una evolución favorable en caso de infección? No sabemos, admito que es más incertidumbre que pesimismo.

Una de las pocas certezas de la Covid-19 es que cada paciente es diferente y poco sabemos de las variables que llevan a diferentes escenarios. Hay muy pocos medicamentos parcialmente efectivos. Muchos otros son fruto de la publicidad. Los consumidores deben redoblar la atención con las ofertas de productos farmacéuticos en el comercio clandestino, sin comprobantes y sin factura.

 Cuidado con las consultas virtuales sin examen del paciente. La misma receta no sirve para todos. No hay duda de que las vacunas prestan un servicio a la humanidad en esta crisis sanitaria, pero deben ser utilizadas con criterio y quienes se vacunan no deben prescindir de las medidas de protección, principalmente cuidado con las manos porque el virus puede ser recogido al tocar objetos contaminados. Las personas vacunadas pueden ser medio transporte del virus con las manos. 

Algunas incertezas serán resueltas con el tiempo y amplio uso en los grupos más afectados. El riesgo de posibles efectos colaterales que algunos grupos alardean es insignificante ante el sufrimiento y el daño que sufre la humanidad. En la fabricación de las vacunas contra la Covid se ha empleado diferentes tecnologías y no hay tiempo para comparaciones y saber cuál es mejor. El tiempo lo dirá.

El mayor peligro de una vacuna en el mercado negro es la falsa sensación de seguridad y los efectos adversos incalculables. El daño económico es el menor problema, pero poner la salud en riesgo con productos clandestinos es inaceptable.

 
Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.
 

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