Javier Torres Goitia T.

¿Elecciones vitales o dictadura vitalicia?

sábado, 27 de febrero de 2021 · 05:09

Está terminando un proceso electoral convulso y prolongado, único en la historia. 16 meses atrás, Evo Morales contraviniendo la Constitución, un referéndum que le dijo “No” y la multitudinaria  opinión que aun dentro su partido reclamaba alternancia en el poder, se postuló a la re-reelección. Un grosero fraude provocó una repulsa popular tan grande que el propio Morales anuló esa elección. El pueblo enfervorizado exigió su renuncia previa. La exacerbación era tan grande que la policía, ni las Fuerzas Armadas aceptaron disparar contra indefensos manifestantes. El comandante militar le aconsejó renunciar para evitar un baño de sangre. 

Al verse perdido entró en pánico y huyó hasta México ordenando a sus muñecos renunciar también para provocar un vacío de poder y el caos. Sin embargo, por sucesión constitucional después de todas las renuncias, le tocaba asumir el mando a la senadora Añez, quien valiente e inteligentemente reorganizó los mandos militares y policiales y gobernó en las peores condiciones políticas y económicas. El cobarde fugitivo, bien protegido en tierras extranjeras retornó a la beligerancia. Provocó bloqueos (su especialidad), hizo incendiar hogares,  quemar los pumakataris y estuvo a punto de hacer volar El Alto con el estallido de los carburantes almacenados en Senkata. La serenidad y coraje de una mujer, con una canciller de lujo frenó al émulo de Polpot y Trujillo.

 El gobierno de transición, convocó oportunamente a elecciones, pero la pandemia obligó a postergarlas hasta octubre del 2020. El frágil gobierno, fue avasallado por la burocracia masista diestra en corrupciones que las atribuyó a la presidenta Añez. El caso más evidente fue el de los respiradores protagonizado por el asesor jurídico del Ministerio de Salud, masista que en consulta con la exministra Montaño y el propio Evo armó  un sabotaje y desprestigió a las autoridades inexpertas.

Poco a poco, el MAS levantó cabeza y cuando llegó a seducir a un tercio de la población, combinó intrigas, amenazas y demagogia en su campaña. Privó de medicamentos y de oxígeno a desesperados enfermos para mostrar su fuerza. Amenazó con guerrillas por un lado y por otra ofreció el oro y el moro para convencer a los indecisos, mientras líderes antimasistas con una desastrosa desavenencia en la víspera del acto electoral, decepcionaron al electorado y regalaron votos a los azules.

Arce Catacora, el ganador, no siendo pedófilo ni vengativo, con esposa y familia regular, convocaba a la unidad, el Vicepresidente con un discurso indigenista solidario y humanista despertaba simpatías. Ambos mandatarios hicieron soñar al pueblo con superar  la pobreza, crear fuentes de empleo digno, un desarrollo inclusivo con justicia, salud y educación para todos. Pero volvió Evo y otra vez se arrodillaron,  le cedieron poder y volvió a gobernar con sus marionetas desde la sombra, con mayor irresponsabilidad que antes y libre de toda culpa.

Vuelve el abuso y la prepotencia, Arce y sus parlamentarios, aprueban la Ley de Emergencia sanitaria que recuerda al código penal derogado antes por ser totalitario y facilita la contratación de médicos extranjeros esclavos sin título, Devuelve al FMI un  crédito concesionariocon1% de interés gastando además 24,3 millones en comisiones  burocráticas mientras el pueblo no ligado al narcotráfico no tiene vacunas, ni fuentes de empleo y está a punto de comerse sus fondos de jubilación.

 Aprueba la demagógica ley de impuesto a la riqueza que no llega a sumar  ni el 1% del PIB y hace huir las inversiones. Con increíble irreverencia sustituye los símbolos patrios por un  adefesio peor al reloj del parlamento que empezó a correr para atrás. Cien primeros días de gobierno que, sin “obedecer al pueblo” sepultan la esperanza, reavivan el racismo, el totalitarismo y el culto al dictador. 

Han aprobado una ley de indulto por la que los delincuentes pasan a ser angelitos mientras ellos mismos siguen condenando por genocidas a varios ministros llamados “neoliberales” entre ellos a quien creó el SUMI que redujo la Mortalidad Materna en más  del 45% 

El próximo “Domingo 7”, el voto es vital, la dictadura puede decir “en la tercera es la vencida” o reconocer que tiene al frente un pueblo libre, soberano y valiente que sabe defender la libertad, la justicia, sus fuentes de empleo, superar la pobreza y sentirse orgulloso de ser boliviano.


Javier Torres Goitia T. fue ministro de Salud.

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