Fernando Patiño Sarcinelli

La creencia ante la falta de pruebas

martes, 23 de febrero de 2021 · 05:11

 “La indignación como elemento de prueba”, respuesta de Roger Cortez a mi nota sobre la Ivermectina, hace pensar que ha quedado indignado por mis observaciones al uso y abuso de tal droga. No obstante, puedo ampliar mis afirmaciones con evidencias.

De los años que he trabajado en el hospital Johns Hopkins como investigador y en la Universidad de Massachusetts como fellow en Oncología, tengo dos lecciones tatuadas en mi práctica: 1) he aprendido a seguir estudiando (lo hago desde hace 46 años) y 2) por ética en la investigación clínica, nadie tiene derecho a experimentar con la salud ajena sin rigor científico. Gracias a esos estrictos criterios de investigación hoy se curan la mayoría de los pacientes con leucemia, por ejemplo.

La dura realidad que descubrí llegando a Bolivia fue la facilidad con que se practican tratamientos alternativos y la automedicación que defiende Cortez (El virus y el dominio, Página Siete 21.07.2020).  Si alguien tiene dolor de cabeza y decide tomar aspirina, bien. Lo que no es aceptable es que en la crisis sanitaria en que vivimos, se hagan experimentos con drogas poco conocidas.

Las prácticas alternativas niegan los métodos convencionales de investigación, por eso se autodenominan alternativas. Aplican un método de observaciones empíricas, sin grupo de control y solo reportan los casos exitosos. Sus defensores repiten insistentemente “varios”, “muchos” o “todo el mundo está tomando” (mecanismo publicitario), sin precisar datos ni mencionar quiénes ni dónde. No faltan quienes se aprovechan de ese mercado.

Cortez nos ofrece una lista nueve enlaces con publicaciones sobre la ivermectina. Aparentemente, no tuvo el cuidado de leer las conclusiones, puesto que en ninguna hace referencia a estudios clínicos aleatorios (formato típico de investigación con medicamentos) y no demuestran beneficio. En uno de los estudios de meta-análisis (análisis de múltiples estudios) citados por Cortez, se lee: “(…) los meta-análisis son propensos a producir confusiones (…). La Ivermectina debe ser validada en estudios aleatorios controlados antes de su aprobación por autoridades de regulación”. 

Cortez presenta también una nota periodística argentina como respaldo científico. En otro, se lee en el encabezado la advertencia de que se trata de un estudio preliminar que no ha sido revisado por pares y que, por lo tanto, su publicación no significa su aprobación ni respaldo.

A la fecha, la OMS tiene registrados 3.574 estudios para el tratamiento de la COVID-19. http://clinicaltrials.gov/ct2/who_table. La Ivermectina, combinada con Hidroxicloroquina, aparece solamente en un estudio iniciado en octubre 2020 en Roraima (¿quién sabe dónde queda?). Los resultados aún no han sido publicados.

Los defensores de la Ivermectina aseguran que la droga es más efectiva en la prevención que en el tratamiento. Esa teoría funciona 100% en quienes toman y no toman pero no se enferman. No hay cómo demostrar ausencia de beneficio. Una vez contagiados, los enfermos son excluidos del estudio para no perjudicar los resultados. Tampoco tienen grupo de control para comparación. No tiene lógica recomendar para prevención si no funciona para tratamiento. Así funciona la observación empírica.

Las creencias en política, religión o ciencias alternativas también tienen derecho a ser publicadas. No hay verdades absolutas, expresan la manera de pensar y cada uno cree en lo que quiere. Robert Park, en su libro Voodoo Science – De la ingenuidad al fraude científico, explica cómo funciona el ingenio de creer (believe engine) y por qué varias propuestas insólitas son atractivas, como el automóvil que funciona con agua como combustible. Así funcionan también las prácticas alternativas en la Medicina y las curas milagrosas. Hay que creer nomás.

Debo recordar que mi primer argumento contra el uso de la Ivermectina, un estudio de laboratorio fraudulento y sesgado, que lo he comentado en mi nota anterior, ha sido completamente ignorado por Cortez. Invito a los lectores a revisar ese texto.

Rodrigo Ayala, cineasta y antropólogo, ha intervenido en este debate citando el testimonio del Dr. Mérida desde Tarija, quien cree que la Ivermectina es más efectiva que el Remdesivir contra la COVID-19. Pero no hace referencia a los datos de que en Tarija hay tantos casos como en Cochabamba que tiene una población cuatro veces mayor, la mortalidad es de 1/1000 contra 1/1350 habitantes respectivamente, o sea, menor mortalidad en Cochabamba. La disponibilidad de UTI solo indica que hay mayor número de unidades para esa población. No creo que por capricho imperialista, los Estados Unidos y Europa, enredados en la burocracia de las agencias reguladoras (argumento sostenido por Ayala), hayan privado a su población del beneficio de tan exquisita droga. Hay una gran distancia entre testimonios y pruebas científicas. Ni la indignación ni la ideología o creencias sirven para ello.

 

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.

 

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