Sonia Montaño Virreira

Eva no es Evo

domingo, 28 de febrero de 2021 · 05:10

La única candidata a la alcaldía que podría irse a descansar para ver  pasar el cadáver del MAS luego de las elecciones subnacionales es Eva Copa. A sus 34 años ya tiene en su historia el haber viabilizado la transición democrática junto a Janine Añez, una vez que consumado el fraude, Evo Morales y su entorno huyeran para eludir sus responsabilidades. Por eso, Eva  les dijo “zamba canuta” a quienes la acusan de derechista por haber hecho posible las elecciones en las que ganaron Arce Catacora y David Choquehuanca, delfines  de Evo Morales que han tenido que sentirse aludidos cuando la candidata les recordó que ella no se ocultó y dio la cara por su pueblo. 

El Alto, con casi un millón de habitantes vive -como dice el investigador  José Tejeiro- en “rebelión permanente” y es un lugar  donde las mujeres juegan  un papel sobresaliente como líderes individuales y parte de luchas  colectivas que dieron lugar a un partido populista de izquierda hoy en crisis, aunque lejos de desaparecer. 

La victoria de Copa en El Alto con más de 80% de intención de voto a una semana de las elecciones es un golpe duro  al MAS, que creyó que sin Evo no había nada, olvidándose que -como dice el estribillo de sus seguidoras de  campaña- #TodasSomosEva y estamos ante un hecho notable de autonomía política de una líder que ha provocado una adhesión inesperada. 

Copa también ha debido provocar la desaparición de Evo, quien además de estar agobiado por su falta de plata, no ha dicho ni pío después de que su bastión político le dio la espalda. A mí eso es lo que más me gusta.

Copa sucederá a Soledad Chapetón, primera alcaldesa de esa ciudad; otra joven política hija de migrantes rurales, educada gracias al esfuerzo familiar,  vilmente atacada por el MAS durante su gestión, y quien comparte con Copa una historia de vida que da cuenta de los cambios sucedidos en la sociedad boliviana que Morales intuyó, y su entorno desbarató, entregando el poder a quienes convirtieron al MAS en una  caja de reproducción de los peores vicios del populismo: autoritarismo, corrupción y  -a decir de Copa- un “pasanaku” para llegar al poder público.

La futura Alcaldesa de El Alto, de hablar firme y tranquilo, ha expuesto un plan de trabajo donde se nota su impronta juvenil y un sentido pragmático, donde destaca la necesidad de empleo para los jóvenes, el acceso a la tecnología, una   voluntad por fortalecer tradiciones  y un deseo de  ver mujeres de pollera, como su madre, en puestos de liderazgo.

Copa es una expresión de modernidad y renovación con jóvenes que adoptan un nuevo look sin renegar de sus tradiciones. #TodasSomosEva son grupos de chicas que bailan y ríen, seguras de lograr una representación. Será una como ellas, a quien le reconocen que es valiente y la mejor entre todos los aspirantes.

Es una mujer joven con experiencia política, capacidad de negociación a la que Morales y sus  “corchos” -como ella los llama- la presionan visiblemente para obligarla a renegar de lo que hizo y dijo, tratando de que se sume a la versión “made for export” del golpe de Estado. Por eso, el carajazo que les dio en su proclamación la muestra con una capacidad de autonomía que la democracia agradece. 

Copa, como otras mujeres que incursionan en la política, no parece haber tenido alianzas constructivas con otras mujeres, tampoco se ha expuesto a corrientes de pensamiento que visibilizan la desigualdad y su propio éxito puede hacerle  olvidar que el gesto de autonomía que la transformará en Alcaldesa puede ser el objetivo contra el cual tenga que enfrentarse. Copa ha mostrado capacidad para sortear las presiones del  masismo, a la vez que ha dado la  talla en uno de los momentos más difíciles de la democracia boliviana. Sin embargo, ella también ha sido parte de la mitad de legisladores adictos al rodillo parlamentario y tiene mucho camino  por recorrer para sortear los obstáculos del populismo siempre  tentado de violar las leyes con sus mayorías circunstanciales. 

Que Eva no sea Evo dependerá de su capacidad de hacer de la autonomía una conducta permanente, ya que ella tiene el pecado original de ser  masista. Bebió de sus aguas contaminadas, lo  que paradójicamente parece haber despertado su deseo de participar sin ser rebaño. Que las diosas no la abandonen.

 

Sonia Montaño Virreira es socióloga y feminista.

 

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