Julio E. Pizarro Hoffman

Por una vacuna ética

viernes, 26 de febrero de 2021 · 05:09

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el 12 de marzo del 2020 a la epidemia SARS COV 2 como pandemia. En Bolivia, se reportaron los dos primeros casos el 10 de marzo del mismo año. Las ciudades de Santa Cruz y Oruro dieron la noticia. Se conoció que fueron casos importados de Italia. Hasta el momento rondamos el medio millón de contagios; de fallecidos alcanzamos a diez mil personas. Esta cifra de letalidad sería producto del comportamiento de la población.

En el corto plazo, los objetivos de salud pública apuntaron a salvar vidas, reduciendo la velocidad de propagación del virus para evitar que los sistemas de salud colapsen. Para ello, se cerraron fronteras, bloquearon actividades económicas y se aplicaron medidas de aislamiento social con distintos grados de rigurosidad, como la cuarentena rígida y flexible.

Bolivia es uno de los países más vulnerables a la pandemia. La población económicamente activa alcanza el 71%, entre trabajadores informales y por cuenta propia, lo que entorpece aún más el control en las medidas de aislamiento social.

Es tan frágil el sistema de salud que la manera de evitar la propagación descontrolada de la enfermedad se produce con la restricción a las actividades económicas y el aislamiento social. Siendo el camino correcto para evitar un alto costo de vidas humanas.

Es fundamental controlar la velocidad de los contagios para evitar desbordar la facultad del sistema de salud, ya que se demostró su fragilidad de atención en los hospitales, tanto en los casos severos (14% del total de infectados) y críticos (5% del total de infectados).

Para impedir el colapso se debe continuar regulando las restricciones económicas, educando sobre la importancia del distanciamiento social y uso de barbijos, aumentando las pruebas de detección de la enfermedad y monitoreando la evolución de la velocidad del contagio. Estas acciones permitirán que el número de personas enfermas que requieran cuidados hospitalarios sería administrable por las instancias de salud.

Es difícil predecir cuándo terminará la epidemia de la Covid-19. Para que ello ocurra, se debe romper la cadena de contagio, estabilizando la propagación de la enfermedad, y eso se consigue cuando la mayoría de personas adquiere inmunidad frente al virus. En circunstancias normales la inmunización se lograría mediante la vacunación masiva de la población.

La OMS recomienda la vacunación como prevención primaria, siendo una herramienta fundamental para evitar la propagación y así disminuir los efectos perversos producidos en la salud y economía. Por lo que será favorable la vacunación masiva a la población, ya que contribuirá a reducir la incidencia de la enfermedad, la hospitalización y la mortalidad relacionada.

En todo caso, la perversa ideologización de la vacuna no es, ni nada más ni nada menos, que discriminar su altísima utilidad. La misma permitirá restablecer las condiciones mínimas de las actividades económicas, sociales y familiares, ya que podrán restablecerse a plenitud. Por lo cual, la vacunación como estrategia primaria de contención al Covid- 19 debe ser aplicada en un marco ético y de equidad, pero siempre con una base técnica sólida.

Julio E Pizarro Hoffman es médico salubrista

 

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