Lupe Andrade Salmón

No perdamos al 2021

miércoles, 3 de febrero de 2021 · 05:11

Ya hemos perdido un año.  El 2020 resultó incompleto, tortuoso, pálido y sin sentimientos.  Un año sin fiestas ni ruidosas lamentaciones.  Un año sin risas ni lágrimas libremente vertidas.  Un año de barbijos y máscaras, de infecciones y desinfecciones permanentes.  Un año de encierros parciales, soledades solitarias o compartidas, de muchas, muchas vidas truncadas, incluyendo jóvenes.

Hoy, habiendo pasado un mes del 2021, nos enfrentamos a perder un año más de nuestras vidas personales y de la vida de la nación.  Estamos semiparalizados, tratando de encontrar un camino de recuperación, o por lo menos de sobrevivencia, amenazados por problemas económicos, luchas sociales y políticas, junto a la crisis pandémica que ha ensombrecido nuestro diario vivir.   

Salvemos este año.  Podemos hacerlo, aunque estemos en soledad parcial y limitada.  No nos vemos, ni entre amigos.  Las llamadas telefónicas suenan huecas y poco satisfactorias.  El contacto, los abrazos o besos, se limitan a muy, pero muy pocas personas.  Los deportes están casi prohibidos.  Fútbol, fulbito, básquet, voleibol se fueron donde el viento se los llevó.  Y si desafiamos las reglas e insistimos en llevar una vida como la de antes, nos arriesgamos a contraer Covid o, peor todavía, a pasárselo a otros.  Es vitalmente importante obedecer las reglas, desinfectar todo, mantener distancias, dejar de estrechar manos ajenas.  

Pero, aún así, es hora de encontrar otro camino.  No debemos conformarnos con esa pobreza de vida y alma.  Dentro de toda esta disciplina esencial, hagamos, cada uno, una revolución personal interna para resistir el aplanamiento del alma.  De estos dos años (porque hasta que nos llegue la vacuna, así será), algo positivo debemos y podremos sembrar y cosechar. 

No dejemos que este virus maldito vacíe nuestras vidas.  Las personas a quienes amamos y queremos proteger, deben saberlo por medio de nuestras propias palabras.  ¿Por qué no decir lo que se siente,  por qué no reconocer y agradecer el valor de la amistad,  la fuerza de la familia, la riqueza de la creatividad, la bendición del trabajo?

Han habido otras épocas duras.  Tiempos de guerra, tiempos de otros flagelos.  Debemos ser disciplinados para sobrevivir, pero de forma proactiva, llenando nuestra alma de fuerza viviente.  Y además de protegernos, también podemos negarnos a perder el alma.  Podemos luchar por nuestro tiempo, por la sobrevivencia de la comunión de amigos, del amor, los desafíos del trabajo y la capacidad de crear algo positivo.  No podemos, no debemos rendirnos al Covid.  Hay que tomar todas las precauciones, por supuesto, todas,  desde barbijo doble a la permanente desinfección, pero no debemos neutralizar el espíritu o el corazón.  Todavía podemos decir lo que sentimos, aunque sea a distancia.  Se puede decir “me haces falta”, o lo que se sienta, por mensaje, voz, carta o imagen. 

No será lo mismo que hacerlo en persona, piel a piel.  No.  Pero si mantenemos la amistad, la familia y el amor vivos y latiendo al ritmo de nuestros corazones, habremos ganado por lo menos media batalla.  No podemos esterilizar y desinfectar nuestras ideas, emociones y vivencias junto con manos, zapatos y máscaras.

El 2021 debe convertirse en un desafío a lo impuesto por el virus.  La medicina y la profilaxis nos obligan a ciertas conductas, sí.  Hay que obedecer.  Pero hay alternativas a nuestro alcance.  Si logramos mostrar cariño, simpatía o amor mediante palabras y no contactos, será una forma de sobrevivencia emocional que no se podrá negar ni descartar.  Teniendo cerebros activos, podremos crear, hablar, escribir, discutir, asentir y convencer.  No estamos totalmente indefensos.  

Pese a las precauciones necesarias, podemos cultivar jardines verdaderos o imaginarios; podemos y debemos ensanchar las fronteras de nuestra imaginación y de nuestros corazones.  Debemos devolver color y calor a nuestras vidas.  Hoy, mediante estas palabras, convoco a mis amigos lectores y a sus propios amigos, a crear mecanismos de cautelosa rebelión, cuidando al mismo tiempo la salud del cuerpo y la paz del alma.  Llame usted hoy a una persona a quien no ha visto en mucho tiempo, escriba un mensaje a una amiga querida que está alejada, aunque viva cerca.  

El Covid nos aleja y nos separa.  Nuestra imaginación y creatividad deben encontrar el camino para unirnos sin acercarnos.  Este año no debemos perder el alma, ni la amistad y menos, el amor.  Vivamos la vida pese a toda su dificultad. Estrechemos más bien los lazos de memoria y cariño para acariciar el alma de otros, ya que no podemos acariciar su piel.   Será un comienzo y un despertar.

  
Lupe Andrade Salmón es periodista.
 

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