Diego Ayo

Flores, sardinas y pejerrey

miércoles, 17 de febrero de 2021 · 05:10

El candidato a la Gobernación de La Paz Franklin Flores se mandó una frasecita de campeonato: “Vamos a convertir el pescado en sardina”. Debo admitir que me fascina que ocurran estas cosas. Río y río mucho. Me encantan estas boludeces. Son mágicas. 

Sin embargo, no me gusta que ocurran. ¿O sea? O sea, si ocurren, y sólo si ocurren, las disfruto. ¿Cómo podría no estallar de risa con el asuntito de los pescados que se vuelven sardinas o, mejor dicho, con el asuntito del diputado Flores ¡volviendo sardinas a los pescaditos! Ya lo veo a este señor con su varita mágica, convirtiendo toneladas de pescado en atunes, salmones, merluzas, corvinas y demás. Capo. Alguito así necesitaríamos para desarrollar esta industria con todas las de ley. Mejor, masistamente hablando, apelar a la brujería que a la realidad.

Empero, pasada la risa me acuerdo que este sujeto no despertaba tanta risa cuando se oponía a la ley “10% de recursos para la salud” que el padre Mateo viene proponiendo al país hace largos años. O sea, el tipo impedía una mejor salud para los bolivianos.

Tampoco me despertaba tanta risa este personajito culpando a Revilla y López (el alcalde y el Ministro de Salud de Jeanine) por impedir la llegada de oxígeno precisamente cuando más lo necesitábamos. ¿Qué sucedió? Las hordas criminales del MAS dejaron morir a 32 personas sin oxígeno y esta urticante autoridad floral culpaba a estas autoridades por “haber impedido el paso del oxígeno”. O sea, el tipo legitimaba el crimen contra 32 personas salvando a sus co-militantes e inculpando a otros.

¿Qué más hizo este perla? Se mandó un proyecto de ley para “declarar el libre ejercicio de la profesión médica”. ¿Y para qué servía esito? Para que lleguen nuestros hermanos cubanos con sus titulitos de tres años de medicina a hacer ¡medicina! en Bolivia. O sea, el tipo respaldaba que vengan estos mediquitos a sustituir a nuestros médicos (médicos de verdad), no pensando en la salud de los bolivianos (de la que su partido no se acordó en 14 años de gobierno), sino en hacer política barata y contentar al jefe Evo pro-cubano.

¿Más? Claro. El sardinero acusaba al “gobierno de facto” de tratar de suprimir el Poder Judicial. ¿Había algo de eso (o sea, de intento de suprimir el Poder Judicial)? La verdad que sí. El exministro Murillo se las tomó con el juez Huacuni (algo que me eximo de explicar). Sin embargo, es un innegable caso de abuso frente a muchos años (¿quizás 14?) de tener a un Presidente que se fagocitó al Poder Judicial. Hizo suyos a los jueces, los tomó y poseyó como a sus amantitos. O sea, el tipo básicamente, reclamaba que dejaran al MAS tomar al Poder Judicial, sin meterse y joder.  

Estamos pues frente a un tipo violento, cínico, de elevada amoralidad. Sin embargo, esas cualidades no son lo único que asquea. No, lo que realmente asquea es que así, precisamente así, funciona el masismo. Así es como tiene y ha tenido éxito el masismo. ¿Alguien pensaba que ha sido la ideología indianista la que aupó a Evo? No, lo aupó la ideología del victimismo: “nos han hecho”, “nos han engañado”, “nos han maltratado”. ¿Eran ciertas estas tesis? Seguro que sí, pero no eran única y suficientemente ciertas. La realidad era más amplia y variada. 

En todo caso, no es de extrañar que aparezca cualquier imbécil a decirnos con aire de caridad monástica: “no sean racistas, pobrecito el diputado Flores”. He ahí el final (¿o el comienzo?) glorioso del asunto. Al tipo lo están (¡estamos!) discriminando, la gente q’ara lo odía y el MAS y ¡Evo lo van a salvar! ¿Se entiende? Seguro que se entiende y ese es mi miedo. No la cojudez alevosa de Flores, sino el victimismo enfermizo y acrítico de los ideólogos del MAS. ¡Las madres Teresas del victimismo! ¡Los defensores de las sardinas que Flores va a exportar!

Tengamos cuidado. Incluso me atrevería a sugerir (si no supiese que Flores es un peligroso político, mentiroso y descarado) que la cosa fue intencional. Eso busca el MAS en su vacuidad propositiva (no tienen nada que proponer), e ineptitud gubernamental (ya la estamos viendo con Arce, con evidente temor): que caigamos en la trampa, nos burlemos del “humilde”, y frente a ese racismo perverso (nuestro, claro) los votantes acaben por auparlo más y MAS. 

Diego Ayo es politólogo.

 

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