Jorge Patiño Sarcinelli

¿Es verdad o es sólo noticia?

viernes, 19 de febrero de 2021 · 05:10

La verdad era ámbito propio de la religión y de la filosofía, pero hoy el periodismo es el terreno donde se descubre, defiende e inventa, y donde vive y muere la verdad. En los medios de comunicación se alimenta hoy la ilusión o se frustra la esperanza de encontrarla.

En un artículo, La difícil búsqueda de la verdad, revelador de la compleja relación de la prensa con la verdad, Jesús Ceberio, exdirector de El País, dice “Los medios de comunicación aún desempeñan un papel importante en la formación de la voluntad nacional” y “si los periodistas renunciamos a la búsqueda de la verdad como materia prima de nuestro oficio habremos sellado nuestra desaparición como especie”.

Muy bonito, pero es ingenua su creencia de que existe una sola voluntad nacional -menos que la puedan formar los medios-, de que su trabajo sea buscar “la verdad” o que si renuncian a su búsqueda, habrán sellado su desaparición. Son las heroicas ilusiones que alimentan los periodistas sobre su propio trabajo.

En una vena más mística, uno de los nuestros decía hace unos meses: “El periodista es el enemigo eterno de la corrupción y la injusticia, que tiene la sagrada misión de llegar a los lectores con noticias. No es un sacerdote, pero difunde esperanza. El periodista es un difusor de los valores de la vida”. 

Si la visión que tienen algunos periodistas de su propio trabajo está en las nubes, ¿por qué creeríamos que tienen los píes en la tierra en otras cuestiones? 

Esas lindas frases son buenas para discursos de ocasión, pero se enfrentan a una realidad menos halagüeña. No existe una sola voluntad nacional, no existen verdades únicas, ni siquiera existe un solo retrato de la realidad, y abundan ejemplos de medios que inventan realidades, tuercen la verdad y, no obstante, hacen buenos negocios; nos guste o no reconocerlo. En este mundo complejo la inocencia es pecado.

Los periodistas han pasado de comunicar hechos, que era su tarea, a creer que descubren y comparten verdades y que estas son absolutas. Creer en la existencia de una verdad que salen cada día a encontrar, refuerza el compromiso con su misión. Sin embargo, ésta se corrompe cuando se fabrican realidades paralelas, ignorando hechos que las contradicen, tergiversando lo que conviene y dando solemnidad de verdad a lo que no son más que lecturas; unas veces inteligentes, informadas y honestas, y otras no. 

Los medios no pueden darnos la visión única, completa, sucinta, imparcial y actualizada que deseamos de la realidad porque eso no existe. Una de las características de la prensa actual, sujeta a la dinámica del mercado, es mostrar tantas realidades como este demande, y esta distorsión alimenta la polarización intolerante donde florece el populismo, por mucho que resistan los medios serios. 

Saber de esas dicotomías no le sirve al ciudadano. Por esto, la suspicacia se ha instalado en su relación con la prensa. El público es dependiente de los medios para saber lo que pasa, para formar sus propias opiniones y tomar decisiones. Sin ellos, sólo se entera de los fragmentos de la actualidad que le llegan por las redes sociales y los chismes. Reducidos a estas fuentes, su visión del mundo es escuálida, como es la de muchos.

Cuantas más visiones de la realidad nos muestren los medios, mayor es la desconfianza de que exista una sola verdad, pero no podemos vivir colgados entre dos realidades incompatibles, ni renunciar a tener al menos una lectura coherente. Así que tenemos la paradójica situación de un público que quiere creer en lo que dice su medio preferido, pero no puede sacudirse la duda del todo. 

No hay democracia sana sin un proceso sano de formación de opiniones y, por tanto, no hay verdadera democracia sin una buena prensa. La necesitamos como el aire político que respiramos. Lo único que nos queda hacer es elegir bien en quién confiar y sobre todo mantener siempre un sano grado de escepticismo: las verdades no vienen sueltas. Esta es la base de la tolerancia; reconozcámoslo y no nos contemos cuentos.

 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.
 

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