Evelyn Callapino Guarachi

El silencio de nuestras abuelas

miércoles, 24 de febrero de 2021 · 05:12

Hace unos meses tuve una conversación con María (85), me contó su experiencia que parece de otro mundo. Ella vive en el departamento de Potosí. A los 16 años su padre la entregó a un desconocido, la encerraron en una habitación con él, luego se convirtió en su esposa y tuvieron cinco hijos. Ese acto culturalmente aceptado es el “robo” o “rapto” de las mujeres, que después de ser abusadas sexualmente debían casarse y formar una familia, porque era imperdonable que no lo hagan después de perder la honra. 

El no ser “virgen” y estar fuera del matrimonio significaba definitivamente una muerte civil. Ellas tenían su valor plasmado en la pureza de su cuerpo, en la entrega, en la abnegación,  reducida a ser una “buena mujer”, lo que implicaba una constante subordinación.

Por un momento creí que esta situación había quedado en el pasado. Sin embargo, bajo ciertas tradiciones es aceptado, principalmente en zonas rurales; y, así, como las historias de María hay muchísimas. La reacción de la sociedad que juzga constantemente el comportamiento de las mujeres es un factor que tampoco ha cambiado, seguimos siendo el blanco de constantes críticas si cuestionamos los patrones. La conciencia social está constituida sobre las bases del silencio de mujeres que han vivido y viven estas experiencias. 

María, una vez casada y con hijos, se resignó a su realidad, creyendo que es normal. Ha tolerado golpes pensando que así es el amor, que lo soporta todo o que debe darles una familia a sus hijos. Soportó las violaciones constantes de su esposo, se acostumbró a ellas, porque aprendió a aceptar lo que fuera necesario para tener un valor ante la sociedad y encajar en  las estructuras definidas. 

A pesar de que ha pasado varias décadas, ella representa un pedazo de la estructura en la que estamos asentados como sociedad; ella es el rostro de los abusos y de las transgresiones que se viven al interior de los hogares; así como las críticas constantes de la sociedad ante hechos de violencia de género. 

En 2021, hasta el 16 de febrero, se registraron 4.353 casos de violencia sexual en todo el país. Lo que suma 130 casos de violaciones de niño, niña y adolescente, la mayoría en el entorno familiar. Son datos que debería alarmarnos, así como el caso de María, que es una historia similar a la que nuestras abuelas callaron.

En los últimos días, un grupo de jóvenes violaron a una  adolescente en Uyuni. Las críticas se basaron en el consumo de alcohol que hubo de por medio, lo cual es una aberración. Las autoridades no se pronunciaron con tanta indignación como cuando respondieron a las declaraciones de una cantante en relación con  la ciudad. Con ello se percibe la poca importancia que se  da a los casos de violación y feminicidio.  

Por la insuficiente atención a los casos de violencia, además de su normalización, es que evidenciamos instituciones volátiles; una sociedad indiferente que después de ser ultrajada una mujer, la cuestionan por su comportamiento, imagen o  vestimenta. 

Somos una sociedad inmadura, las soluciones a esta problemática se reducen a sanciones. Después de un vejamen, sale la Policía a dar el informe, hay cobertura de prensa, el desahogo de la sociedad en las redes sociales. Pasando unos días, las mujeres, niñas o niños se convierten en cifras. 

El obviar la estructura en la que estamos asentados es ignorar  lo que han pasado nuestras abuelas. Eso nos limita a ver la realidad de que somos resultado de esas historias.

  
Evelyn Callapino Guarachi
es politóloga, docente universitaria y fundadora de Mujer de Plata.

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